Las Gracias, descritas en la
Teogonía
de Hesiodo, eran tres: Aglaya, que significa
resplandeciente, Eufrósine, que quiere decir
gozosa y Talía, que significa floreciente.
Nacidas de uno de los amores de Zeus, las
tres Gracias eran vírgenes puras que vivían
con los dioses, asistían a los banquetes y
despertaban la alegría de vivir. Estaban al
servicio de Afrodita, la diosa del amor y
nunca conocían el aburrimiento.
Rubens las representó junto a una fuente,
bajo una guirnalda de flores y ante un fondo
de paisaje. Las figuras están inspiradas en
la escultura clásica, visible en la intención
de reproducir la frialdad del mármol en sus
carnes. El ritmo circular y la elegante
ondulación son características habituales en
el artista, aspectos que se unen a las formas
grandilocuentes y los colores cálidos que
incorpora el pintor en las obras de sus
últimos años.
La figura de la izquierda está directamente
inspirada en la segunda esposa del artista,
Helène Fourment.
La obra pintada poco después de su
matrimonio evidencia la felicidad vital del
artista que se traduce en la sensualidad de
sus pinturas de este momento. Permaneció
en poder del propio pintor hasta su
muerte en 1640, siendo después adquirida para
Felipe IV y llevada a España.