En mayo del año 1808, comenzó la Guerra de la Independencia en España.
Los españoles se rebelaron contra el ejército francés de Napoleón, se negaron a obedecerlo.
Como respuesta, los franceses fusilaron a muchos de los que participaron en esa lucha.
Goya pintó la escena de uno de los fusilamientos de esa noche.
Él coloca a los dos grupos de personajes enfrentados.
A la derecha del cuadro hay un grupo de soldados.
Es el pelotón de fusilamiento vestido con sus capotes grises, unos abrigos en forma de capa con mangas.
Todos los soldados están en perfecta formación para disparar.
Goya no muestra el rostro de ninguno de ellos.
Quiere mostrar a los soldados como máquinas de matar.
A la izquierda del cuadro, están los hombres que van a morir.
Goya los pintó con expresiones diferentes, pero todos tienen miedo.
Unos hombres están con la cabeza baja y aceptan que van a morir, otros se tapan la cara porque no lo pueden soportar.
En el centro del grupo de víctimas, un hombre con una camisa blanca alza los brazos.
Su cara es de horror y suplica por su vida.
El gesto, la posición y la expresión imitan a Cristo crucificado.
La lámpara del suelo, situada frente al hombre de blanco, ilumina a todo el grupo y hace que la situación se sienta más horrorosa todavía.