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Luna y Novicio, Juan

Badoc, Filipinas, 24.10.1857 - Hong-Kong, China, 7.12.1899

Educado según los criterios nacionales de perfeccionamiento práctico, de contemplación de los modelos históricos y de noble competición artística, su producción encaja a la medida en el sistema artístico de promoción de los pintores de la Restauración (1874-1931).
En contra de lo que se afirma en algunas de sus biografías, es posible que Luna llegase a España a mediados del año 1871, pues se conserva un registro documental a su nombre en el archivo del Museo del Prado como copista en octubre de ese mismo año. Fue en estos momentos de su llegada a Madrid cuando debió de establecer su admiración por Eduardo Rosales (1836-1873), que si bien no tuvo ninguna trascendencia biográfica -pues siempre se reconocería como discípulo de Alejo Vera (1834-1923)-, desde luego que le marcó hondamente en su forma de comprender la pintura, así como también en cuanto a su proyección artística como pintor. Dicha relación admirativa debió de ser determinante, puesto que ofrece una explicación concreta sobre su fácil inserción en el panorama madrileño, y es coherente con la importancia que tuvo en su currículo el contacto con Vera, íntimo amigo de Rosales. Sólo una relación fuertemente establecida entre alumno y discípulo, justificaría que Vera se llevara al joven filipino a Roma consigo, corriendo el maestro con todos los gastos cuando se convirtió en pensionado de la Academia de España en esa capital, en 1878 y que el segundo se insertara tan rápidamente en el ambiente de artistas españoles que allí conoció de su mano.
En Roma, Luna permaneció después de la marcha de Vera, junto a la familia Benlliure, y en aquella ciudad conoció y exploró uno de los argumentos constantes en la primera década de su producción, del que cabe subrayar la interpretación política que le ofrecía. Para un filipino ilustrado como Luna, las imágenes de la decadencia del imperio romano se convirtieron rápidamente en un argumento de fácil palimpsesto para su propia ideología política, caracterizada a priori por una reivindicación de mayor atención sobre el papel de Filipinas en el contexto de lo español. Algunas de las obras que realizó entonces son la lógica consecuencia de su formación junto a Vera, como "La belleza feliz y la esclava ciega" que presentó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1881; inspirada por un libro de moda en toda Europa y con una enorme repercusión entre los pintores españoles, "Los últimos días de Pompeya", de Bulwer Litton.
En ese año fue su primera comparecencia pública en un sistema premial instituido por Isabel II en España que ofrecía a los artistas premios y reconocimientos y les concedía la posibilidad de visibilizar sus trabajos y acceder a una clientela comprometida con el progreso, como sucedía en otras partes de Europa y de América.
La obra principal que presentó a esa Exposición Nacional, "Cleopatra" (Museo del Prado, P6354), inspirada en un fragmento de la vida de Marco Antonio del famoso texto de Plutarco "Vidas paralelas", narra el final de la reina de Egipto. Fue premiada con una medalla de segunda clase, lo cual fue a su vez motivo de que Luna recibiese entonces una pensión.
"Spoliarium" (Manila, Museo Nacional de Filipinas) fue la única obra que el artista presentó en la Nacional de 1884, y constituyó un verdadero escándalo y al mismo tiempo su mayor éxito, capaz de hacer correr ríos de tinta sobre la pertinencia de la obra, su mérito y sus defectos. La pintura está preparada en la Ciudad Eterna e inspirada en "Roma en el siglo de Augusto", de Charles Dezobry, y en la visión de los gladiadores romanos ofrecida por Severo Catalina, según recogió el catálogo de dicha muestra, en sendos fragmentos literarios señalados por el autor del cuadro. Representa uno de los aspectos que más polémicos resultaron de esa conocida lectura histórica, esto es, el destino que esperaba a los gladiadores que habían perdido, después del espectáculo.
En ese mismo año el artista contrajo matrimonio con Paz Pardo de Tavera, hermana de dos de sus amigos, y al siguiente nació el primogénito de la pareja, Andrés. Instalados en un apartamento del boulevard Pereire de París, Luna acabó allí el encargo más destacado que le sobrevino tras el protagonismo público que había supuesto su éxito con "Spoliarium". Por la alta suma de 30.000 reales, el Gobierno solicitó del artista que representara, en grandes dimensiones, el "Combate Naval de Lepanto, 7 de octubre de 1571" (Madrid, Palacio del Senado de España), con el que parecía cerrarse, solo aparentemente, su interés por las grandes composiciones históricas. Destinado a un conjunto decorativo sustancial para la cultura artística de la Restauración para el Reino de España, que se llevó a cabo de manera subsiguiente y complementaria a la decoración de la Basílica de San Francisco el Grande, el otro punto de interés del arte contemporáneo de esos años, su cuadro debía tratar uno de los episodios más gloriosos del pasado militar español, por lo que puede decirse que el artista recibió una consideración de primer nivel nacional, devenida de su éxito anterior, que le convirtió en el único pintor extrapeninsular implicado en esos dos grandes conjuntos emprendidos por el Estado. La entrega en Madrid de esa pintura coincidió con el segundo premio, en el salón de París de 1887, al cuadro de "Spoliarium", lo que le confirmó como uno de los grandes nombres del arte español de su tiempo.
En 1888, el matrimonio Luna se instaló en un cómodo apartamento en la parisina rue Pergolese, en lo que supone su afianzamiento en el ambiente independiente de la burguesía cosmopolita de la capital francesa. Luna se dedicó a partir de entonces a realizar pinturas para el mercado internacional, con relativo éxito, y pronto comenzaron a requerirlo, sobre todo, clientes hispanofilipinos, o españoles, aunque poco a poco sus miras de mercado fueron ampliándose.
La siguiente comparecencia de Luna en una exposición Nacional de Bellas Artes fue en 1890, con dos pinturas muy distintas entre sí. Extrañamente, el artista no se presentó, como era costumbre, con una gran pintura que afianzara su crédito. Por un lado llevó "Le Chiffonière", que representaba en grandes dimensiones la figura de un trapero de París y por otro lado "El thé", en el que una bella muchacha se relajaba en un suntuoso interior con esa excitante bebida. La crítica no aceptó bien ese doble viraje desde las grandes composiciones históricas, lo que le hizo pasar desapercibido, sin apenas ser mencionado y los pocos que aludieron al pintor en Madrid criticaron sus argumentos y su estilo.
La última comparecencia en una exposición organizada por el Estado español de Juan Luna y Novicio se produjo en 1892 y resultó igualmente aciaga. A la muestra de ese año, que por coincidir con el cuarto centenario del Descubrimiento de América tuvo un carácter internacional, el artista llevó cuatro pinturas muy distintas entre sí, en un último intento de aquilatar un prestigio que había visto tambalear con el cuadro de Lepanto y que, en términos académicos no parecía asentarse. El conocido episodio que Luna protagonizó contra su esposa y su suegra -pues disparó a muerte contra ambas, hiriendo severamente también a su cuñado- empañó su comparecencia, pues la crítica se interesó mucho más en la marcha del juico público en París que por el talento de sus pinturas.
De regreso a Madrid dirigió la decoración, junto a Servando Corrales, del Pabellón Filipino de la Exposición Histórico Natural y Etnográfica de 1893 consecuencia de la reunificación de las exposiciones históricas promovidas para el centenario americanista del año anterior. Esa participación fue relevante, porque la instalación se confió a filipinos como Luna y como Paterno y el resultado fue muy distinto a la exposición del año 1887. El pintor después se instaló temporalmente en el País Vasco con ayuda de Víctor Chávarri (1854-1900), desde donde intentó que se le nombrara director de la Escuela de Artes y Oficios de Manila, sin éxito. El artista consiguió del Gobierno que se le nombrara tan sólo profesor interino de Modelado y Vaciado de dicha institución el 17 de julio de 1893, pero renunció a continuación, aduciendo que debía atender sus compromisos artísticos en la Corte, aunque en realidad no quiso que un artista de su prestigio quedara supeditado al mandato de otros pintores menores; asumió su plaza Vicente Francisco en 1894.
Luna se instaló entonces por su cuenta en Filipinas de nuevo en mayo de 1894 y su nombre fue dando cada vez menos noticias sobre arte y comenzó a mezclarse, confundido a veces con el de su hermano Antonio, con los asuntos de la política de esos cruciales momentos. Por error, se le relaciona con las revueltas de Katipunán, en las que efectivamente participó su hermano, y después ya de la independencia del archipiélago, la prensa española fue dando puntuales datos sobre sus gestiones como diplomático al servicio del nuevo Gobierno de Filipinas, en las que se entonaría su relación con España. La noticia de su muerte llegó a Madrid a finales de enero de 1900: "Cuanto fué, cuanto valía Luna lo debió á España, que le prodigó sin tasa sus favores. Se educó en Madrid, y de aquí salió pensionado para Roma. A estas generosidades correspondió el artista con la ingratitud". Otro periodista añadió a continuación: "Cuando pase algún tiempo, su ingratitud para con una nación más desventurada que mal intencionada, pasará al olvido. Y de él quedarán sus hermosos Dafnis y Cloe, La esclava egipcia, Muerte de Cleopatra, La batalla de Lepanto, y sobre todo, el Spoliarium" (G. Navarro, Carlos: Juan Luna's cursus honorum in Spain: Laurels and Thorns', en Between Worlds: Raden Saleh and Juan Luna, National Gallery Singapore, 2017, pp. 124-131).

Obras (5)

Retrato de hombre
Óleo sobre lienzo, 1877
Luna y Novicio, Juan
Cleopatra
Óleo sobre lienzo, 1881
Luna y Novicio, Juan
Marina (Pazos)
Óleo sobre lienzo, 1887
Luna y Novicio, Juan
Víctor Balaguer
Óleo sobre lienzo, 1888
Luna y Novicio, Juan
España llevando a la gloria a Filipinas
Óleo sobre lienzo, 1888
Luna y Novicio, Juan

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