VIII. Hacia 1915. Regreso a su orden artístico
La obra madura de Sorolla culminó sus
afanes de libertad creadora, desentendida
de cualquier límite expresivo. Sin dejar
de ser fi el a la defi nición realista de
su arte, desplegó entonces sus obras más
atrevidas, en las que la ejecución
material se antepone a cualquier otro
aspecto. La siesta es el ejemplo más
marcado de ese afán de independencia
plástica. A esa misma experiencia
estética tan audaz pertenece el retrato
de Louis Comfort Tiffany, en el que
Sorolla jugó con el tratamiento del
paisaje del fondo para identificar más
claramente la personalidad del
retratado.
Pero en los últimos años de su vida
Sorolla abandonó esa via experimental que
representa La siesta y, hacia 1915,
regresó a su propio orden artístico. En
la campaña de ese verano su arte adquiere
un tono monumental y rotundo que se
intuye en las Barcas varadas en la
playa, cuyas velas –de una tersura
pétrea– ondean hasta salirse de la
perspectiva del propio lienzo. La
culminación de su arte se halla en la
presencia sensual y pagana de La bata
rosa, en la que el escultural físico
de una figura femenina queda rotundamente
humanizado por el tratamiento de la luz
con un realismo plenamente moderno.




