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El examen póstumo de su estudio ha confirmado el gran valor que tuvo para Bacon el uso y la manipulación de imágenes fotográficas. Esa costumbre era ya conocida gracias a los montajes que en 1950 registró el crítico Sam Hunter. El material empleado, en muchos casos unido por el tema de la violencia, abarcaba imágenes de lucha armada, caza mayor, atletas, fotogramas de películas y obras de arte.
Una revelación importante que siguió a la muerte del artista fue el hallazgo de listas de posibles asuntos y de dibujos preparatorios, aunque Bacon siempre había negado que los hiciera. Durante toda su vida hizo hincapié en la naturaleza espontánea de su obra, pero esos materiales revelan que por debajo del azar existía una planificación.
La fotografía suministró a Bacon un léxico de posturas. Aunque su recurso más frecuente fueron los estudios del movimiento humano y animal de Eadweard Muybridge (1830-1904), cuyas imágenes combinó con figuras de Miguel Ángel, siempre se interesó por conseguir fotografías del cuerpo en distintas posiciones.
Otro aspecto de su trabajo previo fue el encargo de fotografías de su círculo de amigos al fotógrafo John Deakin (1912-1972). Los resultados –juntamente con los autorretratos, las tiras de fotomatón y las fotografías tomadas por él mismo– serían elementos de apoyo importantes en su tránsito de la representación genérica del cuerpo humano al retrato de personas concretas.













