Enciclopedia online
Tres Gracias, Las
[Rubens]
Hacia 1635, óleo sobre tabla, 221 x
181 cm [P1670].
Las tres Gracias es una de las
obras más características de Rubens,
tanto por tratarse de un cuadro de
asunto mitológico que muestra
desnudos femeninos y elementos
alegóricos, como por la sensación de
vida palpitante que emerge de las
carnaciones de las figuras, que el
pintor construye a base de tonos
superpuestos. El mito de las tres
Gracias (o Cárites, como se las
conocía en la antigua Grecia) surgió
en la Grecia arcaica e inspiró a
numerosos poetas y pintores durante
toda la Antigüedad y de nuevo durante
el renacimiento. Los significados que
esconde el mito son variados y
complejos. Las tres diosas entran en
la tradición escrita de mano de
Hesíodo, quien señala en la
Teogonía (siglo VIII a. C.)
que son hijas de Zeus y Eurínome,
hija del Océano. Las Gracias aparecen
en este texto como divinidades
asociadas a la belleza y al amor. En
la Ilíada y la Odisea
los dos grandes poemas épicos del
siglo VIII a. C., las Gracias se
vinculan con Afrodita, la diosa del
amor, y a través de ella quedan
asociadas al amor, la belleza, la
fecundidad y el deseo. Numerosas
fuentes se hacen eco de estos
significados a lo largo de la
historia, desde la poetisa Safo de
Lesbos en el siglo VII a. C. y
Píndaro en siglo V a. C., hasta
Horacio, Ovidio y Apuleyo en época
romana y numerosos poetas y
mitógrafos del renacimiento. Existe
otra lectura del mito, que data del
siglo IV a. C. y que fue popularizada
por autores como Aristóteles, y los
estoicos Crisipo y Séneca, y también
seguida en el renacimiento, según la
cual las tres diosas hermanas
representaban a la amistad, la
liberalidad y la reciprocidad. Rubens
es uno de los pintores que más
interés han demostrado por el mito de
las tres Gracias. Las diosas aparecen
en al menos nueve de sus cuadros y en
varios dibujos, en algunos casos como
protagonistas, como sucede en el
cuadro del Prado, y en otros como
figuras accesorias, como sucede en
El jardín del amor (Prado),
donde una estatua de las Gracias
aparece dentro del templete que
sirve de fondo a la escena
principal, o en el cuadro Los
horrores de la guerra (Galleria
Palatina, Palazzo Pitti, Florencia),
donde el dios Marte pisa un papel
arrugado en el que aparece un dibujo
que representa a las tres Gracias.
De todos estos cuadros, el más
ambicioso, tanto por su tamaño como
por el protagonismo que concede a las
diosas, es el que pertenece al Museo
el Prado. La forma en que Rubens
pinta a las diosas, unidas por los
brazos, con la central de espaldas y
las otras dos de perfil o de frente,
responde a la forma más popular de
representar el mito desde la
Antigüedad, que Rubens conoció a
través de copias romanas de
esculturas griegas. Las diosas se
sitúan en una naturaleza abundante y
floreciente que está poblada por
varios elementos simbólicos. En la
parte izquierda de la escena aparecen
unos ciervos, animales que con
frecuencia se utilizaban como
referencias al amor y al deseo (así
los utilizó por ejemplo Tiziano en
sus cuadros Venus recreándose con
el amor y la música y Venus
recreándose en la música, ambos
en el Prado, dos obras que Rubens
seguramente conoció). La guirnalda de
rosas que aparece por encima de las
Gracias contribuye a definir el
carácter primaveral de la naturaleza.
Además, las rosas se asociaban desde
la Antigüedad con el amor y con
Afrodita o Venus, la diosa que
presidía sobre él. La fuente situada
a la derecha de la composición es una
fuente del amor, que aparece en la
tradición literaria desde la
Antigüedad y que es uno de los
elementos que existen en el hogar
imaginario del amor. El surtidor
tiene forma de Cupido, el dios del
Amor, que está sujeto a una
cornucopia, un vaso con forma de
cuerno que el propio Rubens utilizó
en numerosos cuadros como símbolo de
la abundancia. A lo largo de la
historia de la pintura, especialmente
durante el renacimiento y el barroco,
las fuentes se pueden referir a un
amor carnal, que implica reproducción
y fecundidad. Así lo demuestra la
frecuente presencia de fuentes en
obras de Rubens y de otros artistas
que tratan temas relacionados con el
deseo y la seducción, como Susana
y los viejos o Diana y
Calisto. La presencia de todos
estos elementos en el cuadro indica
que en este caso las Gracias son
deidades que se asocian con el amor
y la fertilidad. Los ropajes que
aparecen en el cuadro colgados sobre
la rama de un árbol son ropajes
contemporáneos en lugar de ser de
tipo clásico. Los rostros de las
diosas, en especial el de la que se
sitúa a la izquierda de la escena, se
inspiran en la segunda esposa de
Rubens, Helena Fourment, con quien el
pintor contrajo matrimonio el 6 de
diciembre de 1630. La presencia en un
asunto mitológico de estos elementos
contemporáneos nos permite vincular
el tema del cuadro con la vida del
propio Rubens. Parece claro que el
cuadro se inspira en el amor que
sentía por su joven esposa, y que se
trata por tanto de un canto de
agradecimiento dedicado a su belleza
y su fertilidad. Se sabe poco de la
historia de esta obra. En base a su
estilo se suele fechar en torno a
1635-1640, pero ni se conoce la fecha
exacta ni el motivo por el que se
pintó. El hecho de estar realizado
sobre tabla puede indicar que Rubens
lo hizo para sí mismo: ese mismo
soporte tienen muchos de los retratos
que Rubens realizó de su familia en
los últimos años de su vida, cuadros
que, como éste, permanecieron en la
colección del pintor tras su muerte
(de haberse pintado con la intención
de exportarse lo habitual hubiese
sido utilizar un lienzo, un material
más fácil de transportar). Aunque
Las tres Gracias no aparece en
la única lista conocida de obras
compradas por el rey de España a los
herederos de Rubens, tras la muerte
del pintor en 1640, el cuadro está
documentado en la colección real
española, en el Alcázar de Madrid en
1666, lo que indica que debió de ser
adquirido por Felipe IV o bien en un
momento distinto de las demás
compras, o bien a un intermediario.
El cuadro permaneció en el Palacio
Real hasta que en el siglo XVIII
entró a formar parte de un grupo de
obras en las que los desnudos se
consideraron ofensivos y se trasladó
a la Real Academia de Bellas Artes
de San Fernando. Desde allí se llevó
al Prado en 1827, donde permanecería
por algunos años en la sala donde se
colgaron los cuadros de desnudos,
hasta que en 1839 se crearon las
nuevas salas de pintura flamenca. En
1997-1998 el cuadro de Las tres
Gracias fue objeto de una
profunda restauración en el taller
del Museo. Rocío Dávila fue la
responsable de restaurar la capa
pictórica, mientras que George
Bisacca y José de la Fuente fueron
los encargados del soporte de madera.
Alejandro Vergara
Bibliografía
- Cruzada Villaamil, Gregorio, Rubens diplomático español, Madrid, 1874, pp. 358-359.
- Díaz Padrón, Matías, El siglo de Rubens en el Museo del Prado. Catálogo razonado de pintura flamenca del siglo XVII, Barcelona, Editorial Prensa Ibérica, y Madrid, Museo del Prado, 1995, t. II, pp. 964-966, n.º 1670.
- Las tres Gracias de Rubens. Estudio técnico y restauración, cat. exp., Madrid, Museo del Prado, 1998.
- Rooses, Max, L'oeuvre de P. P. Rubens. Histoire et description de ses tableaux et dessins, Amberes, J. Maes, 1890, t. III, pp. 97-98, n.º 613.
- Vergara, Alejandro, Las tres Gracias de Rubens, Madrid, TF Editores, 2001.
- Vergara, Alejandro, The Presence of Rubens in Spain, tesis doctoral, Nueva York, Universidad, 1994, t. II, pp. 217-218, n.º A12.
© FUNDACIÓN AMIGOS DEL MUSEO DEL PRADO. Prohibida toda reproducción total o parcial.



