San Cristóbal
1637. Óleo sobre lienzo, 127 x 100 cmNo expuesto
José de Ribera nació en Játiva (Valencia) en 1591 y nada se sabe de su primera educación artística. Desde muy joven pasó a Italia, pues ya en 1611 se encontraba en Parma. Tras una estancia romana (1615-1616), en 1616 se encuentra en Nápoles donde se establecerá sólidamente contando, además de con mecenas de toda Italia, con la protección de los virreyes españoles y de los encargos de la propia corte española. Durante varias décadas se convertiría en la personalidad artística más importante de la ciudad, desarrollando sus extraordinarias facultades hasta su muerte, acaecida en 1652. Su obra es la de uno de los grandes maestros del XVII español, con un desarrollo estilístico muy personal que, arrancando del estricto caravaggismo, se desarrolló hasta un clasicismo muy en línea con el influjo del neovenecianismo romano y la pintura boloñesa. Es decir, hablamos de un artista totalmente inmerso en las tendencias artísticas italianas y por lo tanto, singular en el panorama español.
El pintor ha representado a San Cristóbal en el momento en que, apoyado en su báculo, ayuda al Niño Jesús a atravesar un gran río. Según La leyenda dorada, Cristóbal (cuyo nombre significa "Portador de Cristo)", en lo más hondo del cauce del río, comenzó a sentir que el peso que sostenía sobre sus espaldas se hacía tan pesado como insostenible, viendo flaquear sus fuerzas a pesar de ser un gigante de doce codos de al-tura. Tras, a pesar de todo, conseguir llegar hasta la otra orilla, el Niño le informó de lo ocurrido: "sobre tus hombros acarreabas al mundo entero y al creador de ese mundo", tal y corno aparece en el lienzo.
La obra aparece firmada en 1637, un año especialmente prolífico para el pintor valenciano, en el que compuso varias obras maestras. Su estilo se ha desprendido un tanto del dramático tenebrismo anterior para enriquecerse con el neovenecianismo más colorista y luminoso difundido en la Italia del momento, además de con su conocimiento de la pintura flamenca, especialmente Van Dyck, que comienza a llegar a Nápoles en esos años. Como se ha apuntado en alguna ocasión, el motivo es especialmente proclive para enfrentar modos y técnicas contrapuestos: la rudeza del gigante San Cristóbal, de poderoso e individualizado rostro, se contrapone a la frágil figura del idealizado Niño Jesús, tratada con tonos más claros y luminosos. Esta obra se identifica por primera vez en el inventario de los cuadros salvados del incendio del Alcázar de Madrid en 1734, por lo que debió entrar en las colecciones reales durante el reinado de Felipe V -según Pérez Sánchez-, y no ser pintado para Felipe IV corno se había creído. Pasó al Museo del Prado desde su fundación.
Esplendores de Espanha de el Greco a Velázquez, Río de Janeiro, Arte Viva, 2000, p.205