Expedición de Lope de Hoces a Brasil
Hacia 1636. Óleo sobre lienzo, 166 x 241 cmDepósito en otra institución
Este lienzo forma parte de una serie de seis cuadros, cinco de ellos relativos a la campaña bélica del Capitán General don Lope de Hoces contra los holandeses en Brasil entre noviembre de 1635 y febrero de 1636, conmemorando el sexto la toma de la isla antillana de San Martín por el mismo don Lope y Nicolás de Masibradi, comandados por el Marqués de Cadereyta, en 1633. Si la victoria de Oquendo no tuvo trascendencia efectiva ya que, aunque detuvo de momento el progreso de los holandeses en la colonia hispanolusa, a la larga éstos recibían constantes refuerzos que les permitieron extenderse ocupando los puertos y controlan do las rutas marítimas mientras que Portugal, en crecientes dificultades económicas por sequías y hambrunas, no era capaz de costear la defensa de sus propias posesiones de ultramar, desde la corte de Madrid seguía pensándose en desalojar las bases holandesas despachando una expedición para tal fin. Sin embargo, tanto don Fadrique de Toledo como el Marqués de Velada y el Marqués de Cadereyta, rehusaron conducirla por parecerles insuficiente para el fin que se pretendía, siendo al fin don Lope de Hoces, hombre también avezado en la guerra contra las Provincias Unidas en ultramar, quien conduciría el refuerzo de 4.000 hombres a las plazas brasileñas, aunque sin poder entrar en Pernambuco debido al gran calado de sus galeones, momento que constituye el preciso asunto de este cuadro. El resto de la serie relata las batallas contra la armada enemiga durante el desembarco de las tropas para reforzar Bahía y Las Lagunas, y la misión subsiguiente de don Lope de escoltar la flota de azúcar hacia Curaçao y Europa con tan solo las naves capitana y almiranta y un patache (galeón de menor orden), siendo atacado por ocho grandes buques holandeses, entre el 19 y 20 de febrero de 1636, a los que consiguió rechazar quedando su pequeña escuadra indemne y con grandes daños la arboladura del adversario. La Academia de la Historia guarda la carta oficial de don Lope a su vuelta a la Corte, en la que considera cumplida su misión puesto que puso en tierra a los soldados del socorro, custodió la venida de la flota e invalidó los propósitos del enemigo. Esta campaña, despachada por la Corona pese a la opinión en contra del Consejo de Guerra, llevada a cabo con éxito por don Lope de Hoces en un momento político que distaba mucho del croarle minivilis que constituyó el 1625, fue sin duda suficiente motivo para la realización de una gran serie para la decoración del Palacio del Buen Retiro que, como es sabido, ocupaba un alto lugar dentro de los intereses del rey Felipe IV y de su valido Olivares. Es posible que el encargo proviniera del propio don Lope como medio de propaganda personal, como ya había sucedido con Oquendo, pero no consta en los inventarios (hay que tener en cuenta que no existen inventarios de este palacio en tiempos de Felipe IV, efectuándose el primero en 1700 a la muerte de su hijo Carlos II). Por otra parte pudo tratarse de un encargo real al pintor Juan de la Corte, que ya había realizado numerosos cuadros para la decoración del Buen Retiro. De hecho el carácter narrativo de la serie es bien diferente del ya visto en la de don Antonio de Oquendo, ya que no trata de describir con tanto detalle los pormenores de la acción personal del capitán como de la victoria de la difícil expedición despachada por la Corona. En este sentido es notorio el considerable mayor valor que se dio a estos cuadros ya que, mientras los de Oquendo se tasaban en la testamentaria de Carlos II en 1700 en seis doblones los cuatro, el que nos ocupa se valoraba individualmente en cinco doblones ("Otta [pintura] de ttres Uaras de largo y dos de altto con Vna Marina de los Sulnesos de don lope con marco negro tasada en Zinco Doblones"), [pintura]: Una Armada nabal: de dos varas de alto y tres menos quarta de ancho...400"). Por otro lado, estudios de Von Barghahn sobre la reconstrucción de las galerías de pinturas del Buen Retiro sitúan esta obra en el salón Planetario del Rey, ubicación mucho más digna que los lugares de paso que ocuparon los de Oquendo en al Alcázar.
La primera atribución conocida a Juan de la Corte la daba el académico de la Historia Fernández Duro a finales del siglo pasado, añadiendo que habían formado parte de la decoración del Buen Retiro, hecho este último confirmado por los inventarios reales. Teniendo en cuenta el carácter documentado de los escritos de este académico y a la vez su casi nula relación con los asuntos artísticos, podemos pensar que este dato pudo conocerlo a través de algún historiador relacionado con las pinturas del Museo del Prado como, quizá, don Pedro de Madrazo, encargado en estos años de su catalogación. A nuestro entender hay suficientes factores estilísticos que enlazan con el arte de este pintor. Por otro lado existe un evidente parentesco entre las vistas tercera, cuarta y quinta de la serie con los dos cuadros conocidos de la batalla de don Antonio de Oquendo, uno de ellos con la firma del autor. Asimismo, son de notar algunos detalles iconográficos, como el hecho de que el pabellón real de Lope de Hoces (que se despliega, paradójicamente, en sentido opuesto al viento), donde aparecen reproducidos Santiago Matamoros y la Virgen con las armas reales a ambos lados del Crucificado, es casi exacto al de Oquendo que no se corresponde con el estandarte auténtico que pertenece a los descendientes de éste, así como otros detalles de la representación de los navíos y sus arboladuras, engalanado, fanales y espejos de popa, etc.
El cuadro representa el momento en que la capitana de España, bajo el mando de don Lope, lanza un disparo de cañón tratando de alcanzar las naves enemigas que todavía se están retirando para unirse a las demás en la playa, donde no podían darles alcance las capitanas y los cuatro galeones de la armada hispanolusa. Una chalupa a remos con las armas de Castilla marcha tras el enemigo mientras un galeón, de menor orden que los anteriores, avanza hacia una galera holandesa. Entre la flota de Hoces se pueden contar 17 banderas con las quinas de Portugal y otras 13 banderas blancas con las armas reales de Castilla o la cruz de San Andrés de la casa de Borgoña, mientras que entre la armada de las Provincias Unidas se cuentan no menos de 26 barcos a cuya derecha, en la costa, aparecen tres fortalezas holandesas de distinto tipo (circular, cuadrangular y pentagonal, estas dos últimas con bastiones de esquina), como sacadas de un tratado de fortificaciones militares, algunas de las cuales aparecen en otras pinturas conocidas de Juan de la Corte. La serie completa ingresó a través de las colecciones reales en el Museo Real de Pintura y Escultura, hoy Museo del Prado, apareciendo en su inventario de 1857. Posteriormente se depositaron en el Ministerio de Ultramar por Real Orden de 1881, donde los vio Fernández Duro. Por último, una Orden Ministerial de 10 de octubre de 1932 dispuso su depósito en el Ministerio de Marina (junto con otros doce cuadros de batallas y vistas de puertos a cambio de los tres tondos conservados que pintó Goya para el palacio de Godoy, desde entonces expuestos en el Museo del Prado), donde permaneció en la sala del Olimpo del archivo-palacio del Viso del Marqués hasta que pasó al Museo Naval de Madrid en 1993, donde se expone hasta hoy con los otros de la serie.
Esplendores de Espanha de el Greco a Velazquez, Arte Viva, 2000, p.90-91