La cena del rey Baltasar
Siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 100 x 130 cmDepósito en otra institución
La obra representa un episodio del Antiguo Testamento según el cual el rey Baltasar de Babilonia, hijo de Nabucodonosor, mandó organizar un gran banquete en su residencia en el que profanó los cálices que su padre había sustraído del templo de Jerusalén. Durante la cena apareció una misteriosa inscripción en las paredes del palacio que el profeta Daniel interpretó como un presagio de la inminente muerte del rey, castigado así por sus actos.
La escena está ambientada en un interior de fuertes contrastes lumínicos: la luz entra por la izquierda y enfoca una de las paredes laterales de un suntuoso salón, decorado con columnas y esculturas adosadas. En primer plano aparece una mesa alargada en la que están sentados los nobles y dignitarios de la corte. En cambio, el otro lado y el fondo de la sala quedan sumergidos en la penumbra, vislumbrándose a duras penas unos pocos personajes secundarios, como sirvientes, músicos y bufones que animan el banquete. El protagonista, Baltasar, está retratado en el centro de la mesa, bajo un lujoso baldaquín, con los brazos abiertos, expresando sorpresa y estupor. La razón de su gesto se distingue en el ángulo superior izquierdo de la pintura, donde aparece una enorme mano roja que escribe la palabra Mene sobre la pared, según el relato bíblico “En ese momento, en la sala del palacio apareció una mano que, a la luz de las lámparas, escribía con el dedo sobre la parte blanca de la pared. Mientras el rey observaba la mano que escribía, el rostro le palideció del susto, las rodillas comenzaron a temblarle y apenas podía sostenerse”.
Por lo que se refiere a la autoría, la obra ha sido asignada a un pintor anónimo de la escuela flamenca del siglo XVII. Cabe destacar el gran interés del artista por la construcción arquitectónica del interior del palacio de Baltasar, y es precisamente la arquitectura, que destaca por su majestuosidad, la verdadera protagonista de la escena, mientras que las figuras humanas, entre ellas las del mismo soberano, son de un tamaño muy reducido, hecho que las relega a un papel casi accesorio. Por todo ello, la obra se puede catalogar dentro de un género concreto, el de las perspectivas, muy popular en Flandes en la época. El padre fundador de esta categoría pictórica se considera por convención Hans Vredeman de Vries (1526-1609), el primero en dedicarse a la representación de edificios en perspectiva. Este personaje se vio muy influido por los tratados de arquitectura procedentes de Italia, de manera especial los de Serlio y Palladio. Sus vistas de ciudades, palacios y galerías fueron un importantísimo precedente para la producción de otros pintores como Peeter Neefs el Viejo (¿1576-1661?), su hijo Peeter Neefs el Joven (1620-1675) y Hendrick van Steenwijck (1580-1649). Nacidos todos en Amberes, los tres se especializaron en la representación de interiores de edificios reales o de invención, sobre todo iglesias góticas, en las que describen la nave central o lateral del templo, introduciendo pequeños grupos de fieles que conversan o celebran algún acto religioso. En nuestro caso, la ambientación no corresponde a un edificio real, sino a una arquitectura de fantasía en la que convergen distintos estilos. La bóveda, por ejemplo, es de cañón, aunque de las columnas sobresalen unos nervios que recuerdan las naves de las iglesias góticas. Además, en primer plano, delante de la gran mesa del banquete, se distingue una alta tribuna para los músicos decorada con columnas salomónicas, probablemente inspiradas por el berniniano baldaquino de la basílica de San Pedro en el Vaticano. Esta combinación de modelos es el recurso que el artista utiliza para evocar el antiguo palacio de Babilonia. Pero, aunque se trate de una arquitectura imaginaria, la construcción de la escena revela la influencia de las iglesias pintadas por Peeter Neefs padre e hijo y Hendrick van Steenwijck, sobre todo en el detalle de ambientar el banquete en una gran sala de bóvedas muy altas representada en perspectiva diagonal. Además, en segundo plano se distingue un arco de medio punto que abre la escenografía hacia una segunda y una tercera salas, perdiéndose la vista del espectador hacia el infinito.
Se desconocen las circunstancias de encargo de la obra y tampoco queda claro en qué momento ingresó en las colecciones reales. Aun así, cabe destacar que la historia de la cena del rey Baltasar era popular en el siglo XVII. Para mantenernos en el entorno flamenco, por ejemplo, existe otra pintura de Louis de Caullery (1580-1621) realizada en 1620 y es bien conocida la de Rembrandt (1635), hoy en la National Gallery. En España, además, el episodio se convirtió en el protagonista de una conocida obra de teatro escrita por Calderón de la Barca en 1632.
Caredda, Sara, 'Anónimo escuela flamenca. La Cena del rey Baltasar', Edicions de la Universitat de Barcelona, 2022, p.307-309 nº 28