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Álbumes de dibujos [Goya]. En el ­conjunto de la producción de Goya, merece un lugar destacado la obra sobre papel, en la que, al margen de los encargos, pudo expresar con total libertad su peculiar visión del mundo. Los dibujos de sus álbumes y sus series de estampas conforman un universo personal en el que tiene cabida todo aquello que interesaba al artista, desde las vivencias íntimas y cotidianas hasta los grandes sucesos y temas de su tiempo. Pero mientras que las estampas, debido a su multiplicidad, estaban destinadas a transmitir ideas a un amplio público, los dibujos de los álbumes constituyen lo que podríamos denominar el diario visual del propio Goya, en el que manifiesta su universo interior y aquello que del exterior le llama la atención. Concebidos para ser contemplados en intimidad, estos dibujos constituyen la obra más privada del pintor y la de contenido más directo, crítico y mordaz. A partir de su estancia en 1796 en Sanlúcar de Barrameda junto a la duquesa de Alba, Goya se convertirá en un dibujante infatigable, elaborando ocho álbumes de dibujos hasta su muerte en Burdeos. De variada condición material, los álbumes reflejan la evolución estilística de Goya, así como sus preo­cupaciones e intereses, observando la realidad o recreán­dola alegóricamente. La importancia de los dibujos en el conjunto de la producción artística de Goya es comparable a la de sus pinturas y estampas, tanto desde un punto de vista cuantitativo -los diseños conservados se aproximan al millar-, cuanto por su relevancia en la renovación formal y técnica del arte del dibujo a fines del siglo XVIII. El primero de sus álbumes, conocido como de Sanlúcar o Álbum A, fue rea­lizado en 1796 durante la estancia del pintor en la finca que la duquesa de ­Alba, recién enviudada, poseía junto a la desembocadura del Guadalquivir. En sus hojas, la duquesa y sus damas de compañía aparecen retratadas en la intimidad, recostadas, lavándose o de paseo, en actitudes de una sensualidad que aventuran algunas de sus obras posteriores, especialmente el Álbum de Madrid o Álbum B y los Caprichos. El Museo del Prado conserva tres hojas de este álbum, con dibujos en ambas caras del papel, del que solo se conocen ocho hojas en total. El segundo es el denominado Álbum de Madrid o Álbum B, realizado entre 1796 y 1797, que inició durante su convalecencia en Cádiz y terminó a su regreso a la capital del reino. Si los primeros dibujos enlazan directamente con la sensualidad femenina del Álbum de Sanlúcar, pronto comienzan a aparecer las representaciones de inequívoco tono satírico, con leyendas incorporadas en su parte inferior. En estas obras está presente el carácter crítico que tendrá su máxima expresión en los Caprichos, publicados en 1799. Tanto las estampas de esta serie como gran parte de los dibujos del Álbum de Madrid, son ante todo una sátira concebida como medio para combatir los vicios de los hombres y los absurdos de la conducta humana. El lenguaje visual de los Álbumes de Madrid y Sanlúcar está elaborado con un acentuado sentido pictórico. La línea es sustituida por los efectos de mancha que caracterizan la técnica de la aguada de tinta china, cuyo tono grisáceo adopta una mayor o menor intensidad dependiendo de la concentración de tinta. Se conocen ­cerca de un centenar de dibujos del Álbum B, uno de los que más dispersión sufrió, también dibujado por ambas caras del papel, del que se conservan cinco hojas en el Museo del Prado. El Álbum C constituye un ejemplo de la complejidad de la obra goyesca. Realizado en fecha indeterminada en el periodo comprendido entre los años de la Guerra de la Independencia (1808-1814) y los posteriores de la represión fernandina hasta el advenimiento del Trienio ­Liberal (1820-1823). La temática incide en múltiples facetas de ese momento histórico: aspectos de la vida cotidiana, visiones de pesadillas de una misma noche, condenados por la Inquisición, crueldad de las cárceles, expresión de la libertad tras la reinstauración en 1820 de la Constitución de Cádiz, crítica a los hábitos de las órdenes monásticas y representación de la vida de los frailes secularizados a la fuerza. Es el álbum más importante numéricamente y el único que ha llegado casi intacto, sin desmembramientos y ventas sucesivas, por lo que se conserva casi completo -ciento veinte de ciento veintiséis dibujos conocidos- en el Museo del Prado. A diferencia de los dos primeros álbumes de dibujos, adquiridos por Goya ya encuadernados, éste lo fabricó él mismo, y no con papel holandés de buena calidad como los de Sanlúcar y Madrid, sino con hojas de papel español de escribir. El uso de este papel de menor calidad parece coincidir con la situación económica del artista y del país en los años de la guerra y posteriores, cuando no era posible adquirir papel de calidad. Este hecho ha contribuido a acentuar el mal estado de algunos dibujos del álbum motivado por estar rea­­lizados con tinta ferrogálica. De los Álbumes D o Inacabado y E o De bordes negros, el Museo del Prado no conserva ningún dibujo. Realizados con aguada de tinta china, su datación es muy im­precisa, lo que ha suscitado diversas hipótesis. Recientemente Juliet Wilson-Bareau los ha situado entre 1819-1823 y 1816-1820, respectivamente. Muy dispersados, son de buena factura, especialmente el segundo, que constituye uno de los más bellos ejemplos del dibujo goyesco por la elegancia de la disposición de las figuras y el extraordinario dominio de la aguada en sus diferentes densidades de disolución de pigmento. Del Álbum F realizado con aguada de tinta de bugallas entre 1812 y 1820, se conocen noventa y ocho dibujos de un probable total de ciento seis, de los que el Museo del Prado conserva veintidós. De temática variada, sin embargo es posible advertir similitudes con asuntos tratados en el Álbum C, situándolo, por tanto, en la órbita de la España de la Guerra de la Independencia y su posguerra, donde la violencia y las consecuencias de ésta, en sus diversas manifestaciones, se constituyen en protagonistas, más o menos explícitas, de las composiciones. Los dos últimos álbumes, conocidos con las letras G y H, fueron realizados en Burdeos entre 1824 y 1828. El anciano pintor introduce en ellos una novedad técnica, el lápiz litográfico, olvidándose de las aguadas a tinta china o de bugalla. Coincide este nuevo recurso con el interés de Goya por la litografía y la práctica de dicho procedimiento durante los años finales de su vida en Burdeos. El uso del lápiz litográfico para dibujar le permitió una gran libertad expresiva. Es probable que ambos conjuntos fuesen preparatorios para series de estampas que Goya ­tenía previsto realizar, pero que no llegó a materializar. La temática es diversa, pero en general representan gentes en la calle, en actitudes muy variadas y casi siempre en situaciones anormales, en las que impera muy frecuentemente lo irracional. El Museo del Prado conserva catorce y veintinueve dibujos, respectivamente, de cada álbum. Los álbumes fueron desmembrados por Javier Goya en diferentes lotes y, a su muerte, vendidos por su hijo Mariano. Uno de ellos, formado por ciento ochenta y seis dibujos, fue adquirido por Román Garreta, cuñado de Federico de Madrazo entonces director del Museo del Prado, y vendido en 1866 al efímero Museo de la Trinidad. En 1872, al desaparecer éste, pasaron al Museo del Prado.

José Manuel Matilla

Bibliografía

  • Gassier, Pierre, Dessins de Goya, t. I: Les albums, t. II: Études pour gravures et peintures, Friburgo, Office du Livre, 1973-1975.
  • Goya, Drawings from his Private Albums, cat. exp., Londres, Hayward Gallery, 2001.
  • Goya y el espíritu de la Ilustración, cat. exp., Madrid, Museo del Prado, 1988.
 
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