Entre la revolución de 1848 que transformó el mapa del poder europeo y el fin de siglo, dos fuerzas paralelas comienzan el asalto real a la tecnificación del mundo. Por una parte la técnica propiamente dicha, la cual irá arrinconando a la ciencia hasta sustituirla por completo; por otra parte, las artes, las encargadas de “explicar” el nuevo mundo. Este seminario quiere recorrer el proceso de la tekné platónica en sus dos caras, la técnica y la artística, durante el proceso de creación de un mundo nuevo en los últimos cincuenta años del siglo XIX.

Aunque para nosotros hay una distancia insalvable entre el mundo técnico y el artístico, en realidad ambas actividades son una y la misma. Es importante conocer cómo se ha ido construyendo esa diferencia porque con ella aparece la figura del artista en tanto que “intelectual”. Entre otros temas se tratarán el concepto de tekné en Grecia y su evolución; las ars romanas hasta su separación en el siglo XVIII; el concepto de “bellas artes” y su plasmación hegeliana.

Tras la revolución burguesa es inevitable la construcción de un mundo enteramente nuevo. La ingeniería remodelará el mundo, las artes lo explicarán, sea afirmativa o negativamente. El modelo del ingeniero titánico y el modelo del artista genial son una misma figura y se profundizará en dos casos, el primer impresionista, Pierre-Auguste Renoir y el ingeniero inglés, Isambard Kingdom Brunel.

La obsesión por escribir una historia “racional” del arte ha concedido una importancia desmesurada a las vanguardias, arrinconando una multitud de formaciones y prácticas de considerable entidad como los Prerrafaelitas ingleses, el Realismo francés (Courbet y Millet), los Macchiaioli italianos, el Neo-impresionismo y el Simbolismo. Finalmente, si los impresionistas son todavía el lado antiguo de la transformación, Manet pertenece ya a las vanguardias junto con Cézanne.

La difusión de la ciencia, convertida en espectáculo de masas, se acompaña con una extensión popular de las artes ocultas y el espiritismo. La técnica confundida con la ciencia se convierte en un “tema de nuestro tiempo” doblemente supersticioso, y en los primeros vanguardistas, Mondrian, Malevitch y Kandinsky, se mezclan misticismo e irracionalidad. Nietzsche representa el movimiento contrario: el arte como salvación, un intento desesperado para devolver al arte su función trágica y la única posibilidad de sobrevivir al nihilismo. El siglo XIX acaba en 1914 y el siglo XX dará una respuesta, la de los totalitarismos.

 
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