La obra antes de la restauración

 

Obra antes de la restauración

Engatillado realizado en la intervención de 1879

Clavos del engatillado que con el paso del tiempo se oxidaron y dilataron, afectando a la pintura

Daños en la tabla y en la pintura provocados por ataques de xilófagos

Para comprender el preocupante estado de conservación que presentaba la tabla de La Purificación de la Virgen antes de su ingreso en los talleres de restauración del Museo, hay que hacer referencia a algunos de los avatares sufridos por la tabla a lo largo de su historia, fundamentalmente el traslado del Retablo del que forma parte y la restauración del mismo efectuada en los años 1558/1560 y la posterior restauración llevada a cabo entre 1879 y 1780, además de otros condicionantes que han contribuido a su deterioro.

Problemas derivados de intervenciones anteriores

Los procedimientos empleados en la primera de las intervenciones citadas (1558/1560), con la tabla fracturada en tres partes a causa de su traslado de ubicación dentro de la Catedral, no hicieron sino agravar los problemas del soporte y, por tanto, los de la superficie pictórica. Debido al desconocimiento de los criterios de restauración actuales, las grietas fueron reparadas mediante la aplicación de estopa y estucos, se repintaron las faltas y parte de la pintura original y se retiraron los travesaños de refuerzo del soporte sustituyéndose por chapas metálicas que impedían la necesaria contracción y dilatación de la madera. Por su parte, la restauración de 1879-1780 tampoco favoreció la conservación de la obra, ya que el soporte fue rebajado hasta los 4 centímetros de ancho que presenta en la actualidad y cepillado para colocarle un embarrotado que ha acabado por ocasionar numerosas e importantes fracturas en la madera y desprendimientos en la pintura.

Desafortunadamente, las demás actuaciones realizadas sobre La Purificación de la Virgen a lo largo del tiempo tampoco eliminaron los problemas que ya presentaba la tabla sino que añadieron otros nuevos, como la superposición de estucos –ahora muy endurecidos- introducidos por medio de presión y calor (lo que produjo deformaciones) o los repintes al óleo entremezclados con barnices coloreados y los “goterones” de barniz o pintura que han decolorado la zona afectada.

Problemas derivados de las condiciones del emplazamiento habitual

A estos problemas hay que sumar los propios originados por el lugar habitual de emplazamiento de la obra, la Catedral de Sevilla, dónde los cambios de temperatura y humedad han sido continuos provocando importantes ataques de xilófagos, añadiéndose un problema de alta contaminación ambiental (polvo, telas de arañas, humo de velas) y el acceso de palomas y, sobre todo, murciélagos, cuyos excrementos son extremadamente corrosivos para la pintura.

Dificultades derivadas de la técnica de trabajo del artista

Por último, la propia técnica de trabajo de Pedro de Campaña ha dificultado la buena conservación de su obra. La gruesa capa de preparación –aglutinante (cola) y carga (yeso)- no estuvo nunca perfectamente cohesionada, perdiendo poco a poco sus propiedades adherentes, lo que ha ido produciendo levantamientos y pérdidas de color. A su vez, la técnica pictórica, a base de finísimas capas de pintura, veladuras que dejan transparentar el dibujo subyacente, han convertido la restauración en un delicado y preciso proceso de limpieza.

 
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