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Borgoña, Juan de

act.1495 - Toledo, 1534

De origen borgoñón, tuvo contactos con la escuela toscana y trabajó en Toledo entre 1495 y 1535. Sus principales obras se conservan en la Catedral de Toledo y en la de Ávila.
Es uno de los maestros más importantes que trabajan en España a comienzos del siglo XVI. Su apor­tación resultó decisiva en la introducción del renacimiento en Castilla, con su trabajo en Toledo, donde ciertamente modificó el clima estético de la ciudad. Su nombre indica una procedencia norteña y, aunque alguien le su­puso hermano del escultor Felipe ­Bigarny, no hay prueba alguna. Por la obra que desarrolló posteriormente, se piensa en una estancia en Italia, con claras reminiscencias de la Toscana y la Umbría, que no ha podido ser documentada. Aparece por vez primera en 1495, trabajando en el claustro de la catedral de Toledo, donde pintó la escena de la Visitación y varios escudos. Aunque su labor tuvo como constante epicentro la catedral de Toledo, el reconocimiento adquirido con los años le hizo acometer empresas en la zona central de España. Así se le demandaron obras en Madrid, Cuenca, Guadalajara o Salamanca, por lo que debió contar con un gran taller -en el que trabajó su hijo Juan de Borgoña el Joven- que en ocasiones ha dado lugar a problemas de atribución. Entre 1509 y 1511 llevó a cabo su obra más valorada: la decoración de la sala capitular de la catedral toledana. Aquí realizaría uno de los conjuntos más conseguidos del primer rena­cimiento español, con frescos a la manera italiana que se abren a un espacio ilusionista de arquitecturas y espesos paisajes al fondo. Todo ello se ha relacionado con artistas como Ghirlandaio, con quien también se han puesto en contacto los detalles naturalistas y decorativos de las plantas y los floreros de la antesala. La sensibilidad flamenca que también se ha querido ver en Borgoña se muestra a su vez en algunos de los frescos, como el que muestra el Calvario, de un mayor sentido dramático quizá demandado por el gusto autóctono, más relacionado hasta ese momento con la tradición nórdica. Los frescos de la sala capitular tuvieron su continuación en los de la capilla mozárabe de la misma catedral en 1514, donde la narración de la campaña de Orán del cardenal Cisneros adquiere unos valores históricos y descriptivos. Se conocen otros trabajos posteriores de importancia, los retablos de Camarena (1517) o Pastrana (1518), su labor en la Universidad de Alcalá (1519) o la Trinidad del altar mayor de la catedral de Toledo. La mayoría de sus obras en el Museo del Prado tienen problemas de atribución. Solo La Magdalena y tres santos dominicos, de plena etapa de madurez del pintor, adquirida en 1966 de la colección Yakichiro, es obra reconocida por todos los expertos. Se trata de uno de los dos fragmentos, el otro en el Louvre, que sirvieron de fondo a un Cristo en la cruz.
(García López, D., E.M.N.P., 2006, T.II, págs. 533-544)

Obras (1)

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