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Conferencia

Aragón y Castilla entre Flandes e Italia. La singularidad de Bermejo en relación con los pintores hispanos de su tiempo

26 de enero de 2019

En la segunda mitad del siglo XV los pintores de las coronas de Aragón y de Castilla miran hacia Flandes e Italia. En la primera, en Valencia, la influencia italiana se manifiesta ya en 1472 con la llegada de Paolo de San Leocadio y de Francesco Pagano traídos  por el Cardenal Borgia, el futuro papa Alejandro VI. En Castilla el influjo de Flandes se mantiene y se afirma con los dos pintores de corte de Isabel la Católica, Michel Sittow y Juan de Flandes (este último viene en una fecha ya muy tardía, 1496).

Bartolomé Bermejo (h. 1440-1501) es el pintor hispano más importante de la corona de Aragón De origen cordobés, desarrolló su actividad en Valencia –donde debió formarse-, en Aragón (Daroca y Zaragoza) y en Cataluña (Barcelona). La deuda que muestran sus obras con la pintura flamenca, desde los inicios (San Miguel de Tous, 1468) hasta el final (la Piedad Desplá, 1490), reproduciendo la realidad, traduciendo las calidades, gracias al dominio de la técnica del óleo y al empleo de su personal gama cromática, han hecho suponer a algunos autores que pudo formarse en Flandes, aunque no sea necesario. Pese a que se puso en contacto con los pintores italianos en Valencia, la deuda que contrajo con ellos responde más a aspectos compositivos e iconográficos (en los que Bermejo denota su originalidad)- que a su arte de pintar, vinculado al “ars nova”, el arte flamenco.

Pedro Berruguete (h. 1445/50-1503) es el pintor hispano más importante de Castilla. A diferencia de lo que hizo el resto de los pintores castellanos de su tiempo, se trasladó a Italia, donde está documentado en Urbino en la corte de Federico de Montefeltro (Perus Spagnuolus, 15-04-1477). Durante su estancia italiana pudo conciliar el arte flamenco en el que se había formado y el arte italiano. Aprendió a representar el desnudo y a traducir el cuerpo humano en movimiento, sin duda ayudado también por el conocimiento que pudo llegar a tener de la estatuaria grecorromana, como se aprecia en sus representaciones de desnudos, entre ellas la Eva y el Adán incluidos en las pilastras de la Anunciación de la Cartuja de Miraflores. Y también sintió interés por el escorzo o la perspectiva desde un punto de vista bajo como Melozzo da Forli. Las obras que realizó en Castilla difieren de las que hizo en Italia, al tenerse que adaptar al mercado artístico que le demandaba otro tipo de pinturas.

Si su arte tiene planteamientos distintos, también difiere su extracción social: Bermejo de origen judeo-converso, Berruguete, de familia hidalga, vinculada a los Manrique, condes de Paredes, y a los Mendoza. Hasta son diferentes sus mujeres, judeo-conversa la de Bermejo, Gracia Palazuelo, condenada en 1486 por la Inquisición, y la de Berruguete, Elvira González, con propiedades, originaria de Paredes de Nava, donde nació el pintor. Y también difieren sus comitentes. Bermejo recibe encargos en Valencia del caballero y mercader Antoni Joan en 1468 y del mercader Francesco della Chiesa (1483-1489); en Aragón de los mercaderes Juan de Loperuelo y Juan de Lobera y de Juana García, la mujer del notario Juan Fernández Fierro, mientras que en Barcelona es el arcediano Luis Desplá el que le contrata (1490). Berruguete realiza obras para establecimientos religiosos promovidos por Isabel la Católica como los tres retablos de Santo Tomás de Ávila, a cargo del Inquisidor General Torquemada, que le manda hacer obras para Santa Cruz de Segovia. A ellos se añade también la Anunciación de la Cartuja de Miraflores –la obra más flamenca que realizó Berruguete-. A los trabajos que realizó en Toledo para el cardenal Mendoza (la pintura mural del Sagrario, desaparecida) se suman los que llevó a cabo para los obispos de Palencia (Fray Alonso de Burgos) o de Ávila o miembros de la corte como la Virgen del Ayuntamiento para Beatriz Galindo, la Latina o el San Juan en Patmos para la colección de la reina Isabel (Capilla Real Granada).

Bermejo tuvo problemas a causa de la excomunión, originada por no cumplir el contrato del retablo de santo Domingo de Silos de Daroca. Sus comitentes hacen que otros pintores controlen sus pagos. Le obligan a tener fiadores y que sean otros (siempre de menor calidad que él) los que firmen los contratos y respondan por las obras como Martin Bernat en Zaragoza, o la colaboración que hace con los Osona para el tríptico de la Virgen de Monserrat de Acqui Terme. En el caso de Berruguete, la falta de documentación impide saber si respetó o no los plazos de los contratos. No obstante, al ser de familia hidalga (y ser su tío miembro importante de la orden dominica, a cargo de la Inquisición) y tener posesiones, no parece haber tenido muchas dificultades. Además, por lo que respecta a la ejecución de las obras, mientras que Bermejo trabajó en colaboración con otros, Berruguete asumió la ejecución de sus pinturas en su totalidad y las variaciones que se establecen en ellas la mayoría de las veces están en función del tipo de obra (un retablo más o menos grande, o una obra independiente de pequeño formato).

Pese a lo mucho que les separa, Bartolomé Bermejo y Pedro Berruguete no tienen parangón entre los pintores hispanos de su tiempo. Lo que les une es la calidad de sus composiciones y el como fueron capaces de crear un arte original, personalísimo, partiendo de las influencias a las que se vieron sometidos y el distinto  medio en el que desarrollaron su labor.

Conferencia impartida por Pilar Silva, Doctora en Historia del Arte.

 

Programas públicos
Con la colaboración de:
Fundación de Amigos del Museo del Prado
Ponente
Pilar Silva, Doctora en Historia del Arte
Horario
Sábado, 26 de enero a las 18.30 h
Duración
1 hora aproximadamente
Destinatarios
Público general
Lugar de realización
Auditorio del Museo del Prado
Acceso
Puerta de Jerónimos
Entradas
En las taquillas 1 y 2, desde 30 minutos antes del comienzo de la conferencia
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