Introducción
El pintor Napolitano Luca Giordano (1634- 1705) se enfrentó en el Casón del Buen Retiro a uno de los retos más importante de su carrera como decorador de enormes superficies murales. La misión de Giordano era decorar la bóveda del Salón de Embajadores, una superficie de 12 metros de ancho por 20 de largo. Su pintura debía ensalzar la monarquía en un momento de crisis política provocada en parte por la cuestión sucesoria, una vez que resultó evidente que el monarca Carlos II no iba a tener hijos. Durante su residencia en España entre 1692 y 1702, Giordano se convirtió en el pintor más relevante del final del reinado del que sería el último rey español de la Casa de los Austria.
"Sin duda que allí pensó este artífice
[Giordano] unir lo bello, lo grande, y lo
extraordinario, que cabalmente, son las
tres mejores calidades que desean las
nobles artes, y que inmortalizan a los
profesores que han sabido unirlas. No se
puede negar que esta obra, mirada en
todas sus circunstancias, es una de las
excelentes que se han ejecutado al
fresco, donde, desechada toda idea
trivial, puso Jordán la mira en la buena
disposición y en la nobleza, dando á la
obra cierta novedad, y armonía que a
todos sorprende"
Antonio Ponz, Viaje de España o
Cartas en que se da noticia de las cosas
más apreciables y dignas de saberse, que
hay en ella (1772-1794), 1947, t. VI, p.
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