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Fernández, Juan. El Labrador (activo en Madrid en la primera mitad del siglo XVII). Pintor español. Las referencias contemporáneas lo dotan de una especial singularidad al referir su alejamiento de la corte, a la que acude tan solo para vender sus cuadros -especialmente durante la Semana Santa-, como si se tratase de una decisión personal por la que el artista prefiere vivir cerca de la naturaleza que refleja en sus bodegones. Todo ello se relacionaría con su decidida voluntad de hacerse llamar «El Labrador», como consta en su única obra firmada. No dejan de señalar las fuentes su fama como pintor de naturalezas muertas, reclamadas ávidamente por los coleccionistas. Su prestigio traspasó las fronteras hispanas y sus obras llegaron a las colecciones reales francesas e inglesas. De especial relevancia debió de ser su relación con el noble romano Crescenzi quien, llegado a España en 1617, se convirtió en un personaje capital del gusto artístico en la corte española. El italiano era un gran amante de las artes plásticas, que incluso él mismo practicaba. A la vez, protegió a una serie de artistas a los que persuadió con las novedades estéticas traídas desde su país. De este modo, debió de valorar el trabajo de El Labrador y le transmitió las novedades del caravaggismo: la fuerte iluminación dirigida sobre los objetos que sirve para destacarlos y valorar sus texturas con una pincelada fina y prieta. La influencia de los modelos nórdicos también se detecta en Fernández, ante todo a la hora de reproducir con suma atención los elementos más diminutos de la naturaleza. Parece ser que Crescenzi estimaba especialmente la pintura de naturaleza muerta ya desde su etapa romana, por lo que su entendimiento con El Labrador debió de ser profundo. Se conoce, por ejemplo, el envío por parte del noble italiano de cuatro bodegones de uvas de Fernández al monarca inglés Carlos I. Fue gracias al mismo aristócrata el acercamiento de la pintura de El ­Labrador a otros círculos nobiliarios ingleses, realizada a través del embajador de este país, sir Francis Cottington y su secretario Arthur Hopton, con el que Crescenzi mantuvo excelentes relaciones a partir de 1629. De esta manera, en Inglaterra se apreciaron e importaron numerosas obras suyas. Nos consta el interés con que los nobles e incluso el monarca inglés esperaban los envíos de obras del pintor. Además, se fomentó el encargo directo hacia el artista solici­tándole un cambio en su temática y animándole hacia la pintura de flores, que se hizo más repetida en un segundo momento de su carrera. En primer lugar parece haberse convertido en un especialista en la representación de uvas, una temática especialmente prolífica en la corte durante la década de 1630. No hay que olvidar el referente clásico que este tema proporcionaba a los pintores a través de las descripciones de Plinio, permitiéndoles parangonarse al célebre y repetido incidente del griego Zeuxis, al que Fernández no sería ajeno. El número de piezas del artista que han sufrido un deterioro evidente de conservación ha hecho creer en una formación técnica deficiente, típica de pintores autodidactas. El Museo del Prado cuenta con cinco obras de este artista, un florero -adquirido en 1946 a un coleccionista privado, que posiblemente en el siglo XVII formó parte de las colecciones reales - y cuatro obras que ingresaron en el Prado en 2006 con la colección Naseiro.

D. G. L.

Obras

  • Florero, óleo sobre lienzo, 44 x 34 cm [P2888].
  • Cuatro racimos de uvas colgando, óleo sobre lienzo, 45 x 61 cm [P7903].
  • Bodegón con cuatro racimos de uvas, óleo sobre lienzo, 44 x 61 cm [P7904].
  • Dos racimos de uvas colgando, óleo sobre lienzo, 29 x 38 cm [P7905].
  • Bodegón con dos racimos de uvas, óleo sobre lienzo, 29 x 38 cm [P7906].

Bibliografía

  • Cherry, Peter, Arte y naturaleza. El bodegón español en el siglo de oro, Madrid, Fundación de Apoyo a la Historia del Arte Hispánico, 1999, pp. 215-220.
  • Don Antonio de Pereda y la pintura de su tiempo, cat. exp., Madrid, Ministerio de Cultura, 1978, n.º 77.
  • El bodegón español: de Zurbarán a Picasso, cat. exp., Bilbao, Museo de Bellas Artes, 1999, n.º 5.
  • Lo fingido verdadero. Bodegones españoles de la colección Naseiro adquiridos para el Prado, cat. exp., Madrid, Museo Nacional del Prado, 2006, pp. 58-61.
  • La belleza de lo real. Floreros y bodegones españoles en el Museo del Prado (1600-1800), cat. exp., Madrid, Museo del Prado, 1995, n.º 8.
  • Pintura española de bodegones y floreros, cat. exp., Madrid, Ministerio de Cultura, 1983, n.º 30.
  • Spanish Still Life from Velázquez to Goya, cat. exp., Londres, National Gallery Publications, 1995, pp. 71-77.
  • Spanish Still Life in the Golden Age, 1600-1650, cat. exp., Fort Worth, Kimbell Art Museum, 1985, pp. 147-163, n.º 25.
  • Valdivieso González, Enrique, «Un florero firmado por Juan Fernández `el Labrador'», Archivo Español de Arte, n.º 178, Madrid, 1972, pp. 323-324.
Florero
Lupa
Florero
 
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