Florinda
1894. Óleo sobre lienzo, 92,2 x 56,2 cmDepósito en otra institución
El artista abordó en diferentes ocasiones este motivo, que le procuró sus mayores éxitos. La primera, en 1892, en una obra expuesta a finales de abril en los escaparates Masaveu de Oviedo. Esta pintura se realizó del natural, pues las lilas florecen, brevemente, durante ese mes. En agosto de ese año, como revela su artículo “Borines” se hallaba allí con su familia tomando las aguas y estaba pintando otra Florinda. Una de las dos pudo haber sido adquirida por el indiano Segundo Álvarez, quien en 1893 poseía una Florinda del pintor. La otra la envió a la Exposición Universal de Chicago de 1893. En la actualidad se conserva al menos una réplica de 1894, con ligeras variantes sobre la obra del Museo del Prado. En los títulos aparece, indistintamente, La niña de las lilas y, en algún caso, Florista napolitana. Esta última denominación, aunque inexacta, pone de manifiesto el punto de partida estético del artista, inspirado por las ciocciare que había visto y pintado durante su estancia en Italia en 1879, a semejanza de lo que había hecho numerosos artistas europeos, entre ellos los españoles Eduardo Rosales y Vicente Palmaroli. A pesar del punto de partida realista, Robles cuidó de una cierta idealización, próxima a algunas pinturas de William Bouguereau y, sobre todo, Casto Plasencia, realizadas en la colonia artística de Muros de Pravia, en cuyo marco estético se inscribe.
La modelo era la niña Florinda Fernández Miranda Alonso, nacida en Proaza (Asturias) en 1883, del matrimonio formado por el veterinario Fernando Fernández Miranda y Teresa Alonso Fernández. Sin embargo, según un testimonio que no se ha verificado en otros lugares, de Margarita Robles, hija del artista, en su autobiografía, la joven, “una preciosa muchachita campesina”, fue niñera suya; con todo, las primeras versiones, de 1892, son anteriores al nacimiento de Margarita, que ocurrió en 1894.
Es posible que se trate de la obra remitida a la Exposición Nacional de Madrid de 1895, a la de Barcelona de 1896 y a la de Gijón de 1899, donde obtuvo una medalla de oro. La crítica asturiana valoró esta pintura entre las cinco que exponía, como un “hermoso dechado de fina y delicadísima factura”. Para otro crítico anónimo “es un conmovedor poema de expresión y de color, que aparece como la representación de aquella castiza escuela española que tanto brilló antes que el modernismo dominara las artes del dibujo de nuestra nación”; señalaba que estaba entre el romanticismo y el realismo y mostraba su afinidad con las novelas de Léon Daudet.
La obra fue adquirida por el Estado tras un informe favorable de la Sección de Pintura de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. El pintor había solicitado su adquisición por el Estado para el Museo de Arte Moderno y seguramente el hecho indica que era la obra que tenía en mayor consideración. La Academia, que destacaba entre otros valores del pintor “la fina observación demostrada en sus cuadros de género” apreció el cuadro en los siguientes términos: “Pensamiento sencillo y delicado, dibujo correcto, ejecución esmerada, colorido agradable y estudio sincero del natural”. Recomendó su adquisición, ya que el Museo no tenía obras del artista, en tres mil pesetas, que el Estado rebajó a la mitad. Cuando murió el artista en 1911 el cuadro estaba expuesto, y fue uno de los seleccionados por la fototipia J. Roig de Madrid para una serie de postales del Museo de Arte Moderno (n.° 32). Diez años después del fallecimiento de Robles, la parte superior de la obra fue reproducida en color por La Esfera. Una copia bordada en sedas de colores realizada por Cristina Menéndez Carvajal obtuvo en la Exposición Universal de París de 1900 una medalla de oro.
Barón, Javier, 'José Robles y Martínez. Florinda'. El factor Prado: los depósitos del Museo Nacional del Prado., Museo de Bellas Artes de Asturias,, 2022, p.162-165 nº 36