Una artista
1906. Óleo sobre lienzo, 68 x 44 cmSala 062A
Aurelia Navarro fue una significativa pintora de los primeros años del siglo XX, en los que desarrolló su notable carrera pública. De buena posición, todavía adolescente acudió en Granada primero al estudio de José Larrocha (1850-1933), que la formó como dibujante y como paisajista. Más influyente fue después Tomás Muñoz Lucena (1860-1943), del que adquirió su gusto por el color y los efectos lumínicos, y que despertó su interés por asuntos costumbristas, que aparecen en el arranque de su producción. Sin embargo, Aurelia desarrolló muy pronto un universo iconográfico propio, cargado de intimismo y poblado exclusivamente por mujeres. Alentada seguramente por su maestro, Navarro participó en tres convocatorias de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, que fueron los momentos más significativos de su trayectoria.
En la de 1904 recibió una mención honorífica por Sueño tranquilo (Madrid, colección de los descendientes de la artista) de un jurado presidido por Sorolla. Animada por su primer éxito, volvió a concurrir en la Nacional de 1906, con cuatro obras, una de las cuales resultó premiada con una tercera medalla y por la que recibió mil pesetas. Santos Moreno identifica este retrato del Museo del Prado con la premiada entonces, de acuerdo a lo que recordaban los descendientes que la conservaban. Se trata de la imagen de una pintora en el acto de reflexionar sobre su obra, ejecutada con una fluida gestualidad de pincelada, pero con dibujo firme. Navarro vela y vulnera los verdes predominantes con suaves azules en el fondo y en el vestido, guiada por un sentido audaz y original del color y concentra el interés del retrato en el gesto serio e intelectual de la modelo. Posicionada de perfil riguroso parece aludir a las tradiciones del retrato del primer Renacimiento italiano. Según la misma autora, éste sería el inscrito como retrato de la señorita A. M., con cuyas medidas coincide exactamente y cuya identificación parece plausible. De los otros que presentó, el que aparece titulado como Una artista coincidiría con el retrato de su tía Amalia Moreno ante un piano con partituras de Chopin (Santiago de Compostela, colección particular), dado a conocer por la propia Santos Moreno y que, fechado en 1906, sus medidas también coinciden con exactitud con las del catálogo de dicho certamen. Por su parte, Illán en 2019 identificó igualmente esta obra como la premiada en 1906 -en lo que coincide Santos Moreno- pero en 2021 propuso que el cuadro premiado fuera un retrato con fondo de bodegón (colección de los descendientes de la artista), suponiendo un error en la descripción de las medidas en el catálogo de la Nacional y por tanto un deslizamiento en la identificación del cuadro premiado. En cuanto a la identificación de la mujer representada, Illán, en el mismo texto de 2021, también plantea dudas sobre si se trata de la propia pintora, aunque en 2019 lo identificó como un autorretrato, como hace también Santos Moreno. Se conocen al menos otras cinco obras suyas que demuestran que la propia representación fue un asunto que le interesó a lo largo de su trayectoria y que revelan también lo cambiante de su apariencia. Su obra más conocida, Desnudo de mujer (Diputación de Granada), triunfó en la Exposición Nacional de 1908, en la que fue premiada con una medalla que se conserva ahora también en el Museo del Prado fruto de la generosa donación de sus descendientes. Tras este éxito, Navarro formó parte fugazmente de la Asociación de Pintores y Escultores de Madrid entre 1910 y 1911 y participó en algunas exposiciones del Centro Artístico y Literario de Granada en 1908, 1914 y en 1916, donde presentó un desnudo femenino titulado Éxtasis, hoy lamentablemente recortado.
Entre 1913 y 1915 realizó su pintura de mayor empeño, una monumental apoteosis de la Eucaristía para el Santuario del Perpetuo Socorro de Granada, desaparecido. En abril de 1923 ingresó en el convento de las Adoratrices Esclavas del Sacramento de su ciudad, donde profesó en 1925. En 1932 fue destinada al convento de Alcalá de Henares en el que permaneció hasta 1936, que se trasladó a Córdoba, salvando así su vida de los fusilamientos que allí acabaron con muchas de sus hermanas. Antes, en 1934, había pintado su último gran cuadro, un retrato de la fundadora Santa María Micaela, inspirado en otro de Luis de Madrazo. Mientras el público y la historiografía la olvidaba, la familia conservó celosamente la memoria de la pintora, sin vender la producción que ella había reservado para sí y sufragando algunas costosas restauraciones de su obra. En 2003 de la mano del sobrino de la pintora don José Navarro Jiménez, preocupado por la memoria de su tía y ayudado por el resto de sus hermanos, realizó un completo compendio de las obras conservadas en poder de la familia, del que sus hijos han depositado también un ejemplar en la Biblioteca del Museo del Prado para su pública consulta.
G.Navarro, Carlos, 'Aurelia Navarro. Retrato de la señorita A.M.'. en: Memoria de actividades 2021 Museo Nacional del Prado, Ministerio de Cultura y Deporte, 2022, p.52-54