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Una obra, un artista: La defensa de Zaragoza

Agosto de 2021

La colección del Museo del Prado, su historia, incluso el propio edificio y su entorno, son una fuente inagotable de experiencia y conocimiento. Para facilitar el acercamiento a toda esa información PradoEducación organiza una serie de actividades que parten de la transversalidad, el diálogo con los participantes y la mirada crítica.

Los fines de semana nos tomamos el tiempo necesario para estudiar algunas obras de arte en profundidad, analizando diferentes aspectos de su creación y de los artistas que las realizaron.

Con la actividad Una obra. Un artista, nos adentramos a fondo en la obra a través de numerosos detalles y testimonios documentales. De esta manera entendemos la historia que hay detrás de ella, contextualizando el proceso creativo y el momento histórico en el que surgieron. Intentamos mostrar diferentes puntos de vista, así como cuestionar las historias que nos han contado, para construir nuevos relatos que amplíen el conocimiento heredado del Museo.

Programas públicos
Inscripción
15 minutos antes en el mostrador de Educación por riguroso orden de llegada
Horario
Sábados a las 12.30, 16 y 17.30 h Domingos a las 11 y 12.30 h
Duración
1 hora aproximadamente
Destinatarios
Público general
Lugar de realización
Museo Nacional del Prado
Aforo
14 personas

Calendario

Agosto 2021

Dom 1
11:00 12:30
Sáb 7
12:30 16:00 17:30
Dom 8
11:00 12:30
Sáb 14
12:30 16:00 17:30
Dom 15
11:00 12:30
Sáb 21
12:30 16:00 17:30
Dom 22
11:00 12:30
Sáb 28
12:30 16:00 17:30
Dom 29
11:00 12:30

Una obra, un artista

El escultor

El escultor
Ramón Barba: José Álvarez Cubero. 1830. Mármol, 90 cm (diámetro) [E-854]

Hijo de un cantero, José Álvarez Cubero nació en 1768 en Priego de Córdoba. Estudió en la Escuela de Dibujo de Granada y posteriormente, a partir de 1794, en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid.

Fue un alumno destacado y en 1799 consiguió el primer premio en escultura de la Academia, que le concedió una pensión de 12.000 reales anuales para que marchará a París y Roma y perfeccionará su técnica.

Vivió seis años en la capital francesa, donde frecuentó la academia de Jacques-Louis David, el gran pintor neoclásico, y asistió también a clases de anatomía y disección para dominar la representación del cuerpo humano.

En 1805 se trasladó a Roma, donde residiría más de veinte años. Mantuvo una estrecha relación con los artistas españoles que residían en esa ciudad, especialmente José Aparicio, José de Madrazo y Juan Antonio de Ribera. Y, sobre todo, conoció a Antonio Canova -la gran figura de la escultura neoclasicista junto al danés Bertel Thorvaldsen- que se convirtió en su maestro y le influyó muchísimo.

A comienzos de 1809 fue encarcelado, junto a otros pensionados españoles, en el Castillo de Sant’Angelo por negarse a reconocer a José I Bonaparte como rey de España y perdió su pensión. Tras unos años de ciertas dificultades económicas, en 1816 Fernando VII le nombró escultor de cámara, obteniendo en 1823 el puesto de primer escultor de cámara, lo que le obligaba a volver a España, aunque demoró su regreso hasta 1826.

Elegido Teniente Director de escultura de la Academia de Bellas Artes de San Fernando en diciembre de ese año, José Álvarez Cubero falleció en noviembre de 1827 a los 59 años.

Historia de la obra

Historia de la obra

José Álvarez Cubero: La defensa de Zaragoza. 1818-1825. Mármol de Carrara, 280 x 210 x 112 cm [E-789]

Álvarez Cubero hizo la obra original en yeso y la presentó públicamente en su taller de Roma en 1818, recibiendo grandes alabanzas y varias ofertas de compra, pero las rechazó y ofreció la estatua al rey Fernando VII, que financió su ejecución en mármol a partir de 1821. Para ese trabajo, el artista contó con la colaboración de varios escultores italianos.

Terminada en 1825, la obra fue enviada a España al año siguiente y el rey autorizó su exposición pública durante el mes de octubre de 1827 en el Real Museo de Pintura y Escultura.

Integrada en las colecciones de dicho Museo, se expuso en la planta baja de la llamada “Sala de la reina Isabel II”, como reflejan varios grabados y una conocidísima fotografía de Jean Laurent.

Durante parte del siglo XX se ubicó en los jardines del Museo de Arte Moderno, la actual Biblioteca Nacional, y a partir de 1971 fue instalada delante de la fachada del Casón del Buen Retiro. Retirada de ese lugar en 1998, tras su restauración volvió en 2007 al interior del Museo del Prado, al Vestíbulo de Jerónimos, principal acceso al Museo tras la ampliación diseñada por el arquitecto Rafael Moneo.

Iconografía

Iconografía

Detalle de La defensa de Zaragoza.

Cuando presentó públicamente su obra por primera vez, en 1818, Álvarez Cubero afirmó que representaba un hecho heroico sucedido en Zaragoza durante la Guerra de la Independencia (1808-1814): al ver a su padre atacado y herido por los franceses, un joven acudió a defenderle, matando a cuantos enemigos le rodeaban, pero un oficial polaco a caballo atacó al joven y puso fin a su vida; el padre, hecho prisionero, murió a los pocos días a causa del dolor por la pérdida de su hijo.

Sin embargo, algunos de los primeros espectadores de la obra -y también críticos posteriores- creyeron reconocer en ella un episodio de la Guerra de Troya, concretamente la escena de “Néstor defendido por su hijo Antíloco”.

Aceptando por buena la explicación del artista y desechando la hipótesis de que cambiase la identificación de los personajes y el sentido de la escena una vez finalizada la obra, cabe destacar su originalidad en la forma de tratar de una manera clásica, a la antigua, dando a las figuras un carácter heroico, un episodio contemporáneo, cercano a él en el tiempo.

Influencias

Influencias

Detalle de La defensa de Zaragoza.

Junto a la posible inspiración en algunas esculturas clásicas como el Galo Ludovisi, el Gladiador Borghese o el Grupo de los Tiranicidas, parece evidente que Álvarez Cubero pudo tomar como modelo varias esculturas realizadas por su maestro Antonio Canova.

La relación más evidente sería con el grupo de Hércules y Licas, especialmente por la postura de las piernas y el brazo levantado. También con la figura de un boxeador griego -Creugante- que formaba parte de una pareja de luchadores hecha por Canova y adquirida por el papa Pío VII.

Otras esculturas de Álvarez Cubero en el Prado

Otras esculturas de Álvarez Cubero en el Prado

José Álvarez Cubero: María Isabel de Braganza, reina de España. 1826-1827. Mármol de Carrara, 145 x 77 x 125 cm [E-1]

Gran parte de la producción artística de Álvarez Cubero -conservada principalmente en el Prado- son esculturas de tema mitológico, entre las que destacan Joven con cisne (E-807), Apolo inspirado por la música (E-805), Morfeo o Amor dormido (E-571) y Diana (E-803).

Una de las tipologías más habituales en el retrato femenino durante el Neoclasicismo es el retrato sedente. En ese campo, y tomando como modelo el retrato que su maestro Canova había hecho de la segunda esposa de Napoleón, María Luisa de Habsburgo, Álvarez Cubero realizó en 1814 la estatua de la reina María Luisa de Parma, sedente (E-902), que actualmente el Prado tiene depositada en el Palacio Real de Aranjuez.

Asimismo, siguió el modelo del retrato de Letizia Bonaparte de Canova para hacer el retrato de la Marquesa de Ariza (Casa de Alba, Palacio de Liria), encargado por su hijo el XIV Duque de Alba -gran coleccionista y protector del escultor cordobés- y también la estatua sedente de María Isabel de Braganza, reina de España (E-1), sobrina y segunda esposa de Fernando VII, que es considerada “la reina fundadora” del actual Museo del Prado.

El Museo del Prado conserva también tres bustos realizados por Álvarez Cubero, todos ellos fechados en la década de 1820: Bernardino Fernández de Velasco, XIV Duque de Frías (E-822), que está sin concluir; el compositor Gioacchino Rossini (E-808); y el rey Fernando VII (E-563).

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