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Una obra, un artista: Venus y Adonis, de Veronés

A partir del 17 de octubre

Venus y Adonis es la única pintura mitológica que el Museo del Prado posee de Paolo Veronés, artista que -junto a Tiziano y Tintoretto- forma parte de la gran tríada de la Pintura Veneciana del siglo XVI. Retomamos la actividad presencial con Una Obra. Un Artista y ofrecemos aquí unas claves para entender mejor esta extraordinaria obra, su rica iconografía y su cuidada composición.

Programas públicos
Inscripción
15 minutos antes en el mostrador de Educación por riguroso orden de llegada
Horario
Sábados a las 16 y 17.30 h Domingos a las 11 y 12.30 h
Duración
1 hora aproximadamente
Destinatarios
Público general
Lugar de realización
Museo Nacional del Prado
Aforo
9 personas + educadora

Calendario

Octubre 2020

Sáb 17
16:00 17:30
Dom 18
11:00 12:30
Sáb 24
16:00 17:30
Dom 25
11:00 12:30
Sáb 31
16:00 17:30

Una obra, un artista

El artista

El artista
Captura de la Linea del tiempo en la que aparece la vida del artista Paolo Veronés.

Paolo Caliari adoptó el sobrenombre de Veronés en referencia a su ciudad natal, Verona, donde nació en 1528. Inició en ese lugar su formación artística con dos pintores locales, Antonio Badile -con cuya hija contrajo matrimonio- y, posteriormente, Giovanni Francesco Caroto. Establecido ya como pintor independiente antes de cumplir los veinte años, a comienzos de la década de 1550 empezó a recibir sus primeros encargos de importantes familias de Venecia, adonde habían llegado ya noticias de su extraordinaria calidad. Poco después se asentó definitivamente en la ciudad de los canales.

Participó en la decoración de los techos de varias salas del Palazzo Ducale y de la Biblioteca Marciana, lo que le supuso la concesión de la cadena de oro de caballero en 1557.

En 1560 viajó a Roma, donde pudo estudiar los techos de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. Su influencia se percibe en obras que pintó poco después como los frescos de la Villa Barbaro, en Máser, que había sido diseñada por Andrea Palladio. La influencia de este artista también es muy clara en las arquitecturas que Veronés incluirá en muchas de sus grandes pinturas escenográficas posteriores.

Veronés fue un maestro en el uso armónico de una gama cromática muy contrastada donde predominan verdes, azules y naranjas, en unos paisajes dominados por las luces crepusculares.

Realizó tanto pinturas religiosas como mitológicas y se especializó en cuadros de gran formato con escenas de banquetes y marcado carácter decorativo, alguno de los cuales le supuso algún problema con la Inquisición por la inclusión de personajes populares o excesivas libertades en la interpretación de los temas representados. Quizás debido a eso, en su última etapa el pintor evolucionó hacia una pintura de tipo más reflexivo, menos decorativo. Falleció en Venecia en 1588.

El Museo del Prado conserva once lienzos de Veronés, la mayor parte de los cuales formaron parte de las colecciones del rey Felipe IV, bien adquiridos por Velázquez en su segundo viaje a Italia, bien comprados en la almoneda de los bienes del rey Carlos I de Inglaterra

Historia de la obra

Historia de la obra

Jean-Baptiste Patas: Céfalo y Procris de Veronés, con añadidos posteriores. Grabado. 1791-1800 [G-318]

La primera referencia a la existencia de este cuadro se debe al escritor florentino Raffaele Borghini, quien en su diálogo Il Riposo -publicado en Florencia en 1584 pero concluido dos años antes- afirmó que Veronés ha pintado últimamente dos cuadros bellísimos, uno de Procris y el otro de Adonis dormido en el regazo de Venus, con figuras de tamaño natural. Esa referencia sirve para identificar el tema representado, fijar una cronología aproximada, hacia 1580, y confirmar que ambos cuadros estaban relacionados. Sin embargo, no aclara para quién fueron pintados, lo que ha dado pie a especulaciones como que quizás fueran encargos del emperador Rodolfo II, que ya poseía en esos momentos varios lienzos mitológicos de Veronés, o, con más probabilidad, que su destinatario fuera un noble veneciano rico y cultivado.

Ambos cuadros fueron adquiridos por Velázquez durante su segundo viaje a Italia (1649-1651) y colgaron juntos en el Alcázar y, más tarde, en el Palacio Real Nuevo. A comienzos del siglo XIX José Bonaparte se apropió del Céfalo y Procris, que actualmente se conserva en el Musée des Beaux-Arts de Strasbourg.

En un momento indeterminado del siglo XVIII a ambas obras les añadieron unas bandas de tela en la parte superior e inferior para que tuviesen un formato vertical (212 x 191 cm). Actualmente, una vez eliminados esos añadidos, ambos lienzos se muestran con su formato original (162 x 191 cm).

El tema

El tema
Paolo Veronés: Venus y Adonis. Detalle.

En el Libro X de las Metamorfosis de Ovidio se narra cómo Venus, la diosa del Amor, fue herida accidentalmente por una flecha lanzada por su hijo Cupido y se enamoró perdidamente del joven y apuesto cazador Adonis. Fue un amor correspondido, pero tuvo un trágico final, ya que una tarde de verano Adonis encontró la muerte cuando fue tras el rastro de un jabalí que le hirió gravemente.

En un ambiente idílico, en un claro del bosque, Veronés muestra al joven cazador recostado y adormecido en el regazo de su amada, parcialmente desnuda, que acaricia su cabello al tiempo que trata de refrescarle con un abanico “de bandera”, como los que usaban las damas venecianas de la segunda mitad del siglo XVI. Cupido intenta detener a uno de los perros de Adonis, que ya ha percibido la presencia del jabalí, para evitar que despierte a su amo, pero será en vano y pronto ocurrirá el trágico desenlace.

La iconografía

La iconografía
Detalle de Venus y Adonis, de Paolo Veronés.

Adonis nació de los amores incestuosos de Mirra, hija de Cíniras (o Tías), rey de Chipre, con su propio padre, al que engañó bajo una falsa apariencia. Este, al descubrir el engaño, intentó matar a su hija, pero ella huyó y pidió ayuda a los dioses, que la convirtieron en un árbol, el árbol de la mirra. Meses después, de la corteza de ese árbol nació un niño: Adonis. La diosa Venus, cautivada por la belleza de ese niño, decidió recogerlo y confiárselo a Proserpina, diosa de los infiernos, para que lo cuidara, pero esta también quedó prendada del niño y no quiso devolvérselo. Júpiter tuvo que intervenir para resolver la disputa entre ambas diosas y decidió que Adonis viviría un tercio del año con Venus, otro con Proserpina y el último donde él deseara: Adonis decidió pasarlo también junto a Venus.

 Estando con ella encontró la muerte al ser atacado por un jabalí, enviado según algunos textos por la diosa Diana o por Marte, el celoso amante de Venus. Cuenta el mito que cuando la diosa del Amor iba a socorrerle se clavó la espina de una rosa en el pie y su sangre transformó las flores blancas en rojas, y que la sangre de Adonis al caer en la tierra dio origen a las anémonas, aunque algún poema antiguo señala que las rosas surgieron del contacto de las lágrimas de Venus con la tierra.

El mito de Céfalo y Procris, tema del cuadro de Veronés que formaba pareja con este, también recoge la trágica historia de un cazador y su celosa esposa, a la que da muerte de forma involuntaria cuando esta le espiaba pensando que le era infiel.

 

La composición

La composición
Venus y Adonis de Verones con los añadidos posteriores, eliminados en 1988. Fotografía de 1983. Archivo Fotográfico del Museo Nacional del Prado.

Está claro que Veronés concibió sus lienzos Venus y Adonis y Céfalo y Procris para que formasen pareja. De ahí que ambientase ambas escenas en un claro del bosque, con las largas sombras del amanecer y el ocaso, respectivamente. Las dos composiciones se asientan sobre diagonales convergentes hacia el fondo, que conducen la vista al cielo lejano, y en las dos uno de los amantes se inclina sobre el cuerpo tendido del otro. En ambas aparecen perros de caza y el centro de la composición está marcado por un ropaje de resplandeciente brocado.

En el cuadro de Céfalo y Procris se muestra el momento mismo de la tragedia, cuando Céfalo encuentra a su amante mortalmente herida, mientras que en el de Venus y Adonis asistimos al momento previo, justo antes de que el joven cazador vaya en busca de su presa y se produzca su trágica muerte. Quizás por eso, porque todavía no ha ocurrido la tragedia, el ambiente es más idílico y suave, y hay incluso un toque de humor en el gesto de Cupido que trata de sujetar a uno de los perros de Adonis, impaciente por salir de cacería.

Posiblemente Veronés conocía el cuadro con el mismo tema que Tiziano había pintado en 1554 para el rey Felipe II y que se conserva actualmente en el Prado [P-422] y, de hecho, él mismo ya había pintado otro cuadro con esa temática, centrado -como en el caso de Tiziano- en mostrar a Venus intentando impedir por la fuerza que Adonis partiese para la caza.

Para pintar la figura de Cupido, Veronés se sirvió de una escultura helenística, El niño de la oca, mientras Adonis remite al Endimión de un sepulcro romano conservado en San Juan de Letrán, modelos que también fueron empleados, respectivamente, por Rafael y Miguel Ángel.

 

Galería

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