Estudio técnico

 

Fig.19

Fig.20

Fig.21

En un primer examen con luz ultravioleta (fig. 19) se detectó que la superficie mostraba una gruesa capa de barniz y grandes zonas repintadas que daban una imagen ennegrecida y opaca. Este dato se vio enseguida corroborado por los estudios realizados en el Gabinete de Documentación Técnica y el Laboratorio de Análisis del Museo del Prado . Como ya se ha indicado al analizar la técnica, tanto la reflectografía infrarroja como la radiografía (figs. 20 y 21) confirmaron la existencia de un gran repinte en la zona izquierda de la tabla y desvelaron la presencia de una santa con nimbo, palma y un cordero a sus pies, que la identifica como santa Inés, y un donante que porta una filacteria. La existencia de una pintura subyacente se podía detectar a simple vista en algunos puntos donde se habían producido pérdidas de la capa pictórica; e incluso, en una zona donde el repinte era un poco más ligero, se transparentaban las letras de la filacteria y se adivinaba junto a ella un pliegue del atuendo del donante.

Ese denso repinte cubría un plano en diagonal que abarcaba las dos montañas que enmarcan a Cristo hasta el pie de la tabla y dejaba libre la montaña con los apóstoles y el cielo. El repinte era especialmente visible en los espacios entre los árboles del centro de la composición, haciendo sus ramas tupidas y pesadas. La obra presentaba además otros problemas de conservación, como algunos desgastes y pérdidas pictóricas ya mencionados en el apartado de la técnica.

Una vez analizados exhaustivamente los problemas del cuadro con la ayuda de todos los medios técnicos del Museo, se inició una restauración que buscaba devolver a la obra su imagen original, eliminar el desequilibrio producido por el repinte entre las dos zonas en las que prácticamente quedaba dividida, recuperar la iconografía original, así como su calidad pictórica y su unidad estética.

Gracias a la buena fabricación del soporte, a la extraordinaria calidad del roble y al grosor adecuado para las dimensiones del cuadro, la conservación de la estructura era buena y por tanto no ha requerido tratamiento alguno.

Los estudios técnicos habían aportado datos fundamentales sobre la pintura subyacente, como la ya mencionada existencia de las figuras bajo el repinte, pero no desvelaban nada acerca de su estado real de conservación. La radiografía y la reflectografía infrarroja avalaban la calidad de su diseño, y las micromuestras estratigráficas –pocas y aisladas– certificaban que la pintura subyacente tenía cierto grosor, pero, no obstante, podían darse tres posibilidades: que la pintura subyacente se encontrase en muy mal estado y que precisamente por ello se hubiese cubierto; que durante ese proceso la superficie hubiese sido erosionada intencionadamente para conseguir una mayor adherencia de la pintura posterior, y, por último, que se tratase de un simple cambio de composición, de un arrepentimiento del autor y, en ese caso, las figuras no tendrían un tratamiento pictórico final.

Conocedores de esta situación, y con el apoyo constante de estudios técnicos, se decidió abordar la eliminación de ese repinte, teniendo presente desde el inicio de la limpieza que solo un cuidadoso análisis visual, es decir, que solo la atenta observación de la diferencia física entre los materiales de la capa inferior y los del repinte, nos marcaría los límites del tratamiento.

 
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