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Historia de Nastagio degli Onesti [Botticelli]
a) Escena primera, 1483, técnica mixta sobre tabla, 83 x 138 cm [P2838].
b) Escena segunda, 1483, técnica mixta sobre tabla, 82 x 138 cm [P2839].
c) Escena tercera, 1483, técnica mixta sobre tabla, 84 x 142 cm [P2840].
Estas tablas, junto a una cuarta en colección particular, formaban una spalliera, es decir, paneles pintados que revestían las paredes de las residencias florentinas con un propósito tanto ornamental como práctico, al ayudar a mantener templadas las habitaciones. El conjunto ilustra la «Historia de Nastagio degli Onesti», octava novela de la quinta jornada del Decamerón de Giovanni Boccaccio. El relato, contado por Filomena, cuenta la historia de Nastagio, un joven noble de Rávena rechazado por la hija de Paolo Traversari, de linaje más alto que el suyo. Nastagio, despechado, empezó a dilapidar su fortuna, de forma que sus amigos decidieron llevarlo a Chiassi, un pinar a las afueras de Rávena. El primer panel, que contiene tres escenas, muestra a Nastagio despidiéndose de sus amigos e internándose para meditar en un pinar (1), donde ve a una bella mujer atacada por mastines y perseguida por un jinete (2). Nastagio trata de ayudarla pero el caballero, Guido degli Anastagi, le disuade tras contarle su historia (3). Como Nastagio, también él amó a una joven que no le correspondía y cuyo rechazo le llevó al suicidio. Su muerte no conmovió a la joven, quien al morir fue condenada al infierno por su indiferencia. Allí se castigó a ambos con la persecución que Nastagio había presenciado, que debía repetirse cada viernes durante tantos años como meses ella le había ignorado. Cada vez que Guido alcanzaba a la joven abría su costado y arrojaba a los perros su corazón, antaño insensible tanto al amor como a la conmiseración. En el segundo panel, también con tres escenas, Nastagio huye asustado al presenciar cómo Guido extrae el corazón de la joven (1) que devoran los mastines (2) mientras al fondo se reinicia la persecución (3). Tras la repulsa inicial, Nastagio pensó sacar provecho de la historia e invitó a cenar a su amada con sus familiares. El tercer panel (con dos episodios) muestra la reacción ante los acontecimientos de los invitados, distribuidos por ­sexos en dos mesas (1), y cómo la amada de Nastagio le hace saber, mediante una anciana criada, que accede a sus demandas, a la derecha del espectador (2). Nastagio quedó muy contento, pero alegando que su placer no debía poner en peligro el buen nombre de ella, le pide que se casen. La cuarta tabla representa el banquete nupcial, no descrito por Boccaccio, quien acababa su relato afirmando que las mujeres de Rávena quedaron tan amedrentadas con lo sucedido, que en adelante fueron más complacientes con los placeres de los hombres. La historia encerraba así un mensaje doble aunque complementario: el origen violento del matrimonio (Marco Antonio ­Altieri recordaba en Le nuptiali de 1500 que el novio se apoderaba de la novia en memoria del rapto de las sabinas), y la sumisión al marido. La historia, pese a su singularidad, se basa en otras anteriores. Boccaccio combinó el tema del castigo a la mujer recalcitrante, habitual en la literatura tardomedieval desde al menos el siglo XII (por ejemplo, en Andrea Capellanus y su De arte honesti amandi), con la caza infernal, conocida desde el siglo XIII gracias, entre otros, a Jacopo Passavanti y sobre todo a Vicente de Beauvais, quien en su Speculum ­historiae narraba una aparición semejante, con una mujer desnuda perseguida por un jinete. A ello añadió Boccaccio dosis de verosimilitud, al dar a los protagonistas del relato los apellidos de familias conocidas de Rávena, ciudad en la que había vivido, como Onesti, Traversari y Anastagi, las dos últimas, mencionadas por Dante en la Divina Comedia. Botticelli, por su parte, acertó a trasladar en imágenes la sugerente prosa de Boccaccio, perceptible, por ejemplo, en el modo en que los dos primeros paneles recrean el idílico paisaje y el momento del año en que tuvo lugar la escena: una espléndida mañana de mayo. Las tablas fueron encargadas por Antonio Pucci con ocasión del matrimonio de su hijo Giannozzo con Lucrezia Bini en 1483. La relación de Botticelli con Antonio Pucci probablemente se iniciara en 1470, pues se cree que fue él quien le encargó entonces el tondo de la Adoración de los Magos (National Gallery, Londres). Tras morir en 1482 la primera mujer de Gianozzo, se concertó un segundo matrimonio con la hija de Piero Bini, actuando Lorenzo de Médicis como mediador, lo que explica la presencia de su escudo flanqueado por los de los Pucci y los Bini en el tercer panel, donde probablemente Botticelli incluyera retratos de miembros de ambas familias. Pese a la relevancia social de los contrayentes, la decoración de una spalliera era un encargo menor para un pintor del prestigio que disfrutaba entonces Botticelli, lo que explica que su participación fuera parcial. La crítica le otorga el diseño de las composiciones y la ejecución de ciertas figuras (como Nastagio pensativo en el primer panel, que repite un modelo ya usado para la ilustración del Canto I de la edición de 1481 de la Divina Comedia de Dante), pero señala la colaboración de Bartolomeo di Giovanni en el primero y tercero y de Jacopo del Sellaio en el segundo y cuarto. Esta participación es evidente, y basta comparar las fisonomías de Nastagio y Guido en los paneles primero y segundo para percibirla. Botticelli trasladó a la spalliera soluciones narrativas experimentadas en los frescos vaticanos, como la presencia simultánea de situaciones sucesivas en una misma composición, presente ya en Las pruebas de Moisés o El castigo de los israelitas rebeldes. Las tablas se conservaron en el palacio Pucci hasta 1868 y allí las vio Vasari, el primero que alude a ellas. En 1893 Gustave Aynard vendió las tres primeras a Joseph Spiridon, a quien las compró Francisco Cambó en 1929, y la cuarta a un coleccionista inglés. Junto al resto del legado Cambó, entraron en el Museo Nacional del Prado en 1941.

Miguel Falomir

Bibliografía

  • Bellosi, L., y Folchi, M., «Sandro Botticelli y colabo­radores. Historias de Nastagio degli Onesti», Colección Cambó, cat. exp., Madrid, Ministerio de Cultura, 1990, pp. 211-222.
  • Cast, David, «Boccaccio, Botticelli y la historia de Nastagio degli Onesti», Historias Inmortales, Galaxia Gutemberg, Barcelona, 2002, pp. 71-85.
  • Finaldi, Gabriele, y Garrido, Carmen, «La historia de Nastagio degli Onesti, cuadro III, el Banquete en el Pinar (1483)», El trazo oculto. Dibujos subyacentes en pinturas de los siglos XV y XVI, cat. exp., Madrid, Museo Nacional del Prado, 2006, pp. 138-147.
 
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