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Itinerario

2 y 3 de mayo de 1808

¿Qué día es hoy?

El 2 de mayo de 1808 el pueblo de Madrid se levantó en armas contra las tropas francesas que el emperador Napoleón Bonaparte había enviado para ocupar la Península Ibérica; daba así inicio la Guerra de la Independencia Española, que se prolongaría hasta comienzos de 1814.

Desde 1983 esa fecha del calendario es oficialmente el “Día de la Comunidad de Madrid”, en el que se realizan diversos actos oficiales y populares para recordar esa efeméride.

El Museo del Prado quiere unirse a esa celebración y -a través de la iniciativa #PradoContigo- compartir con sus visitantes virtuales una serie de destacadas obras de sus colecciones que recogen diversos episodios que tuvieron lugar ese día en las calles de Madrid.

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2 y 3 de mayo de 1808

El punto de partida. Provocan los franceses la ira del pueblo

El punto de partida. <em>Provocan los franceses la ira del pueblo</em>
 Tomás López Enguídanos: Provocan los franceses la ira del pueblo. Aguafuerte y buril sobre papel verjurado. 1813. BNE. En el Museo del Prado [G-5930] 

Lunes, 2 de mayo de 1808. Napoleón Bonaparte ha ordenado a sus tropas que trasladen a Bayona a los últimos miembros de la familia real que quedaban en Madrid, la infanta María Luisa de Borbón, reina de Etruria, y el infante Francisco de Paula de Borbón, que sube al último carruaje que sale del Palacio Real.

Frente al Palacio Real se congrega un grupo de indignados madrileños que se oponen a ese traslado y empiezan a insultar a los soldados franceses, que abren fuego contra ellos y provocan los primeros muertos.

La reacción del pueblo. La lucha con los mamelucos

La reacción del pueblo. <em>La lucha con los mamelucos</em>
Francisco de Goya: El 2 de mayo de 1808 en Madrid o “La lucha con los mamelucos. Óleo sobre lienzo. 1814. [P-748]

La noticia de ese primer enfrentamiento entre españoles y franceses corre como la pólvora por toda la villa. Al grito de “mueran los franceses” se suceden los ataques a las tropas francesas por parte de heterogéneos grupos de patriotas de muy diversa condición y procedencia. Uno de los principales encontronazos se produce en la Puerta del Sol, donde numerosos madrileños se ven acorralados por las tropas francesas a pie que vienen del Palacio Real y la caballería que llega por la carrera de San Jerónimo desde su acuartelamiento en la zona del Retiro: mamelucos de la Guardia Imperial, dragones de la Emperatriz y la caballería ligera polaca. Aprovechando la baja alzada de los caballos árabes que montan, el pueblo se lanza contra los jinetes y los acuchilla. Violencia, sangre, ira, muerte, destrucción…

A finales de febrero de 1814, antes del retorno a España del rey Fernando VII, Goya escribió una carta al Consejo de Regencia, presidido por el cardenal don Luis María de Borbón, manifestando “sus ardientes deseos de perpetuar por medio del pincel las más notables y heroicas acciones o escenas de nuestra gloriosa insurrección contra el tirano de Europa”. Ese es el origen de este cuadro y su compañero, El 3 de mayo en Madrid, que el pintor ejecutaría entre abril y noviembre de 1814. Sabe, por tanto, cómo ha terminado la guerra y lo que quiere contar. No le interesa el rigor topográfico, sino la sensación de frenesí, de furia desatada, de confusión, donde no hay -al parecer- ni buenos ni malos. Tampoco héroes individuales; es una lucha colectiva.

La defensa del Cuartel de Monteleón

La defensa del Cuartel de Monteleón
Joaquín Sorolla: Dos de mayo. Óleo sobre lienzo. 1884 [P-6740]

La revuelta se extiende por todo Madrid. El alto mando ordena a las tropas que permanezcan acuarteladas a la espera de nuevas órdenes. Algunos militares deciden desobedecer esas órdenes y enfrentarse a los franceses. Entre ellos, el comandante de artillería Luis Daoíz, que estaba al mando del Parque de Artillería de Monteleón, y su amigo y compañero el capitán Pedro Velarde, un alto cargo del Estado Mayor del Cuerpo de Artillería. Tras desarmar a la pequeña guarnición francesa que había allí, entregaron armas a la población civil que se acercó hasta allí para apoyarles y sacaron a las puertas del cuartel varios cañones para repeler el previsible ataque de los franceses para intentar retomar el control del lugar.

Fue una lucha desigual. Superiores en efectivos y armas, las tropas francesas consiguieron una rápida victoria, en apenas tres horas, aunque sufrieron un importante número de bajas.

En 1884, con apenas veintiún años, Joaquín Sorolla obtuvo una medalla de segunda clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes de ese año con un monumental lienzo -400 x 580 cm- que reflejaba la heroica defensa del Parque de Monteleón por parte de un reducido grupo de soldados y patriotas españoles. Pintado en las inmediaciones de la plaza de toros de Valencia, con el empleo de pólvora y cohetes consiguió el efecto casi real del fuego de artillería que rodea la escena. 

En la colecciones del Prado se conserva un grabado de Alejandro Blanco y Assensio con la misma temática.

Una muerte gloriosa. Daoíz y Velarde

Una muerte gloriosa.<em> Daoíz y Velarde </em>
Antonio Solá: Daoíz y Velarde. Mármol. 1830 [E-946]

Durante su defensa del Parque de Artillería de Monteleón, el capitán Velarde recibió un disparo a quemarropa en el pecho que acabó con su vida allí mismo. No tuvo más suerte su amigo el comandante Daoíz; atravesado por varias bayonetas, fue trasladado muy grave a un hospital, donde murió pocas horas después. Ambos amigos fueron enterrados juntos.

Esa amistad y unión hasta el final queda reflejada en la estatua que Antonio Solá hizo en yeso en 1822 y pasó a mármol de Carrara en 1830 gracias a la aportación económica del Cuerpo de Artillería, al que pertenecían ambos militares. Empuñando sus respectivas espadas y situados delante de un cañón unen sus manos en señal de compromiso y fidelidad.

Es una pieza que ha sufrido numerosos movimientos por todo Madrid: interior del Museo, Parterre del Retiro, calle Carranza -antiguamente Altos de Monteleón- esquina con la calle Ruiz, fachada principal del Museo, plaza de la Moncloa y, desde 1932, plaza del dos de mayo, junto al Arco de Monteleón, único resto del antiguo Parque de Artillería, destruido por un incendio en 1723.

La lucha en las calles. Manuela Malasaña

La lucha en las calles. <em>Manuela Malasaña</em>
Eugenio Álvarez Dumont: Malasaña y su hija se baten contra los franceses en una de las calles que bajan del parque a la de San Bernardo. Dos de mayo de 1808. Óleo sobre lienzo. 1887 [P-6796]

Por las calles de Madrid se suceden las escaramuzas contra los franceses, que ven cómo los madrileños y madrileñas se enfrentan a ellos con tesón y voluntad, aunque con escasos recursos. Muchos hombres y mujeres, la mayoría héroes anónimos, cayeron en esas refriegas, pero algunos han pasado a la historia, como Clara del Rey, que murió junto a su marido y uno de sus hijos defendiendo el Parque de Artillería de Monteleón. También la joven Manuela Malasaña, de apenas diecisiete años, asesinada en la esquina de la actual calle Daoíz con San Bernardo, frente a la iglesia de Montserrat, cuando ayudaba a su padre suministrándole los cartuchos de fusil para disparar desde el balcón de su casa a las tropas francesas, o bien -según otras versiones- por haber sido sorprendida con un arma, que no era otra cosa que las tijeras que usaba en su trabajo de bordadora.

Eugenio Álvarez Dumont fue, junto a su hermano César, un pintor especializado en representar escenas bélicas y militares, principalmente episodios relativos a la Guerra de la Independencia. En este lienzo, premiado con una tercera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1887, muestra el momento en que Juan Manuel Malasaña da muerte al dragón francés que acaba de asesinar a su hija Manuela, que yace muerta a los pies del caballo del soldado francés, que -con los ojos desorbitados y el terror de la muerte reflejado en su rostro- intenta en vano separar a su atacante clavándole las uñas en la cara. 

Con un formato original, es una composición de gran intensidad dramática y espléndida ejecución, con un cuidado dibujo y enérgicas pinceladas, sumamente efectistas.

La respuesta francesa. Los fusilamientos

La respuesta francesa. <em>Los fusilamientos</em>
Francisco de Goya: El 3 de mayo en Madrid o “Los fusilamientos. Óleo sobre lienzo. 1814. [P-749]

Tras tomar el control de las calles de Madrid, el ejército francés ordena la inmediata ejecución en distintos puntos de la ciudad -la Montaña del Príncipe Pío, las inmediaciones de la Puerta de la Vega y el Paseo del Prado- de los insurgentes que han sido apresados a lo largo del día: “El que a hierro mata a hierro muere”.

De madrugada, con nocturnidad y alevosía. La ambientación nocturna y la potente luz del farol colocado en el suelo confieren gran tensión y dramatismo a la escena pintada por Goya, que tampoco muestra aquí un interés especial por la identificación concreta del escenario. A un lado el pelotón de fusilamiento -granaderos de línea y marineros de la guardia-, en perfecta formación y convertido en una máquina de matar, sin rostro. Al otro los que han de morir, asustados unos ante el destino al que se enfrentan, rabiosos e impotentes otros, en un detallado estudio psicológico de los personajes. Símbolo quizá de todos ellos, es el hombre que, vestido con una camisa blanca, alza los brazos horrorizado y suplicante. Su expresión, el gesto, la posición central e iluminada, y el trance en el que se encuentra, le convierten casi en un nuevo Crucificado.

El mensaje que Goya quiere transmitir a través de estas dos obras es claro, una reflexión sobre la locura e irracionalidad de la violencia que lleva a los seres humanos a enfrentarse hasta la muerte.

Funestas consecuencias. Los Desastres de la Guerra

Funestas consecuencias. <em>Los Desastres de la Guerra</em>
Francisco De Goya: Enterrar y callar. Desastre 18. Aguafuerte, buril, punta seca y aguada sobre papel avitelado. 1810-1814 [G-2348]

Entre 1810 y 1814, mientras todavía se está desarrollando la Guerra de la Independencia (1808-1814), Goya realiza una serie de 82 grabados agrupados bajo el título Los Desastres de la Guerra en el que refleja -sin ningún tipo de filtro- toda clase de desgracias vinculadas a ese conflicto armado. Solo imprimió dos juegos completos de esos grabados, realizados por medio del aguafuerte, y regaló uno de ellos a su amigo y crítico de arte José Agustín Ceán Bermúdez. La primera edición no se hizo hasta 1863, por iniciativa de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Posiblemente Goya fue testigo de algunas de las espeluznantes escenas que aparecen en estos grabados o, al menos, estaba enterado de lo que estaba ocurriendo por todo el país. En líneas generales, son composiciones cargadas de crudeza y detallismo, en los que no encontramos ningún atisbo de la dignidad humana. A menudo Goya recurre a composiciones piramidales, en las que el empleo o confrontación del blanco y el negro tienen valores dramáticos y simbólicos, dirigiendo la mirada del espectador hacia zonas muy concretas de la composición y reduciendo la distancia -no solo física sino también emocional- entre los protagonistas de esas escenas y el espectador.

Para saber más. Galdós y los Episodios Nacionales

Benito Pérez Galdós (1843-1920) fue un destacado novelista, dramaturgo, cronista y político español. Considerado como uno de los mejores representantes de la novela realista del siglo XIX, entre 1872 y 1912 escribió una colección de cuarenta y seis novelas históricas agrupadas en cinco series bajo el título genérico de Episodios Nacionales, desde la Guerra de la Independencia hasta la Restauración borbónica en España.

La serie dedicada a la Guerra de la Independencia, que abarca desde la batalla de Trafalgar (1805) hasta la derrota de los ejércitos franceses en los Arapiles (1812) está compuesta por diez relatos, entre los que se incluye el titulado El 19 de marzo y el 2 de mayo, centrado en el escaso tiempo que transcurre entre el Motín de Aranjuez y el levantamiento popular del 2 de mayo en Madrid.

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