La Crucifixión
Hacia 1510. Óleo sobre tabla de roble del báltico, 47 x 31 cmNo expuesto
Imagen de cristo crucificado en el monte Calvario, con la presencia de una calavera en primer plano alusiva al lugar de enterramiento de Adán, en el que según ciertas tradiciones fue erigida la cruz. La cruz y las figuras ocupan casi todo el espacio. En la parte superior, el travesaño casi tiene el ancho de la composición. La cruz queda recortada contra un cielo azul, con solo algunas nubes alargadas y pequeños pájaros a los lados. Bajo la cruz se hallan san Juan y la Virgen María, desmayada y sostenida por aquel, y con ellos el grupo de las tres Marías, las mujeres presentes en el momento de la crucifixión de Cristo, según los Evangelios (Mateo 27, 55-56; Marcos 15, 40; Juan 19, 25): María Magdalena, María de Cleofás y María Salomé. En la pintura, la única identificable es María Magdalena, quien, en un evidente gesto de dolor, se arrodilla ante la cruz, conforme a la tradición pictórica. No hay elementos que permitan identificar a las otras dos, menos protagonistas en la composición. El paisaje está concebido como un telón de fondo sobre el que se recortan las figuras, plasmado en el fondo, donde se levanta una ciudad medieval en alusión a Jerusalén. En el camino se distingue un jinete, vestido de rojo, junto al que caminan otra figura y un perro. Más al fondo, se aprecian otras dos figuras, caminando, recortadas contra los árboles. La ciudad está amurallada, como se ve junto a la rodilla izquierda de Cristo.
Como la historiografía artística estableció desde un primer momento, la composición está ligada con el quehacer artístico de Van der Weyden, pues reúne una selección de elementos inspirados o tomados directamente de varias de sus pinturas. La obra tiene detalles de calidad pictórica que revelan un fuerte interés creativo en su terminación, mostrando que el artista o taller que la pinta no es un mero copista de motivos rogierescos. Otros detalles alejan la obra de la gravedad de la imagen sacra propuesta por Rogier en sus composiciones, cediendo a una escena más mundana, casi más naturalista. Esto, unido a la composición en primer plano y a un paisaje de estilo muy concreto hace que la obra haya que situarla en un periodo bastante lejano de la actividad del propio Rogier, muerto en 1464, debiendo ser considerada una pintura de las primeras décadas del siglo XVI. Sobre su ubicación geográfica, ante las dudas entre Brujas y Bruselas, quizá debamos decantarnos por la primera.
Otra cuestión indirecta para considerar la tardía realización de la pintura en las primeras décadas del XVI es el falso anagrama de Durero y el año de 1513 inscrito. La obra es ciertamente del todo ajena a la producción de este artista, pero la posibilidad de que se tratase de una pintura nórdica de esas fechas parece haber sido asumida muy pronto. A la muerte de Felipe II en 1598 ya estaba colocado el anagrama, lo que evidencia que, pese a lo desencaminado de la atribución, no se dudaba de la posible creación de la obra en tal fecha. El uso de sulfato de cobre es otro argumento a favor de una ejecución tardía.
La utilización en esta obra de motivos rogierescos de diferente origen y la posible realización en un momento tan retrasado no es, sin embargo, singular, como demuestra la existencia de otra versión, la del Maestro del Calvario Chambéry, muy cercana a la del Prado, especialmente en los motivos de san Juan y la Virgen y la Magdalena, así como en la composición del paisaje, realizada hacia el cambio de siglo por ese artista anónimo de la zona saboyana.
Pérez Preciado, José Juan, Pintura flamenca del siglo XV en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2024, p.54-58 nº.2