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Entierro de Cristo, El [Tiziano]
Hacia 1559, óleo sobre lienzo, 137 x 175 cm, firmado: «TITIANUS VECELLIUS OPUS AEQUES CAES» [P440].
El Entierro de Cristo, una de las dos pinturas de similar tema y composición que de Tiziano posee el Museo del Prado, es una obra decisiva en la evolución del artista en el camino hacia su «manera tardía». Una primera versión de este tema había sido perdida en el viaje desde Venecia hasta Madrid, como se deduce de una carta de Felipe II al conde de ­Luna de 20 de enero de 1559. En julio de este mismo año el rey escribe al artista para que le envíe otra obra de este mismo asunto, cosa que el artista realiza con celeridad sorprendente, ya que el 22 de septiembre le es enviada la obra, ahora con figuras mayores que en la primera versión. Esta pintura fue entregada por el rey a El Escorial en 1574, donde fue situada en la iglesia vieja, flanqueando el Martirio de san Lorenzo (in situ, al igual que la Adoración de los Reyes, la tercera de las obras de ­Tiziano en este lugar). El padre Sigüenza las describe con admiración, afirmando «que quebranta el coraçon a quien con atención lo mira». El tema del entierro de Cristo había ocupado a Tiziano en multitud de ocasiones desde la obra juvenil realizada para el duque de Mantua, hoy conservada en el ­Musée du Louvre. Sin embargo, fue en esta versión del Prado en la que, no solo cambió la composición y la disposición de las figuras, sino, como decimos, logró una de sus obras maestras en el inicio del periodo final de su carrera. Frente a la visión en friso de la pintura del Louvre, en esta versión del Prado (al igual que en la otra conservada en el Museo [P441]), la escena se presenta en diagonal otorgando un definitivo protagonismo no solo a la figura de Cristo, sino a la misma tumba, ausente en la versión parisina. Se acentúa así la imagen «clásica» de entierro a la romana, ya que en el sarcófago se representan varias escenas bíblicas alusivas a la muerte de Cristo, como son las del sacrificio de Isaac y la de Caín y Abel. En 1539 Pietro Aretino había publicado su obra I quattro ­libri de la umanità di Cristo, dedicados a la emperatriz Isabel, concebidos como paráfrasis y comentario de los textos evangélicos que tratan de acentuar los aspectos más humanos y próximos de la figura de Cristo al fiel del siglo XVI. En ellos, cuando se refiere al episodio evangélico de la sepultura de Jesús, nos habla de cómo la Virgen, en este momento, cogió las manos de su ­hijo. Es esto lo que hace este personaje en la obra que comentamos, en una idea que Tiziano tomó indudablemente del escrito de su amigo Aretino. El préstamo referido y la observación de la obra, en la que la figura de José de Arimatea recuerda los rasgos del propio artista, nos ­explica las intenciones tizianescas: hacer próximo al espectador uno de los episodios de mayor carga dramática del Nuevo Testamento, lo que se consigue no solo a través de la composición en diagonal y los gestos de los distintos personajes, sino también a través de la rotunda presencia del cuerpo de Cristo, de formas casi hercúleas, cuya claridad es destacada igualmente por el sudario blanco del primer término, uno de los momentos de mayor cualidad dramática de la obra. Desde El Escorial vino al Museo del Prado en 1837.

Fernando Checa Cremades

Bibliografía

  • Beroqui, Pedro, Tiziano en el Museo del Prado, Madrid, Hauser y Menet, 1946.
  • De Tiziano a Bassano. Maestros venecianos en el Museo del Prado, cat. exp., Barcelona, Museu Nacional d'Art de Catalunya, 1997.
  • Ost, Hans, Tizian-Studien, Colonia, Böhlau, 1992.
  • Wethey, Harold Edwin, The Religious Paintings. The Paintings of Titian, Londres, Phaidon Press, 1969, t. I.
El entierro de Cristo[Tiziano]
Lupa
El entierro de Cristo[Tiziano]
 
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