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El Museo del Prado exhibirá la primera pintura documentada de Goya durante un período de seis años

    lunes 26 de septiembre de 2011

    En la composición definitiva, los cambios respecto al último de los estudios realizados por Goya parecen afectar sólo a pequeños detalles, pero son de gran interés para entender al maestro aragonés y su refinado y consciente proceso creativo, ya que determinan que la escena y las figuras tengan una mayor armonía. Bajo el clasicismo a la moda de la composición y de las figuras aparece el estudio de la psicología de los personajes y de su estado de ánimo, reflejado en la expresión del rostro del general cartaginés, sorprendido de su hazaña ―había partido desde Hispania y atravesado con sus tropas los Pirineos y los Alpes―, y aterrado ante la responsabilidad de conducir a su ejército a la conquista de Roma.

    Goya coloca a Aníbal en un primerísimo plano, concediéndole todo el protagonismo y caracterizando el ardor y fiereza en su rostro. La silueta del general cartaginés y las dos figuras que le acompañan, el genio de majestuosas alas y el guerrero a caballo, quedan en el centro de la composición, en una elevación del terreno que les realza, como si de un escenario se tratase, mientras que el ejército pasa por detrás descendiendo la montaña hacia Italia. El guerrero del estandarte mira a su general con asombro y fe, decidido a seguirle a donde le ordene, mientras que el genio se presenta en una actitud teatral de admiración al pasar su brazo extendido por encima del héroe. Dando entrada a la composición aparece la personificación del río Po, interpretado en su habitual iconografía de figura masculina con cabeza de buey de afilados cuernos apoyado sobre un ánfora de la que mana agua.

    Jesús Urrea -adjunto a la dirección del Museo Nacional del Prado (1992-1996), Director del Museo Nacional del Escultura (1996-2008) y actualmente, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción y profesor titular de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid - identificó esta pintura al estudiar los fondos de la colección de la fundación asturiana conservados en su sede de 'El Pito' (Cudillero), dando a conocer su investigación en el Boletín del Museo Nacional del Prado, XIV, nº 32, 1993, pp. 59-66

    El cuadro fue restaurado y estudiado en el Prado en 1993, y se expuso con motivo de la adquisición del Cuaderno italiano en enero-marzo de 1994.

    Fundación Selgas-Fagalde

    La Fundación Selgas-Fagalde nace en 1991 como un referente para conocer la forma de vida de una de las familias que mejor han ilustrado el espíritu filantrópico e ilustrado de la época y como resultado de la inquebrantable voluntad de dos generaciones familiares que durante muchos años dedicaron su tiempo, sus conocimientos y sus recursos económicos a conseguir reunir un extraordinario patrimonio artístico. Así pues, el patronato de la Fundación tiene como misión la conservación de este legado cultural, manteniendo el sentido con el que fue concebido originalmente, y la divulgación de este patrimonio para ponerlo al servicio de la sociedad.

     
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