El soporte, láminas de marfil

 

María Gabriela de Palafox y Portocarrero, marquesa de Lazán. José Alonso del Rivero. Hacia 1805

Las tablillas de marfil se preparaban cortando el colmillo longitudinalmente, por lo que el ancho máximo lo determinaba el diámetro del mismo; la pieza de marfil más grande de la colección del Prado es el Retrato de la infanta Luisa Carlota pintado por Luis de la Cruz y Ríos (O-669), de 12,5 cm de ancho. En obras de gran tamaño a veces se aprovechaba tanto el marfil que se llegaba a utilizar las capas más externas del colmillo; es una zona más rugosa y amarillenta que se aprecia en los extremos de algunas miniaturas. fig. 1

Las láminas son extremadamente delgadas, en torno a 0,4-0,5 mm; sin embargo, en obras de menor calidad pueden alcanzar más de 1 mm de grosor. La utilización de esas tablillas tan finas no se debe tanto a la carestía del material, sino a que el tono traslúcido y blanquecino del marfil se empleaba para las carnaciones. El tono marfil se utilizaba como base, y a veces se colocaba una lámina de pan de plata, de cobre plateado o de un metal dorado por detrás de la miniatura porque su reflejo ilumina la carnación desde el interior y aumenta la profundidad de las sombras fig. 10. Habitualmente, esa lámina metálica sólo abarca la zona de las carnaciones, aunque se han encontrado piezas en las que abarca toda la miniatura. En otros casos se utilizaba lo que se llamaba “tiza roja”, un cartón rojo que “calentaba” las carnaciones y daba un tono vivo y saludable al personaje. Cuando estas obras pierden las láminas o estas se deterioran, el retrato pierde luz y el aspecto del personaje se torna mortecino, sin vida. En el Retrato de la marquesa de Lazán (O-701), José Alonso del Rivero además de utilizar pan de plata pintó por detrás del marfil para intensificar la oscuridad del fondo. fig. 2

La trasera de la miniatura suele llevar, como protección, un papel sujeto por unos puntos de adhesivo, y en muchos casos sobre este último hay una vitela. En otros, la lámina de marfil se pega sobre un cartón grueso y rígido que aporta estabilidad para su manejo, además de facilitar su colocación en el marco; es el sistema que se empleó en el Retrato de la infanta Luisa Carlota, de Cruz y Ríos (O-669). En estos casos la estabilidad de la miniatura es buena cuando toda la lámina está uniformemente pegada al cartón; desgraciadamente, en algunos casos, y sobre todo en intervenciones posteriores, se optó por pegar únicamente un lateral, lo que ha producido una deformación del marfil en torno al adhesivo.

 
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