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La gran influencia que Turner ejerció durante el siglo XIX, como uno de los cauces más relevantes en la modernización del paisaje gracias a la novedad de sus concepciones, se ve avalada por el profundo estudio que realizó de los maestros antiguos. Así, ya desde los inicios de su trayectoria, la necesidad de una formación amplia incluía el conocimiento tanto de la gran pintura anterior como de la de su tiempo. En la creación de su propio estilo desempeñaron un papel relevante tanto la gran pintura veneciana del siglo XVI (Tiziano, Veronés) como, sobre todo, el paisaje clasicista francés (Claudio de Lorena, Poussin), cuyos ejemplos siguió el artista de modo muy próximo. A esa doble tradición, muy apreciada en lo círculos académicos británicos, el artista sumó la influencia de la pintura del norte, tanto de la escuela holandesa (Rembrandt y Ruysdael entre otros), como de la flamenca (Rubens, Teniers), y de Watteau y otros pintores británicos ya próximos, como Gainsborough y Wilkie.
Por otra parte, el interés de Turner hacia la pintura antigua le llevó a rendir homenajes explícitos a algunos artistas destacados, como Rafael, Ruysdael, Watteau y Canaletto introduciendo explícitamente sus asuntos en sus cuadros o haciéndoles protagonistas de ellos. Especial relevancia tiene también, a lo largo de la trayectoria de Turner, la propia comparación con los artistas de su tiempo, con los que se midió en las exposiciones de la Royal Academy, apreciándose esa confrontación de forma muy significativa respecto a otro gran paisajista británico, John Constable.
Finalmente, el propio Turner realizó, al final de su carrera, obras en las que la profundización de su propia trayectoria sobre la doble influencia del paisaje clasicista (Claudio de Lorena) y del naturalismo holandés (Ruysdael) le llevó a una extrema intensidad pictórica que consigue una verdadera transformación del arte del paisaje.













