Enciclopedia online

Carro de heno, El [El Bosco]
1515, óleo sobre tabla, 147 x 212 cm, firmado [P2052].
Se conocen dos trípticos firmados por El Bosco con el tema del carro de heno, ambos fueron propiedad de Felipe II: el que se conserva en El Escorial y el del Prado. La primera noticia documentada que tenemos de la obra del Prado corresponde al inventario del Alcázar de Madrid de 1636. Según Ponz, en 1788 estaba en la Casa de Campo. En el siglo XIX, el tríptico había sido desmembrado, reunificándose definitivamente en 1914 en el Museo del Prado. Aunque es la tabla central, con la representación del carro de heno, el nudo del planteamiento moralizador de la obra, en su conjunto se trata de la ilustración del salmo XIV. Las dos caras externas del tríptico cerradas configuran una única escena: el hombre en el proceloso camino de la vida, próximo en su intención al caminante extraviado en el canto primero de la Divina Comedia: «A la mitad del camino de nuestra vida, perdido el recto sendero, me encontré en una oscura selva [...] así mi ánimo, aún fugitivo, volviose a mirar aquellos parajes». El estado físico y material del caminante es lamentable, el deambular vital lo ha dejado tan abatido que se vuelve con un rictus de amargura y melancolía, dando la espalda a unos bandidos, a una pareja de lujuriosos -los aldeanos que danzan al son de la gaita-, defendiéndose con el bastón de un fiero perro. Su lastimoso caminar se ensombrece aún más por la presencia de unos cuervos revoloteando sobre unos huesos y, especialmente, por la existencia de una horca cuya silueta se recorta sobre el celaje del fondo. Nuestro personaje, aunque malparado, ha salido triunfante sobre los males que le acechaban. No le atrae ninguna de las necedades humanas; los hombres, no comprendiendo esto, le llaman loco, pues para ellos es inconcebible que no se deje arrastrar por las pasiones tal como muestran las imágenes del interior del tríptico. El mensaje moralizador resulta evidente; pero ¿de dónde procede el iconograma y la exégesis de la idea? El personaje ha sido casi siempre relacionado con el vigésimo segundo Arcano Mayor de los naipes (Combe, 1946). Representa el final del juego; aquí, de la vida. Su iconografía en la baraja es un hombre con hatillo al hombro y bastón a la diestra; un perro intenta morderle. No dudamos de que el iconograma del viejo peregrino coincide con el vigésimo segundo Arcano, pero solo en tanto en cuanto que está definiendo la imagen de un loco tal como se concebía en el siglo XV. Nuestro loco y todo el desarrollo iconográfico del tríptico corresponden a la ilustración plástica del salmo XIV (XIII). La imagen del loco, caminante por una senda, que ilustra este salmo, fue utilizada por Hesdin (activo de 1380 a 1410- 1411) en la ilustración del Salterio del duque de Berry. En el tríptico se amplía la descripción en imágenes de todo el contenido del salmo, diríamos que en éste se señalan cuatro puntos esenciales: primero, el necio y el mal de su entorno; segundo, los hijos de los hombres; tercero, Yavé, desde lo alto, contempla cómo se han corrompido los hombres; ni uno solo hace el bien; y cuarto, por último se alude al castigo: ya temblarán con terror a su tiempo. Hemos visto cómo el primer punto del mensaje del salmista queda perfectamente ilustrado. Al abrirse el tríptico completamos los tres actos del drama de la Humanidad. La presentación, nudo y desenlace son aquí la creación de la Humanidad -aparición del mal-, el desarrollo de éste entre los hombres, y su castigo en el Infierno. Compruébese sobre las imágenes cómo los tres puntos restantes del salmo quedan claramente reflejados. La creación de la Humanidad en el postigo derecho es el único motivo que no se relaciona concretamente con el salmo, sino que el pintor lo presenta para hacer referencia al origen de los hombres -los hijos de los hombres- y al primer pecado de éstos. La lectura iconográfica de esta tabla de arriba abajo es la siguiente: los ángeles desobedientes son arrojados de la gloria de Dios; como seres representantes del mal son monstruosas figuras híbridas, mitad mosquitos y mitad seres humanos. De Tolnay ha señalado que este tratamiento del tema iconográfico es creación de El Bosco; pero la idea del mal identificado con los seres indiferenciados, monstruosos, denuncia evidentemente su raíz medieval. Tras la creación de Eva por el Padre Eterno, uno de estos seres, híbrido -parte hombre, parte serpiente-, induce a la primera pareja al pecado; después, con la expulsión, se iniciará la peripecia humana. En la tabla central, como dice el salmista, mira Yavé desde lo alto de los cielos a los hijos de los hombres, todos se han descarriado, se han corrompido, ni uno solo hace el bien; diríamos que es la apoteosis de la locura humana; el pecado se ha apoderado de las gentes y éstas solo se mueven por él. Bosch utiliza un proverbio flamenco («El mundo es como un carro de heno y cada uno coge lo que puede») para ilustrar de una manera más popular el versículo del salmista. Ya los más antiguos comentaristas del cuadro hacen alusión al heno y lo que simboliza; así, el padre Sigüenza escribía: «Estos hijos del pecado y de la ira, olvidados de lo que Dios les manda [...] todos buscan y pretenden la gloria de la carne, que es como heno breve, finito, ­inútil». Todos, desde el emperador hasta el papa, de la nobleza al pueblo llano, se afanan por conseguir una brizna de heno, o el summum de alcanzar la cima del carro, que es arrastrado por seres monstruosos, claros símbolos del mal que conduce a la Humanidad. El padre Sigüenza identifica a estos seres con la soberbia, la lujuria, la avaricia, la ambición, la bestialidad, la tiranía, la sagacidad y la brutalidad. Pensamos que, tal vez, solo sean símbolos del mal en abstracto, o en todo caso aquellos ángeles desobedientes que se metamorfosearon en figuras diabólicas en la escena anterior. Sobre el carro, bajo el árbol del pecado, sus símbolos son la lechuza -la herejía o la malicia- y el jarro -la lujuria-, los pecadores movidos por la música -siempre en la obra bosquiana la música es incitación a la voluptuosidad-. Un demonio trompetero parece entonar la danza infernal que mueve a los pecadores. Como contraposición, un ángel implora al Señor por la Humanidad. Abajo, y en primer plano, la escenificación de una serie de actos pecaminosos de confusa interpretación: la buenaventura de la cíngara, la actuación del charlatán, la proposición de una monja a un personaje de sexualidad equívoca -simbolizada por la gaita-, etc. Pero por todo ese desenfreno la Humanidad tendrá su castigo. Lo advierte el salmista: «ya temblarán con terror a su tiempo». Bosco abre ante nuestros ojos los horrores del Infierno. En el postigo izquierdo muestra, sobre un muy significativo incendio de fondo, unas construcciones satánicas entre las que se pueden ver los demonios y los condenados.

Isidro G. Bango Torviso

Bibliografía

  • Bango Torviso, Isidro G., y Marías, Fernando, Bosch. Realidad, símbolo y fantasía, Madrid, Sílex, 1982.
  • Combe, Jacques, Jerôme Bosch, París, Tisné, 1946.
  • Marijnissen, Roger, y Ruyffelaere, Peter, Jerôme Bosch. Tout l'oeuvre peint et dessiné, Amberes, 1989.
  • Tolnay, Charles de, Jérome Bosch. L'oeuvre complete [1937], París, Booking International, 1989.
Tríptico de el carro de heno[El Bosco]
Lupa
Tríptico de el carro de heno[El Bosco]
 
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