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Recurso didáctico

Una obra, un artista: El Tránsito de la Virgen, de Andrea Mantegna

El Tránsito de la Virgen, una pequeña pintura sobre tabla realizada por Andrea Mantegna hacia 1462, es una de las joyas de la colección de pintura italiana que conserva y expone el Museo del Prado. Tal y como se hacía en las salas del Museo en la actividad Una Obra. Un Artista, ofrecemos aquí unas claves para entender mejor esta extraordinaria obra, su rica iconografía y su cuidada composición.

Programas públicos

Una obra, un artista

El artista

El artista
Captura de la Linea del tiempo en la que aparece la vida del artista Andrea Mantegna.

Andrea Mantegna nació hacia 1430/31 en Isola di Cartura, un pequeño asentamiento de la localidad de Piazzola sul Brenta, en la provincia de Padua, que en 1963 cambió su nombre a Isola Mantegna en honor al pintor.

    Con apenas 10 u 11 años entró como aprendiz en el taller del pintor Francesco Squarcione en Padua, donde pudo copiar bronces y esculturas antiguas originales o vaciados en yeso, y también dibujos de artistas modernos. La llegada en 1443 de Donatello a la ciudad para hacer el monumento ecuestre del Gattamelata, también marcó el estilo del joven Mantegna, centrado en el estudio de la Antigüedad y de la nueva perspectiva renacentista y que se manifiesta especialmente en el empleo sistemático del escorzo. A todo ello hay que unir también la influencia del veneciano Jacopo Bellini, con cuya hija Nicolosia se casó en 1452.

Su primer encargo importante fueron unos frescos para la capilla Ovetari en los Eremitani de Padua, que realizó junto a Niccolò Pizzolo, otro discípulo aventajado de Squarcione. En 1456 el abad de San Zeno de Verona le encargó para su iglesia un retablo que fue el primero plenamente renacentista ejecutado en el Véneto.

En 1460 se estableció en la corte de Mantua tras los continuos requerimientos del marqués Ludovico Gonzaga para que fuera su pintor de corte y decorase los aposentos de estado de su residencia mantuana, el Castello di San Giorgio, y de otros palacios de sus dominios. El artista realizó diversas obras para la capilla del castillo -entre ellas El Tránsito de la Virgen- y decoró al fresco la llamada Camera Picta o Cámara de los Esposos.

Mantegna trabajó también para los sucesores de Ludovico Gonzaga en el señorío de Mantua, Federico y Francesco II. Así, a partir de 1484, pintó para Francesco Gonzaga Los triunfos de César, una serie de nueve grandes lienzos que no llegaron a ser instalados en el castillo, y para la esposa de Francesco, Isabel de Este, pintó dos obras destinadas a su famoso Studiolo, El Parnaso y Palas expulsando a los vicios, ambas conservadas actualmente en el Louvre

El pintor únicamente abandonó Mantua una vez, de 1488 a 1490, cuando el papa Inocencio VIII le llamó para pintar su capilla en el Belvedere del Vaticano, lamentablemente destruida en 1780.

Fallecido en 1506, a la edad de 75 años, Andrea Mantegna fue también arquitecto, escultor y grabador, aunque su fama se asiente en su extraordinaria calidad como pintor.

El encargo

El encargo

Detalle de El Tránsito de la Virgen, de Andrea Mantegna.

Aunque no existe certeza al respecto, parece ser que Mantegna pintó El Tránsito de la Virgen para la capilla que Ludovico III Gonzaga, segundo Marqués de Mantua (1444-1478), mandó hacer en la década de 1450 en el Castello di San Giorgio, su residencia oficial, y que al parecer fue diseñada por el propio Mantegna mientras todavía residía en Padua. Era un oratorio privado, de reducidas dimensiones, cubierto con una cúpula con tambor que apenas un siglo después fue destruido y sustituido por una nueva capilla mandada construir hacia 1563 por el duque Guglielmo Gonzaga.

Para ese lugar Mantegna pintó entre 1462 y 1468 varias tablas verticales y estrechas, insertas en una estructura dorada a lo largo de las paredes -entre ellas El Tránsito de la Virgen del Prado y La Circuncisión y La Ascensión, ambas conservadas en la Galleria degli Uffizi de Florencia- y una tabla curva y redondeada por arriba para colocarla en la hornacina sobre el altar con La Adoración de los Magos, también expuesta en los Uffizi, formando un tríptico con las anteriores. Al desaparecer la capilla diseñada por Mantegna, las tres pinturas que ahora están en Florencia debieron de ser enviadas como regalo a los Médicis, y otras pinturas de la capilla se enviaron a Ferrara para decorar la cappelletta de Margarita Gonzaga, hija del duque Guglielmo, que en 1579 se casó con Alfonso II de Este, último duque de Ferrara. Para instalar El Tránsito de la Virgen en ese nuevo emplazamiento se cortó la parte superior de la tabla, que mostraba a Cristo recibiendo el alma de la Virgen; ese fragmento se conserva actualmente en la Pinacoteca Nazionale de Ferrara.

La tabla del Prado, en cambio, debió de volver con Margarita a Mantua en 1597 y reintegrarse a las colecciones ducales después de su muerte en 1618, ya que fue una de las pinturas que el rey Carlos I de Inglaterra compró al duque Vincenzo Gonzaga en la década de 1620. Poco después de su venta en la almoneda de los bienes del monarca inglés tras su ejecución en 1649, fue adquirida por el embajador español Alonso de Cárdenas por encargo de don Luis Méndez de Haro, Marqués del Carpio, quien la regaló a Felipe IV.

Tras su paso por el Palacio del Buen Retiro y el Palacio Real Nuevo, ingresó en el Museo del Prado en 1829.

El tema

El tema
El Tránsito de la Virgen, de Andrea Mantegna.

La escena pintada por Mantegna representa el último momento terrenal de la Virgen María, acompañada por todos los apóstoles a excepción de santo Tomás, que se encontraba predicando en la India según relatan algunos Evangelios Apócrifos.

    El cuerpo de la Virgen, vestida con túnica rosa y manto azul, los ojos cerrados y las manos unidas sobre el pecho, descansa sobre un sencillo lecho funerario, una cama con patas de madera cubiertas por una sábana de color rosa, como las almohadas sobre las que apoya su cabeza. Dispuesto de forma paralela a los ojos del espectador, tras ese lecho hay dos grandes candelabros de metal o madera dorada con sus correspondientes cirios encendidos.

Alrededor del cuerpo inerte de la Virgen se sitúan los apóstoles. En el centro de la composición, san Pedro -vestido de pontifical- oficia con un misal flanqueado por dos apóstoles, uno de los cuales -el situado a su derecha- sostiene el acetre del agua bendita con el hisopo en su interior al tiempo que bendice a la Virgen con su mano derecha. Otro apóstol, situado delante del lecho y ligeramente inclinado hacia el cuerpo de María, pasa sobre él un incensario.

Otros dos apóstoles ocupan su lugar junto a la cabecera de la cama. Sostienen sendos cirios, como los tres apóstoles situados en el lado derecho de la composición que forman una especie de fila hacia el espectador. Tienen las bocas entreabiertas, lo que sugiere que están entonando el Exiit Israel de Aegypto, Alleluia del Salmo 103, como recoge la Leyenda Dorada de Jacobo de Vorágine.

Los dos apóstoles restantes se encuentran en el lado izquierdo de la composición, creando un paralelismo con el grupo anterior. El más cercano a nosotros, de perfil perdido, es imberbe y sostiene una palma, por lo que debe de tratarse de san Juan Evangelista, el encargado de portar en el entierro de la Virgen la palma que un ángel había entregado a esta.

En la parte superior de la composición -actualmente en Ferrara- Cristo sostiene el alma de la Virgen en una nube rodeada por pequeños ángeles de color rojo que sólo tienen cabeza y alas.

La escena se desarrolla en una estancia de arquitectura clasicista con suelo de baldosas y un gran ventanal al fondo, a través del cual se puede ver el lago en torno a Mantua, el puente que lo cruza, y Borgo di San Giorgio al fondo. En realidad ese paisaje debería corresponder a Jerusalén, o a Éfeso según otras tradiciones.

La iconografía

La iconografía
Detalle de El Tránsito de la Virgen, Andrea Mantegna.

Los textos canónicos no dicen nada acerca de los últimos años de la vida de María y de su muerte, por lo que los pintores debieron recurrir a otros textos como fuente de inspiración para sus obras como, por ejemplo, los Evangelios Apócrifos o La Leyenda Dorada de Jacobo de Vorágine.

Algunos textos antiguos, fundamentalmente de Oriente, dudan incluso de la muerte de la Virgen, pues consideran que la muerte es un castigo por los pecados y, al haber sido concebida sin pecado, María no estaba sometida a ella.

Para designar la Muerte de la Virgen los bizantinos u orientales hablan de “Dormición” o “Koimesis”, que significa dormir, descansar en el Señor. En Occidente, en cambio, es más frecuente el empleo de la palabra “Tránsito” para designar que su muerte no es real, sino el paso a la vida eterna.

Según un libro apócrifo atribuido a san Juan Evangelista que recoge Jacobo de Vorágine, un ángel se apareció a María anunciándole su muerte y entregándole una palma del Paraíso para que fuese colocada sobre su féretro. María pidió entonces ver a todos los apóstoles antes de morir y que ellos se encargasen de su entierro. Milagrosamente todos ellos fueron llevados a su presencia en sendas nubes y la acompañaron en sus últimos momentos, igual que su hijo Jesús, que también hizo acto de presencia en ese momento y recogió el alma de su madre cuando esta abandonó su cuerpo. Posteriormente los apóstoles se encargaron de preparar su entierro, aunque este no tuvo lugar porque cuando todo estaba dispuesto el alma de María volvió a su cuerpo y la Virgen subió a los cielos en cuerpo y alma, es la “Asunción de la Virgen”.

Como refleja Mantegna en esta obra, la iconografía tradicional representa este episodio con la Virgen tumbada sobre una cama, en el interior de una construcción, y acompañada del Colegio Apostólico.

La composición

La composición

Esquema compositivo de El Tránsito de la Virgen, de Mantegna

Al concebir su obra, Mantegna se inspiró en un mosaico de la basílica de San Marcos de Venecia diseñado por Andrea del Castagno y también en dibujos de su suegro Jacopo Bellini para ambientar la escena en una habitación de arquitectura abovedada.

Hay un perfecto equilibrio entre líneas horizontales -el lecho de la Virgen y la ventana- y verticales -las pilastras de la habitación y las figuras de los apóstoles-. Al mismo tiempo, la ubicación de estos en la habitación crea una composición en “U”, lo que se conoce como caja renacentista.

Muy interesante es también la existencia de un doble espacio, la habitación con baldosas del primer plano y el paisaje del fondo, que es relativamente habitual y representativo de la pintura italiana del norte. El citado paisaje está considerado como una de las primeras vistas topográficas de la pintura italiana, al mostrar al fondo el Borgo de San Giorgio, con sus murallas perimetrales, el lago que rodea la ciudad de Mantua y el puente que une ambas localidades.

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