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Proyecto

Te quiero en pintura: retratos con emoción. Parada III. Velázquez

Lunes de octubre

En esta actividad nos adentraremos en el lado más humano y personal de los grandes artistas de la colección del Museo. Nos serviremos para ello de autorretratos y de retratos de sus seres queridos. Este acercamiento nos permitirá explorar de forma más profunda las emociones, llenas de matices, que estos artistas reflejaron, dejando unidas para siempre sus historias de vida personales y su producción pictórica.

Memoria y emoción están íntimamente relacionadas, pues los recuerdos se fijan en función de la intensidad de la respuesta emocional y fisiológica de cada vivencia. Partiendo del concepto de memoria emocional, os proponemos un viaje a través de nuestros recuerdos y de las emociones que los acompañan.

¿Qué experiencias nos construyen como personas únicas? ¿Es esta identidad algo subjetivo o está influida por nuestros lazos afectivos? ¿Cómo nos vemos a nosotros mismos? ¿Cambia esta imagen a lo largo de la vida? Motivados por el pulso vital de las obras de nuestros grandes artistas, intentaremos generar un debate en torno a todas estas cuestiones, que son universales y siempre actuales.

Cada lunes de octubre publicaremos una nueva propuesta participativa. 

Podéis compartir vuestras propuestas y experiencias a través de: #TeQuieroEnPintura#PradoEducación#PradoContigo@museodelprado

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Actividad

La adoración de los magos

La adoración de los magos
La adoración de los magos, Diego Velázquez, h. 1619

 

Esta obra fue realizada por Velázquez en su etapa sevillana, cuando apenas tenía 20 años. Velázquez ya era un magnífico pintor de realidades, capaz de plasmar la escena de modo cercano, sin utilizar el habitual lujo en las figuras de los magos que adoran al niño Jesús.

Al mismo tiempo, la obra es un retrato grupal de la familia del pintor. Velázquez se autorretrata en primer término, arrodillándose para hacer la primera ofrenda. Los rostros de la Virgen y el niño se corresponden con los de su mujer Juana Pacheco -con quien se había casado el año anterior- y de su hija, Francisca. Una diagonal une los tres rostros, cuyos gestos de dulzura son un fiel reflejo del momento personal que atravesaba el artista. Detrás de Velázquez aparece otro mago de mayor edad, identificado con su maestro y suegro, el pintor Francisco Pacheco, que mira absorto a su nieta. 

La obra fue pintada para los jesuitas, quienes promovían la utilización de referencias coetáneas y reales para dar proximidad a las escenas religiosas. Por ello, Velázquez funde el relato histórico con los rostros de su familia, que son los que hacen que la escena sea verosímil y ciertamente conmovedora. 

 

Las meninas

Las meninas

Las meninas, Diego Velázquez, h. 1656

 

 

Han pasado 37 años y Velázquez es un gran maestro, ya en la última etapa de su vida. Trabaja en palacio para el rey Felipe IV, y con él y para él emprende importantes tareas artísticas. Ha viajado a Italia, se ha formado y ha conocido a otros pintores famosos. Domina a la perfección la perspectiva, la composición, la manera de contar las historias y la forma de dar veracidad a los rostros y a los personajes. 

Las meninas es un cuadro de la familia del rey, una escena cotidiana en una sala del Alcázar Real. Pero Las meninas es también el autorretrato de un pintor que se pinta pintando un gran lienzo, mientras dirige su mirada hacia los espectadores. En realidad, su figura es un alegato en defensa de la pintura como actividad intelectual, puesto que no se retrata dando pinceladas, sino pensando. También es una reivindicación de sí mismo y de lo lejos que había llevado al arte de la pintura. 

Velázquez luce orgulloso en su pecho la cruz de la orden de Santiago, que le fue concedida en 1658 por intervención de Felipe IV, a quien le unía una larga relación de complicidad y respeto mutuo. 

 

Propuesta de participación

Las vivencias junto a familiares y amigos suelen ser evocadas de forma intensa y recurrente por muchas personas. Ello se debe a que los fuertes vínculos emocionales que nos unen con esas personas contribuyen a mantener vivos esos recuerdos. 

Como hemos visto, La adoración de los magos de Velázquez es un retrato de familia, en un momento en el que no existía la fotografía. Si observamos nuestras fotografías familiares notaremos que también están llenas de todo un lenguaje de miradas cómplices y de gestos de cuidado, atención, protección o gratitud. 

Un conocido fotógrafo que ha trabajado repetidamente con los juegos de miradas es Robert Doisneau, del que puedes ver aquí algunas de sus obras

Os invitamos a compartir una fotografía grupal en la que podamos analizar esos juegos de miradas y de gestos que se revelan al congelar el tiempo por un instante. Puede ser una fotografía de la que te hayas acordado, o una que realices ahora con tu familia o amigos, preferiblemente sin que los protagonistas miren a cámara, para captar mejor esa red de miradas y afectos. 

Podéis compartir vuestras fotografías a través de: #TeQuieroEnPintura, #PradoEducación#PradoContigo@museodelprado

 
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