Retrato de un cardenal que se ha
identificado con los cardenales Alidosi,
Bibbiena, Cybo o Trivulzio.
Esta obra fue pintada en Roma, momento en el
que
Rafael culminó su capacidad para pintar
las personas más reales de lo que son, que le
reconocían sus contemporáneos.
La composición deriva de la
Gioconda
de Leonardo da Vinci, pues en ambos casos el
modelo aparece sentado, formando un triángulo
con su cuerpo y su brazo. Resultan
especialmente sorprendentes los contrastes
cromáticos entre el brillante rojo del
capelo, la manga blanca y el rostro del
cardenal, gracias al uso de las luces. Esta
característica y la minuciosidad de la
pincelada otorgan un carácter tridimensional
al retratado, que deja vislumbrar el interés
por la escultura que Rafael tenía en esos
años.
Esta obra fue adquirida por
Carlos IV (1748-1819) en Roma siendo aún
príncipe.