La reina Mariana de Neoburgo
Finales del siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 206 x 110 cmNo expuesto
La Reina aparece representada de cuerpo entero, en una galería abierta a un paisaje; con la mano derecha acaricia a un perrillo, tradicional imagen de la fidelidad, tumbado sobre un velador, en el que también reposa un cojín con la corona y el cetro, que señalan su condición regia, así como el cortinaje y la columna que se aprecian tras ella o el manto forrado de armiños que le cubre.
Apenas transcurridos seis meses desde la repentina muerte de María Luisa de Orleans sin haber logrado concebir el ansiado heredero que garantizara la continuidad de la dinastía, Carlos II contrajo matrimonio con Mariana de Neoburgo (1667-1740). En un contexto en el que lograr un sucesor para la corona era una cuestión absolutamente prioritaria, el hecho de que la madre de la nueva reina hubiera dado a luz a diecisiete hijos parecía ser una garantía de éxito. Sin embargo, el matrimonio no lograría tener descendencia y esto supondría el fin de la rama hispánica de la casa de Austria.