Naturalismo
En las primeras décadas del siglo XVII, e impulsado por artistas como Caravaggio, se extendió por Europa un movimiento pictórico que reivindicaba la realidad como materia fundamental de la pintura, y utilizaba la técnica claroscurista como instrumento principal para describir esa “realidad”. Es el Naturalismo, una de las corrientes pictóricas que tuvieron un carácter más internacional. El lenguaje naturalista se extendió por Iberoamérica durante las décadas centrales del siglo e interesó a la mayor parte de los pintores activos entonces.
En esta sección se muestran dos facetas de ese fenómeno. La incredulidad de Santo Tomás se organiza mediante una composición cercana a modelos queridos por los caravaggistas activos en Roma en la segunda década de siglo, como Ribera. Es obra realizada en 1643 por Sebastián López de Arteaga, un sevillano discípulo de Zurbarán que se estableció en México en 1640. Su maestro fue uno de los más importantes difusores del lenguaje naturalista en Iberoamérica, a través de pinturas que realizaba expresamente para instituciones religiosas, como el apostolado destinado al convento de San Francisco de Lima, al que pertenece Santiago el Mayor.















