Maniquí articulado masculino
Después de 1528. Madera de boj, 23,5 x 8,5 cmSala 055B
El maniquí masculino conservado en el colección del Museo del Prado, representa una singularidad tipológica en el panorama de la escultura europea del siglo XVI. Tradicionalmente atribuida a Durero, tras un estudio especializado de este campo a lo largo de varios años, la investigadora Elisabeth Weymann (Weymann, 2013, 2018 y 2019) ha establecido la autoría de esta escultura. Son seis, de un conjunto de nueve conocidos, los maniquís que se han conservado en diferentes museos europeos: Leipzig (maniquí articulado femenino, GRASSI Museum für Angewandte Kunst Leipzig, inv. no 1912.198), Berlín (maniquí articulado femenino de Berlín, Staatliche Museen zu Berlin, Skulpturensammlung und Museum für Byzantinische Kunst en el Bode-Museum, inv. no 2167), Hamburgo (maniquí articulado masculino, Museum für Kunst und Gewerbe Hamburgo, inv. no 1960.58), así como una pareja en Innsbruck (Tiroler Landesmuseum Ferdinandeum, inv. no P 415, P 416). De otros dos de estos figurines humanos de madera en su color, que se encontraban en la también Preußische Akademie der Künste de Berlín, sólo han quedado fotografías.
Las obras se atribuyen a un anónimo escultor conocido como "Maestro I. P.", que firmó alguno de los trabajos de su producción con esas siglas. Se trata de un artista que trabajó fundamentalmente la talla en madera en la ciudad bávara de Passau y que estaría activo entre 1490 y 1530. Sus trabajos están muy relacionados con las composiciones que grabaron artistas como Durero o Altdorfer, llevando a cabo relieves con escenas religiosas destinadas al ornato de templos, caracterizados por la minuciosidad y el detalle en su ejecución.
Todo parece indicar que este grupo de objetos, al que pertenece la pieza del Museo del Prado, estuvieron destinados a algún gabinete de curiosidades, delicadamente tallados e individualizados, con alturas de entre 19 y casi 24 cm, que representan diferentes edades de la vida. Salvo una excepción, todas están compuestas respectivamente por 57 piezas hechas en madera de boj o de peral a las que les proporciona movilidad una ingeniosa estructura mecánica con articulaciones de esferas torneadas. Las articulaciones están tan hábilmente dispuestas, que la movilidad de los maniquís se asemeja a la que podría tener el cuerpo humano, sin permitir estiramientos excesivos o curvaturas antinaturales. En el interior de cada una de ellas hay huecos perforados, que albergan hilos elásticos de material orgánico. En su momento ejercían tensión sobre las piezas, de modo que se podían mantenerse en pie. Fijados con presillas en el interior de la cabeza, los hilos han dado de sí o se han endurecido con el tiempo.
Las piezas se presentan como figuras desnudas en las que aparecen visibles sus órganos sexuales. El autor no se esforzaba sólo por lograr una sugestiva apariencia natural de las formas corporales, del cabello y de la piel, sino que señalaba las diferencias biométricas, caracterizando a las figuras masculinas por una marcada musculatura en cuerpos de anatomía atlética, mientras que las femeninas presentan unas formas más blandas y suaves. Entre hombres y mujeres solo hay diferencias de tamaño insignificantes, lo que no concuerda debidamente con el dimorfismo sexual que había señalado Durero, aunque algunos modelos corporales estén muy emparentados con el vocabulario que éste empleaba en sus estampas.
La relación de estas pequeñas esculturas con la teoría de las proporciones elaborada por el mismo Durero, se hace evidente al llevar a cabo una comparación numérica a partir de sus mediciones exactas. A pesar de ciertas desviaciones, la suma de las mediciones empíricas permite confirmar que el autor tuvo que estudiar a fondo el segundo libro del tratado de proporciones de Durero, que se publicaba en 1528. El sistema expresado se basa en la escala de seis pies de Leon Battista Alberti, la Hexempeda, que se expone en su escrito De statua, redactado probablemente antes de 1435. Durero complementó el acceso matemático de Alberti a la antropometría, concebida como una relación entre la longitud, la anchura y la profundidad en un cuerpo masculino ideal. De este modo desarrolló detalladas tablas normativas para las distintas partes del cuerpo e hizo ilustraciones diagramáticas para ambos sexos, proponiendo varios tipos humanos y completando la invención de Alberti con una nueva unidad de cálculo definida de otro modo.
El Maniquí articulado del Prado muestra con claridad que estas figuras son formulaciones talladas de los órdenes del cuerpo humano ideados por Durero y el estudio de las proporciones demuestra que se recurrió a sus aportaciones numéricas. Esta pieza destaca entre las demás, porque el escultor lo complementó con una mandíbula móvil y una lengua en la cavidad bucal. Sus miembros resultan esquemáticos, carece de vello púbico, su modelado es de una naturalidad poco convincente y es llamativamente más anguloso que el resto en las cavidades articulares de brazos y piernas. Fue el único del grupo que recibió una encarnación pictórica‚ como adición posterior, que se aplicó a toda la escultura, incluido el cabello, quizás para ocultar deterioros. Falta una tapa rectangular en la cabeza, de modo que por la abertura se pueden ver las presillas junto a los extremos de los hilos.
La escultura se corresponde con uno de los tipos humanos representado en el mencionado tratado de Durero, pero la zona del talle es claramente más estrecha y el tórax se realiza de un modo trapezoidal. De este modo podemos suponer que se adaptó más a la figura de Adán, del famoso grabado de 1504, que a la ilustración del tratado de proporciones, donde se muestra un ancho perímetro del talle que responde a rasgos masculinos.
En general, la obra gráfica de Durero parece haber influido directamente en el modelado de las diferentes figuras que componen este grupo de esculturas. Cabe preguntarse si de la entalladura de El baño de los hombres (hacia 1496) el "Maestro I. P." tomó quizá prestada la zona posterior de los hombros para sus figuras. El tronco de la figura vuelta hacia el observador en el grabado de Cuatro mujeres desnudas (1497) recuerda el estilo del pecho y el torax de las mujeres esculpidas. La prominente parte posterior, apropiada para sentar los maniquís, podría haber tenido como modelo -en ambos sexos- las nalgas que exhibe Eva en la Expulsión del Paraíso (1510) de la Pasión pequeña. Finalmente, la redondez del vientre, que sólo muestra la figura de Leipzig, recuerda a la Némesis de Durero, diosa del destino (La gran Fortuna, hacia 1501) (Texto extractado de Weymann, 2013, 2018 y 2019).