La Comunidad de Madrid impulsa la celebración de la gran exposición dedicada al paisaje romano que tendrá lugar en el Prado este verano

De derecha a izquierda, Plácido Arango, presidente del Real Patronato; Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid; Miguel Zugaza, director del Museo

De derecha a izquierda, Plácido Arango, presidente del Real Patronato; Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid; Miguel Zugaza, director del Museo

    La Comunidad de Madrid y el Museo del Prado han celebrado hoy el acto de firma del convenio de colaboración para la organización de uno de los proyectos expositivos más ambiciosos llevados a cabo por el Museo del Prado, en estrecha colaboración con el Museo del Louvre, que ha permitido reunir el conjunto de paisajes más importante presentado nunca bajo el título de “ROMA: Naturaleza e Ideal. Paisajes. 1600-1650”. Tras su paso por el Grand Palais de París, esta importante selección de obras mostrará también en Madrid, del el 5 de julio al 25 de septiembre, el nacimiento de este género hasta su pleno desarrollo, a través de figuras de capital importancia como Velázquez, Claudio de Lorena o Poussin.

    lunes 11 de abril de 2011

    El Museo del Prado y la Comunidad de Madrid han formalizado hoy la firma del convenio de colaboración con el que la comunidad autónoma madrileña se compromete a apoyar una vez más un importante proyecto del Museo.

    Durante el acto, en el que han participado el presidente del Real Patronato, Plácido Arango; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; el director del Museo, Miguel Zugaza; y el comisario de la exposición, Andrés Úbeda, se ha destacado la especial relevancia de esta exposición que pondrá de manifiesto la evolución del género pictórico del paisaje en Roma, desde su consideración como un género menor hasta convertirse en una pintura de prestigio reconocido, dotada de características específicas que señalan ya su singularidad como género.

    Desde el año 2004, la Comunidad de Madrid ha colaborado con el Museo del Prado en la organización de otros importantes proyectos expositivos como “El Retrato Español. Del Greco a Picasso” (2004), “El Palacio del Rey Planeta” (2005), “Dibujos españoles en la Hispanic Society. Del Siglo de Oro a Goya” (2006), “Tintoretto 1518-1594” (2007), “Goya en tiempos de guerra” (2008) la gran retrospectiva “Francis Bacon” (2009) o la dedicada a uno de los genios de la tradición romántica en Gran Bretaña, “Turner y los maestros” (2010).

    La exposición

    Hasta finales del siglo XVI, los paisajes fueron considerados un género menor por parte de los teóricos del arte y en ocasiones fue tratado como una especialidad relegada a los pintores que llegaron a Italia desde el norte de Europa. En Roma coincidieron diferentes tradiciones que durante el siglo XVI habían constituido las tendencias más significativas de este género pictórico: los paisajes arqueológicos de Polidoro da Caravaggio y Rafael, así como los fondos más naturalistas y poéticos de obras de Giorgione o Tiziano, que algunos de los grandes coleccionistas romanos mostraban con orgullo.

    Fue Annibale Carracci quien elaboró el prototipo del paisaje armónicamente estructurado, que a finales del siglo XVII mereció el calificativo de “clásico”. El ejemplo de Carracci fue posteriormente desarrollado por sus discípulos boloñeses, como Domenichino o Francesco Albani, quienes enriquecieron el género con referencias literarias. Paul Bril, por otro lado, aportó la creación de variantes como el paisaje marino, pequeñas escenas de género o paisajes con topografía precisa. De esta manera, él y otros artistas procedentes de Amberes, como Jan Brueghel o Sébastien Vrancx, modernizaron en Roma la tradición de la pintura de Amberes del siglo XVI a través del contacto con el paisaje italiano.

    Otro factor importante en el desarrollo de la pintura de paisaje reside en la presencia en Roma entre 1610 y 1620 del alemán Adam Elsheimer, quien introdujo en sus paisajes pequeños personajes y otros aspectos como referencias literarias, así como la tensión dramática propia de los grandes cuadros de historia. Su pasión por los efectos atmosféricos y las variaciones lumínicas constituyen un antecedente importante para el paisaje naturalista de Bartholomeus Breenbergh, Cornelis van Poelenburgh y Filippo Napoletano, que inspiraron también a pintores como Carlo Saraceni y Orazio Gentileschi, todos ellos presentes en la exposición a través de obras imprescindibles en sus respectivos catálogos.

     
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