Sala Errazu en el Museo del Prado, 1905. Archivo Moreno, IPCE, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Salón con parte de la colección Bosch, antes de su traslado al Museo del Prado. Archivo Moreno, IPCE, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Salas Fernández-Durán en el Museo del Prado, 1931

Salas Fernández-Durán en el Museo del Prado, 1931

Salas Fernández-Durán en el Museo del Prado, 1931

Sala Haes en el Museo de Arte Moderno, 1900

Sala del Casón del Buen Retiro con el Guernica instalado, 1981

El origen de las colecciones del Museo del Prado en la Colección Real es de sobra conocido, pero no tanto que sus fondos se ampliaron al fusionarse con los de otros museos del Estado; en 1872, con el Museo de la Trinidad, y en 1971, con el Museo de Arte Moderno. Junto a estos tres grandes núcleos cerrados, la colección del Prado ha continuado incrementándose a lo largo de su existencia gracias a las adquisiciones públicas y a la participación de la sociedad civil a través de legados, donaciones y nuevas fórmulas jurídicas recogidas en la Ley de Patrimonio Histórico español desde 1985.

En la actualidad, la colección del Museo del Prado supera los 28.000 objetos artísticos, de los cuales, aproximadamente un 20% procede de la generosidad de numerosas personas físicas y jurídicas que han contribuido a enriquecer el Museo del Prado, completando sus colecciones o incorporando obras de escuelas no representadas o con mínima representación . El resultado es una notable presencia de pintura, sobre todo de la escuela española, seguida de dibujos y estampas; en este sentido, la colección de Goya, es una de las más favorecidas por las donaciones y legados, tanto en pintura como en obra sobre papel. A ellas, se suman los objetos de artes decorativas, medallas, monedas, fondos bibliográficos y de archivo, que superan a los donativos de escultura, con diferencia, los menos numerosos.

La falta de una sólida tradición de coleccionismo y mecenazgo en España sigue siendo una constante en el panorama cultural español, a pesar de los esfuerzos realizados en los siglos precedentes por corregir esta carencia. Aún hoy en día, se continúa solicitando desde diversas instancias la ampliación del corpus jurídico que beneficia su práctica, al mismo tiempo que se consolida una adecuada protección del patrimonio histórico.

Las primeras donaciones al Museo del Prado se hicieron en el entorno de la corona o carecieron de calidad y de vinculación con el contenido del Museo. Sin embargo, en las últimas décadas del siglo XIX aparecen las primeras figuras de eruditos y estudiosos con sensibilidad artística y capacidad económica para impulsar este tipo de iniciativas. Así, entre las veinticinco donaciones y legados que recibe el Museo en ese período, conviene destacar por su importancia las donaciones de las Pinturas Negras, de Goya, por el Barón d’ Erlanger en 1881, y de la duquesa de Pastrana en 1889, en la que figuran buenos ejemplos de pintura española o los bocetos de Rubens para las pinturas de la Torre de la Parada. Inaugurando el siglo XX, llega el notable legado de Ramón de Errazu, integrado fundamentalmente por pintura española del siglo XIX, con obras de Fortuny, Madrazo y Rico, y en 1906, ingresaron gracias al legado de la duquesa de Villahermosa, los retratos de Don Diego de Corral y Arellano y Doña Antonia de Ipeñarrieta y Galdós, y su hijo don Luis de Velázquez.

Un hito de singular importancia en el intento de corregir la escasa "compenetración" entre el Museo, la Administración y los ciudadanos, fue la creación del Patronato del Museo en 1912, y aunque su labor no tuvo los resultados esperados, en los años posteriores aumentaron el número y la calidad de los donativos, comenzando por la excelente disposición de los propios patronos. Es el caso de Pablo Bosch, que en 1915 hacía al Museo heredero de su colección de pinturas, monedas y de una nutrida colección de medallas con la intención “…No de pueril vanidad, sino porque sirva de ejemplo y estímulo, … que por un plazo de veinticinco años, por lo menos, se exhiban todos juntos en una sala o varias contiguas, según su capacidad, sala o salas a las que se pondrá mi nombre…”. El patronato aceptó la donación y dispuso dos salas de la planta baja en el cuerpo sur del edificio , que se inauguraron el 13 de diciembre de 1916, para cuya instalación don Pablo había dejado 25.000 pesetas, cantidad muy respetable para la época. Gracias al este legado ingresaron en el Museo importantes pinturas del gótico español, del Greco, Morales, Cano o Goya, y una selecta colección de medallas.

El Museo no recibirá otra donación tan importante hasta los años treinta, con el legado de Pedro Fernández Durán, de la colección que había reunido a lo largo de su vida. Heterogénea y desigual, estaba integrada por pintura, escultura, dibujos, porcelanas y cerámicas, vidrios, tapices y telas bordadas, armas y armaduras, muebles, marfiles y miniaturas. La colección de dibujos, con cerca de 2.800 ejemplares, es la primera y más extensa de todas las recibidas por el Museo, y supuso la entrada de artistas no españoles en la colección de obra sobre papel; la de pintura, en torno a 90 obras, contiene entre las más relevantes obras de Goya, Morales y van der Weyden. El 18 de junio de 1931 quedaba instalada en unas salas situadas en la segunda planta en el cuerpo norte del edificio Villanueva, dispuestas a medio camino entre las de un museo y el ambiente de una casa particular. Tres años más tarde, la duquesa viuda de Tarifa hacía entrega al Museo de obras tan singulares como El cambista y su mujer de Marinus Claeszon van Reymerswaele, los retratos de Felipe III y Margarita de Austria de Pantoja de la Cruz, y un retrato de Maria Luisa de Parma de Mengs.

Declarada ya la guerra civil, fallece el XIV Duque de Lerma que había testado a favor del Museo del Prado, y al finalizar la contienda tiene lugar una de las donaciones de mayor trascendencia para el Museo, la del político Francisco Cambó, auténtico ejemplo de coleccionista que dedicó parte de su fortuna a “conseguir para España un complemento de lo que es en pintura la colección formidable del Museo del Prado”. En 1941, legaba al Prado obras de su colección de pintura italiana del primer Renacimiento, escuela que hasta ese momento, no se encontraba representada en sus colecciones. Además, Cambó donó uno de los dos bodegones de Zurbarán que posee el Museo.

En las décadas posteriores, llegaron las donaciones de los historiadores del arte, como Juan Allende Salazar, Enrique Lafuente Ferrari, Pedro Beroqui, Manuel Gómez Moreno o Tomás Harris, esta última con más de cien estampas pertenecientes a las series de los Caprichos, la Tauromaquia, los Disparates y los Desastres, y las de los artistas que habían realizado donaciones al extinto Museo de Arte Moderno. En este sentido, merece la pena reseñar la donación de la viuda de Mariano Fortuny y Madrazo, y la de un importante número de paisajes de Carlos de Haes que habían donado a su muerte sus discípulos, encabezados por el pintor ilerdense Jaime Morera, que constituye el principal origen de la extraordinaria colección del pintor que conserva el Museo.

El inicio de la democracia en España trajo de vuelta el Guernica y con él, el legado Picasso en 1981 cuya trascendencia supera el ámbito del Museo del Prado. En esta época ingresaron también en el Museo artistas contemporáneos de Picasso de la mano del coleccionista e historiador del arte Douglas Cooper y de la viuda de Joan Miró, trasladadas en 1992 al Museo Reina Sofía en virtud de la nueva reordenación de colecciones entre ambas instituciones.

Algunas donaciones y legados tuvieron carácter exclusivamente pecuniario como la del Duque de Cartagena (1930), Duque de Alba (1956), y José Mª Giner Pantoja (1979), pero por su magnitud destaca el excepcional legado de Manuel Villaescusa en los años noventa del pasado siglo, que permitió al Museo la adquisición de importantes obras como el Autorretrato de 1795, Cuaderno italiano, Vuelo de Brujas, y La condesa de Chinchón de Goya; La Fábula del Greco; el Bodegón de Sánchez Cotán; El ciego tocando la zanfonía de Georges de La Tour, y dibujos de maestros españoles del siglo XVII como Carducho, Murillo, Ribera, y Carreño. El siglo XXI, se inicia con la donación de la Marquesa de Balboa, de obras de José y Federico de Madrazo y dos estupendos Tiépolo.

Una de las instituciones que han participado de forma notable en el incremento de la colección del Museo ha sido la Fundación de Amigos, que ha hecho entrega al Museo entre otras de: La condesa de Santovenia de Rosales (1982), Retrato de enano de Juan van der Hamen, Retrato de Aureliano de Beruete y Moret de Sorolla, y dibujos de Murillo, Herrera el Viejo, José del Castillo y Fortuny. Su última donación ha sido en 2011, con la Visita de la reina María Amalia de Sajonia al Arco de Trajano en Benevento de A. Joli. Gracias a la Fundación, el Museo ha recibido también obras de artistas contemporáneos, ejemplo que ha tenido continuidad en los últimos años gracias a los proyectos expositivos con artistas vivos en los que el Prado ha incorporado otras miradas de la colección: Thomas Struth (2008), Richard Hamilton (2010), Francesco Jodice (2012) y Eduardo Arroyo (2012).

En cuanto a los donativos de escultura puede destacarse la donación de Mario de Zayas en 1944, con ejemplares egipcios y copias grecorromanas, y la del Conde de las Infantas en 1962, consistente en las esculturas de Epimeteo y Pandora del Greco. Más recientemente, en el año 2000, tuvo lugar la donación de veinte esculturas grecorromanas de la colección Claudio Bravo.

Si enriquecer la colección artística del Museo ha sido el principal motivo de las donaciones y legados, en los últimos años se ha incrementado la aportación de fondos bibliográficos y de archivo, que han contribuido a situar la biblioteca y centro de documentación del Centro de Estudios del Museo, en un lugar preferente para el estudio de la historia del arte de Madrid. Entre los primeros, encontramos las donaciones de la biblioteca de José María Cervelló (2003), Antonio Correa (2010), Ramón Stolz (2012) y Félix Azúa (2012), y entre las donaciones de archivo, han sido extraordinarias las relativas a la historia de la institución durante la guerra civil por parte de Blanca Chacel (2003), familia Jiménez Quesada (2003) y Neil McLaren (2011).

 
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