Trabajos de limpieza

 

El 2 de mayo de 1808 en Madrid, antes de su restauración

El 3 de mayo de 1808 en Madrid: los fusilamientos en la montaña del Príncipe PíoF, antes de su restauración

El 3 de mayo de 1808 en Madrid: los fusilamientos en la montaña del Príncipe PíoF, antes de su restaurción

En el año 2000, el Museo del Prado planteó la conveniencia de restaurar el Dos y Tres de mayo y por ese motivo se organizó un simposio internacional en el mismo Museo, al que asistieron historiadores especializados en la obra de Goya y prestigiosos restauradores.

Los cuadros tenían un barniz aplicado en la última restauración, la de 1941, que por el paso del tiempo y la inevitable oxidación había perdido su transparencia para convertirse en un velo amarillo que alteraba la visión de los colores originales. Se debe realizar una restauración en una pintura, cuando peligra su existencia física o cuando su colorido, matices y recursos técnicos, están ocultos o alterados por suciedad acumulada sobre la obra original. Este era el caso del Dos y Tres de mayo, por lo que a fines de los años 90 se comenzó a pensar en su limpieza.

Eliminar la suciedad y el barniz amarillento supone para la pintura un proceso similar al afinado de un instrumento musical, facilitando la comunicación entre autor y espectador.

Se han rebajado ahora, en las dos obras, los barnices amarillentos con un proceso de limpieza que ha permitido recuperar la profundidad y transparencia del color original. Asimismo, se pueden apreciar detalles técnicos y pinceladas que permanecían ocultas por los antiguos barnices. Los cuadros fueron pintados como una pareja, por lo que ahora, al mostrarse limpios, se pueden entender mejor las relaciones existentes entre ellos. Los colores actúan nuevamente con su intensidad y profundidad, las figuras se sitúan en sus posiciones adecuadas y, sobre todo, la luz se percibe con toda su importancia y en todos sus matices.

Excepto los daños causados por el accidente en la Guerra Civil, la conservación actual de los cuadros se puede calificar de excepcional, haciéndose visible esta magnífica conservación de la materia, al aproximarnos a ellos y apreciar la calidad y variedad de tonos en cualquier pequeño fragmento de pintura que elijamos al azar. Si, además, valoramos el tamaño físico de los lienzos y el hecho de que son una pareja, podemos entender la excepcionalidad de estas obras.

Al decidir intervenir sobre cuadros de tan gran interés, se entendió de manera unánime por parte del Museo, que las tintas llamadas “neutras” no podían considerarse como tales, ya que interferían decisivamente y de diversas formas en la lectura del Dos de mayo. La superficie de pintura original perdida, cubierta por el tono rojizo de la restauración de 1941, desplazaba la vista desde los colores calientes originales (pantalones rojos de los mamelucos) hacia la parte izquierda de la composición. Al mismo tiempo, la vista se perdía en el fragmento de pintura roja que ocupaba el lugar ocupado por el sable curvo, pintado allí por Goya con el fin de cerrar en esa esquina la composición y devolver la mirada hacia el centro de la obra.

 
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