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Animales confinados

Mayte

Confinar a alguien para salvar su vida ¿tiene sentido? Si pensamos en los animales, lo primero que se nos viene a la cabeza a muchos es el arca de Noé, gracias al cual una pareja de cada especie se salvó de una catástrofe y por tanto de su extinción. Quizá ahora que todos hemos tenido la experiencia de no poder salir de un lugar cerrado durante varias semanas podríamos reflexionar sobre el significado que vivir toda la vida confinados tiene para los animales. Vamos a pasear por las salas del Museo del Prado y revisar los distintos significados que esa vida ligada al ser humano tiene para los otros animales.

Así que empezamos justo ahí, en el arca de Noé, de Bossano (1). ¿Sabéis lo que hizo Noé con “los animales y aves de toda especie pura” al salir del arca? Los ofreció en holocausto sobre el altar. Génesis, 8, 20.

Los dos animales que con más frecuencia encontramos bajo techo en las paredes Museo del Prado son la mula y el buey, como parte de la adoración de los pastores, o de los Reyes Magos, o simplemente ahí, junto a un niño, cuya madre se ha refugiado (¿confinado?) en una cueva para dar a luz y salvarse (2).

También vemos a animales que ayudan a humanos confinados, como el cuervo que cada día llevaba  un panecillo a San Pablo, primer ermitaño, confinado en cierta forma al estar alejado de todo el mundo, en total soledad  (3).

A veces el animal parece que pasa por allí, y se detiene un rato, como en la Sagrada Familia del pajarito. ¿Sabe ese animal que quizá, por haber confiado en los humanos, va a ser metido en una jaula de la que no podrá escapar más? (4).  

Pero no todos los animales que parecen cautivos lo están. Sabemos que a veces el animal que está junto a un ser humano en un cuadro simplemente seguramente no está ahí, sólo nos está informando de algo, como el cerdo que nos ayuda a saber que ese es San Antonio Abad (5).

A veces los animales están cautivos para engañar a otros que no lo están, y que puedan caer así en la trampa que les tiende el ser humano, como en el cuadro de la caza con reclamo (6).

Las aves quizá sean los animales que más tiempo llevan sufriendo la pasión (¿perversión?) de los humanos por aprisionar a los animales por el placer de hacerlo.  Al ver a este loro, sacado de su jaula por unos momentos para posar en el cuadro, no puedo por menos que recordar esa frase de Deval “Dios amó a los pájaros y creo los árboles. El hombre amó a los pájaros e invento las jaulas” (7).

No porque no entendamos que hace ahí un animal, en un cuadro, un mono en este caso, la imagen nos resulta menos inquietante (8).

A veces se nos olvida que hasta hace poco los animales no estaban encerrados porque no podría suministrárseles comida, y había que ir con ellos a buscarla, como estos 9 cerdos pastoreados en una ciudad (9).

Claro que hay animales, como una tortuga, que parecen vivir un doble confinamiento, dentro de una casa y dentro de su caparazón (10).

Pensamos que los animales quieren vivir libres, pero quizá estén dispuestos a sacrificar esa libertad para disfrutar de algo que sólo los humanos pueden proporcionarles, como es la música. ¡Que se lo digan a Orfeo! (11).

Y para acabar un grupo de murciélagos, en honor al Covid-19, que parece salió de uno de estos mamíferos. El sueño de la razón produce monstruos, nos dice este cuadro de Goya. El afán humano por expoliar a la naturaleza produce pandemias (12).


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