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Itinerario

Hoy empieza el verano

¿Qué día es hoy?

¿Por qué en 2020 el verano comienza oficialmente el 20 de junio, a las 21.43 h? Desde un punto de vista astronómico, el cambio de estaciones viene determinado por la posición de la Tierra en su giro alrededor del Sol -lo que se conoce como plano de la eclíptica- en cuatro momentos del año, que reciben el nombre de solsticios y equinoccios: solsticio de invierno (20-23 de diciembre), equinoccio de primavera (21-22 de marzo), solsticio de verano (20-22 de junio) y equinoccio de otoño (22-23 de septiembre).

El verano trae consigo días más largos, con más horas de luz, y noches más cortas, en las que poder contemplar el cielo estrellado. Suben las temperaturas, los agricultores recogen gran variedad de frutas y verduras de temporada, y muchos de nosotros/as disfrutamos de unas merecidas vacaciones, especialmente anheladas tras varios meses de confinamiento, en las que no falta, en muchas ocasiones, disfrutar de días de descanso en la playa, o en el mar, ese sugerente lugar que Mariano Fortuny plasmó en su extraordinaria acuarela Mar, al fondo el Vesubio con apenas unos toques de azul cobalto.

Aprovechando esa circunstancia, queremos invitaros a conocer y disfrutar de algunas obras de nuestra colección que representan el verano. ¿Nos acompañáis?

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Actividad

El origen del mito. El rapto de Proserpina

El origen del mito. El rapto de Proserpina
El rapto de Proserpina, de Rubens

Uno de los mitos más conocidos del mundo clásico es el Rapto de Proserpina. La joven, hija de los dioses Júpiter y Ceres, fue raptada por su tío Plutón cuando recogía flores en una pradera de Sicilia y llevada al Inframundo en su carro tirado por caballos negros, escena que podemos ver en el Prado en un lienzo pintado por Rubens para la Torre de la Parada, y también en una pequeña escultura de porcelana de hacia 1800, que es una versión neoclásica y sentimental del violento grupo escultórico de Bernini.

Ceres, desesperada, se puso a buscar a su hija por toda la tierra, y en esa infructuosa búsqueda se olvidó de cuidar los campos -es la diosa de la agricultura, las cosechas y la fecundidad- y el hambre empezó a amenazar al mundo, por lo que Júpiter mandó a Mercurio que fuera a buscar a Proserpina y la liberase. Pero la joven había comido unos granos de granada y por ese motivo, como había anunciado un oráculo, ya nunca podría abandonar el Inframundo. Finalmente los dioses llegaron a un acuerdo y decidieron que pasase parte del año en la tierra, en la superficie, y parte en las profundidades del infierno, dando así origen al ciclo de las estaciones.

Algunos textos clásicos dicen que Proserpina debía pasar un tercio del año bajo tierra y el resto con su madre y los otros dioses del Olimpo, pero otras versiones o fuentes afirman que debía pasar la mitad del año en el Inframundo y la otra mitad fuera de allí.

La secuencia de estaciones

La secuencia de estaciones
Copa de las cuatro estaciones, del Taller de los Sarachi

En el Renacimiento y el Barroco, y de acuerdo con la filosofía neoplatónica, fue frecuente la asociación de las Cuatro Estaciones (primavera, verano, otoño e invierno) con los Cuatro Elementos (aire, fuego, tierra y agua) o los Cuatro Temperamentos (sanguíneo, colérico, melancólico y flemático). Simbolizaban la materia formada del mundo terrestre, en el que reinaba el tiempo, frente a la materia pura e intemporal del inframundo.

Así puede interpretarse la decoración tallada en una copa de cristal de roca que forma parte del Tesoro del Delfín, colección que llegó a España como herencia de Felipe V, primer monarca de la Casa de Borbón en nuestro país. En ella las Cuatro Estaciones aparecen como personificaciones en cuatro medallones enmarcados con plantas características de cada época del año: la primavera como una joven desnuda con un jarrón de flores, el verano como otra joven con el cuerno de la abundancia, el otoño como un anciano bajo una parra, y el invierno también como un anciano abrigado que se calienta al fuego. En la zona inferior de la copa se representa, en cambio, la materia pura a través de un mar con delfines y dos figuras contrapuestas a los lados de la copa: Anfitrite y Baco.

La misma iconografía -con la variante de que el otoño es un hombre joven y no un viejo- reflejaron Hendrick van Balen y Jan Brueghel el Viejo en su tabla Cibeles y las Estaciones dentro de un festón de frutas.

Alegoría del verano

Alegoría del verano
Alegoría del Verano, de Juan Antonio Ribera

En su famoso tratado titulado Iconología (1593), un libro de emblemas concebido para servir de modelo o fuente de referencia a poetas, pintores y escultores, y que tuvo un gran éxito y trascendencia, Cesare Ripa sugería representar a las estaciones por medio de figuras alegóricas. En el caso del verano, señalaba que podía estar representada por un joven de aspecto robusto coronado de espigas, vestido de amarillo y con una antorcha en la mano, o bien por la diosa Ceres, vestida de matrona con brazadas de trigo entre las manos y rodeada de flores.

En su Alegoría del Verano Juan Antonio Ribera optó por unir ambas imágenes y caracterizó a dicha estación como una bella joven -no una mujer adulta como suele aparecer representada Ceres- que sostiene una antorcha en su mano derecha y con la izquierda deja caer unas flores sobre dos niños alados que le acompañan, uno con una gavilla de trigo sobre los hombros y el otro con un espejo en las manos. Este lienzo forma parte de una serie dedicada a las estaciones y a las Horas del día pintada conjuntamente por Ribera y José de Madrazo para decorar el Casino de la Reina en Madrid. Precisamente, las Horas, hijas de Zeus, personificaban a las estaciones en el arte de la Antigua Grecia.

Mariano Salvador Maella también representó al verano como una joven figura femenina con una antorcha y un haz de trigo, pero incorporó tras ella una escena de siega, creando así una escena más popular sin perder su carga simbólica.

El trabajo en el campo en verano. La siega

El trabajo en el campo en verano. La siega
La era o El Verano, de Goya

A la hora de representar las estaciones del año en los cartones para tapices destinados a decorar el comedor de los Príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma) en el palacio de El Pardo, Goya prescindió de figuras alegóricas y optó por la representación de escenas populares, lo que refleja el cambio de la visión del mundo provocado por el enorme avance de las ciencias en el siglo XVIII, que llevó a una secularización en todas las áreas, incluso en la percepción de las distintas épocas del año. Surgieron así Las floreras o La Primavera, La era o El Verano, La vendimia o El Otoño y La nevada o El Invierno.

El verano se asocia a la siega y recolección del trigo, pero Goya representa un momento de descanso, compartido por todos los miembros de la familia. Los numerosos haces de trigo amontonados en la parte derecha reflejan la abundancia de la cosecha y, al mismo tiempo, compiten de manera efímera con la poderosa mole del castillo, que alude a la condición de siervos de los campesinos. No falta el detalle gracioso de los mozos que se divierten emborrachando a uno de ellos. 

Con la misma mirada costumbrista, pero doscientos años antes, el flamenco Paolo Flamingo había incluido también el esquileo de las ovejas entre los trabajos habituales del verano en su lienzo La siega y el esquileo o El Verano.

El verano y el Zodiaco

El verano y el Zodiaco
Alegoría del Verano dibujada en 1885 por Arturo Mélida

Aunque no desaparecieron por completo, en Roma, en el Arte Paleocristiano y en la Edad Media las estaciones fueron sustituidas por los meses y sus labores agrícolas y los signos del Zodiaco como símbolo del paso del tiempo. El Zodiaco se basa en la división en doce partes iguales de la banda celeste sobre la cual trazan sus trayectorias el Sol, la Luna, y los planetas. De ahí que los signos del Zodiaco que se corresponden con los meses de verano sean Cáncer, Leo y Virgo. Extrañamente, en una Alegoría del Verano dibujada en 1882 por Arturo Mélida los signos que acompañan a la figura que representa el verano -que se inspira en el estilo medieval del siglo XV, flamenco o alemán, y recuerda a los grabados de Durero- son Géminis, Cáncer y Leo, sin que podamos explicar el porqué de esa anomalía iconográfica.

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