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Al comienzo de la intervención en octubre de 2010, la obra presentaba gran acumulación de suciedad superficial, típica de haber estado expuesta durante un largo periodo de tiempo. Además, presentaba sustancias grasas y restos de protección de cera que habían ayudado a aglutinar el polvo y otras partículas sólidas.
La obra está formada por multitud de fragmentos, algunos originales y otros de reposición. Esta es una particularidad que encontramos muy frecuentemente en nuestra colección de escultura clásica, especialmente en las obras que proceden de colección real. En este caso, las reconstrucciones son del siglo XVII, correspondientes a la fecha de recomposición realizada por el taller de Gianlorenzo Bernini. Son añadidos de calidad y representan un documento histórico del gusto y criterio de restauración de épocas pasadas cunado imperaba el criterio de la reconstrucción completa de las obras.
Cada uno de los fragmentos que forman la escultura de Ariadna, originales o de reposición, generaba una junta de unión que creaba visualmente líneas oscuras cuya presencia impedía la lectura de la obra de forma unitaria.
Las faltas de volumen que presentaba la obra no son significativas. Destacan los dedos de pies y manos, además de pequeñas roturas en los pliegues del ropaje y los huecos que se encontraban la parte posterior en la zona de piezas recolocadas.
En el montaje anterior había un apoyo realizado en poliéster para cerrar los espacios laterales.
















