III. 1900: el Grand Prix de la Exposición Universal
¡Triste herencia! supuso para
Sorolla su consagración definitiva en
París y significó su absoluta
consolidación en el mercado
internacional. La gran repercusión de
esta obra, con la que obtuvo el Grand
Prix de la Exposición Universal de 1900,
le convirtió en el pintor español de
mayor éxito de su tiempo. Todo ello
confirmaba la validez de las
proposiciones artísticas planteadas en
este cuadro, un arte sincero con la
naturaleza que exploraba –ya sin
reservas– la orilla del mar como
escenario predilecto de sus pinturas.
Así, a partir de este momento es
perceptible un cambio en la factura de su
obra. Obras como Remendando las
redes permiten constatar como sus
pinceladas se vuelven ahora más abiertas
y enérgicas, en busca de una mayor
veracidad del efecto de luz.
La Preparación de la pasa
constata ese avance plástico hacia una
modernidad mucho más atrevida, en la que
las preocupaciones sociales de los
argumentos quedan ya supeditadas a la
pura expresión de una imagen y su
encuadre.
Madre representa la irrupción de
una iconografía marcadamente intimista,
ligada a los aspectos más privados de la
vida de Sorolla, que comienzan a
convertirse en imágenes habituales dentro
de su obra y a las que, después de su
triunfo, se aferraría el artista hasta el
final de su carrera.




