El cuadro narra el sueño misterioso del
patriarca Jacob, según relata el Génesis,
quien aparece dormido, recostado sobre el
brazo izquierdo. Detrás de él se encuentra un
árbol y al otro lado la escala de luz por la
que suben y bajan los ángeles.
El asunto muestra la capacidad técnica de
Ribera para construir un discurso
metafórico. A través de la representación de
un pastor tendido a descansar en el campo
describe uno de los episodios bíblicos más
conocidos. La visión en primer plano del
personaje sólidamente construido y los rasgos
realistas de la escena sirven para hacer
verídico el sueño milagroso, que se describe
en un haz de luz bajo un cielo azul y
gris.
Ribera da aquí una de sus numerosas pruebas
de su delicado sentido del color y su
exquisita capacidad para la composición, al
contraponer en diagonal los volúmenes del
primer plano.
Probablemente se trate de uno de los cuadros
que se citan en 1658 en el inventario de don
Jerónimo de la Torre, permaneciendo en poder
de su familia hasta 1718. En 1746 reapareció
entre las pinturas de la reina
Isabel de Farnesio con atribución a
Murillo.