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Proyecto

A cualquier otra parte. Parada IV. Palmeral de Elche

Miércoles de junio, julio y agosto

En estos momentos en que desplazarnos es complicado, te proponemos un viaje con la imaginación y, sobre todo, con tus recuerdos. 
¿A qué lugar te gustaría ir en este preciso instante?

Todos los miércoles de junio, julio y agosto haremos una nueva propuesta, emprenderemos un viaje que nos lleve a distintas geografías en las que quizá ya hayas estado en algún momento, pero ayudándonos con las imágenes de las obras del Museo del Prado.

Para ello necesitamos tu complicidad y participación: a partir de la obra y el lugar que nosotros vamos a proponer cada semana, esperamos vuestras fotos, comentarios, o lo que os sugiera; valen poesías, canciones o textos que te evoquen estos lugares. Dinos por qué los has elegido y entre todos crearemos una nueva cartografía que nos lleve a cualquier otra parte.

#ACualquierOtraParte,  #PradoEducación#PradoContigo@museodelprado

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Palmeral de Elche

Palmeral de Elche

Un bosque de palmeras (Elche)Carlos de Haes.

El Palmeral de Elche es un paisaje creado por el hombre para transformar una tierra árida en un lugar apto para el desarrollo de una agricultura intensiva. Comenzó siendo un conjunto de huertos de origen islámico, en los que la función de las palmeras era crear un microclima en el que pudieran crecer árboles frutales y hortalizas, principalmente.

Puede que su origen sea incluso más antiguo y que los fenicios o los romanos ya pusieran las bases, puesto que se han encontrado vasijas de origen ibérico con hojas de palma e incluso fósiles de semillas de dátil, pero fueron los árabes quienes proyectaron sus complejos sistemas de riego. Precisamente por ser un ejemplo único de las técnicas agrícolas árabes en Europa, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000.

"“¡Quiero sol!” Moribunda dijo un día una palmera que en umbroso huerto, amortajada en su ramaje yerto, cual alma sin amor languidecía. Y elevando sus ramas con porfía, descubrió al fin su copa el campo abierto, y vio marchita, en medio del desierto, otra palmera que de sed moría. “¡Quiero sombra!” Decía esta palmera, gimiendo por un soplo de frescura. “¡Quiero sol!” Repetía la primera... Y de ambas condolida el aura pura, compaginó las cosas de manera que gozaron de igual temperatura.".

Las palmeras, de Pedro Antonio de Alarcón

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