- Inicio
- Exposiciones
- En el museo
- El arte del poder. La Real Armería y el retrato de corte
- La exposición
- Secciones
- La ausencia de retratos armados en la segunda mitad del siglo XVI y su recuperación con Felipe III príncipe
La ausencia de retratos armados en la segunda mitad del siglo XVI y su recuperación con Felipe III príncipe
La segunda de las secciones plantea el cambio de actitud de Felipe II hacia la imagen armada proyectada hasta entonces. El gusto del rey se inclinará por la imagen clásica a la romana de connotaciones heroicas o por el vestido de corte excepto en las composiciones relacionadas con la batalla de Lepanto. Estos conceptos se ilustran con los Juegos de parada de Felipe II, una armadura de parada en paralelo a la escultura de Leone Leoni y la Celada de Alí Bajá, trofeo de la batalla de Lepanto junto a la obra de Tiziano encargada con motivo de esta victoria.
Tras el cese de la comisión de armaduras para el servicio real durante gran parte del reinado de Felipe II, la incertidumbre causada por la incógnita de la supervivencia de Felipe III como último posible heredero en la sucesión dinástica provocará el renacimiento de este género reflejado en una serie de retratos armados asociados a su jura como Príncipe de Asturias como se refleja en las obras de Pantoja de la Cruz y Justus Tiel junto a las armaduras infantiles de Lucio Marliani y Pompeo Della Cesa. Esta tradición se mantendrá durante el reinado de Felipe IV en obras como Retrato de Felipe IV junto a dos servidores de Gaspar de Crayer donde es representado con la armadura de parada enviada en 1626 por Isabel Clara Eugenia.













