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Enciclopedia online

Lanzas o la rendición de Breda, Las [Velázquez]
1634-1635, óleo sobre lienzo, 307 x 367 cm [P1172].
La rendición de Breda, una de las obras más famosas de su autor, fue pintada para el Salón de Reinos del palacio del Buen Retiro en 1634-1635. Ese salón de ceremonias se decoró con doce cuadros de batallas que mostraban victorias obtenidas por los ejércitos de Felipe IV entre 1625 y 1633. Junto a ellos se colocaron diez episodios de la vida de Hércules, el fundador mítico de la Casa de Austria, pintados por Francisco de Zurbarán, y retratos ecuestres de tres generaciones de la familia reinante: Felipe III y su consorte Margarita de Austria, Felipe IV e Isabel de Borbón y el príncipe Baltasar Carlos, todos ellos ejecutados por Velázquez y su taller. Tomadas en conjunto, las pinturas proclamaban la gloria de los Austrias españoles y su poder invencible en la guerra. La entrega de Breda el 5 de junio de 1625 puso fin a un largo asedio de aquella importante plaza, que era puerta de entrada en Holanda. Bajo la dirección del general genovés Ambrosio Spínola, ingenieros españoles bloquearon la ciudad y la rindieron por hambre. La ceremonia de la rendición fue minuciosamente descrita por Hermannus Hugo, y más tarde representada con exactitud en un monumental grabado de Jacques Callot (1628). Según esas fuentes, la guarnición vencida, en número de tres mil quinientos hombres bajo el mando del general holandés Justino de Nassau, se retiró de la ciudad en buen orden y con los colores desplegados. Spínola y sus oficiales montados a caballo observaron la retirada desde lejos. Hugo refirió que Spínola había impuesto unas condiciones de capitulación clementes en reconocimiento de la valentía de sus enemigos. La representación de Velázquez, lejos de seguir el guión histórico, está inspirada en una comedia de Calderón de la Barca, El sitio de Breda, que se estrenó en la corte algunos meses después del suceso. El texto de Calderón suministra el motivo central de la pintura, la entrega de las llaves de la ciudad por el comandante vencido Justino de Nassau al general Spínola. En la comedia Spínola declara que la valentía del adversario derrotado hace más glorioso el triunfo de los españoles. La interpretación velazqueña del texto solo se puede calificar de brillante y original. La pintura renacentista había representado las escenas de rendición conforme a una fórmula establecida, en la que el general vencido se acercaba sumisamente a su homólogo victorioso, que solía aparecer a caballo o entronizado. En La rendición de Breda, Spínola ha desmontado para indicar su respeto y literalmente sale al encuentro de Nassau en pie de igualdad. En el momento en que el holandés empieza a doblar la rodilla y entrega las llaves de la ciudad, Spínola lo detiene poniéndole una mano en el hombro. Ese gesto caballeroso revela un espíritu noble que es el complemento del poder de los ejércitos españoles. En ambos lados de la composición Velázquez muestra pequeños contingentes de los ejércitos enfrentados. El lado español, a la derecha del espectador, está cuajado de lanzas que han dado al cuadro su nombre popular y sugieren la imbatibilidad de las armas españolas. Al otro lado un grupo más pequeño de infantes holandeses parece un tanto desorganizado; algunos de esos soldados están abstraídos en sus pensamientos, como si meditaran sobre las fortunas de la guerra. En el fondo Velázquez pintó una vista no demasiado exacta de Breda y sus alrededores. Sobre la cabeza de Justino se distingue el llamado Dique Negro, y también se ve el perímetro irregular de las fortificaciones. El artista se tomó grandes libertades con el escenario de la rendición, pero no cabe duda de que captó el espíritu de magnanimidad de aquella jornada. La rendición de Breda es una de las pinturas de mayor tamaño de Velázquez y ciertamente la más compleja, con la posible excepción de Las meninas. Es extraordinario, por tanto, que la pintara directamente sobre el lienzo, empleando a lo sumo dos o tres dibujos preparatorios de figuras sueltas o grupos. El carácter improvisado de la ejecución se aprecia en toda la superficie, ya que Velázquez fue haciendo muchos pequeños ajustes en las distintas figuras y motivos. Utilizó colores muy fluidos, aplicando la pintura en toques certeros y muy controlados para crear lo que no solo es el mejor cuadro de batallas de todos los tiempos, sino también un pasmoso tour-de-force de técnica pictórica.

Jonathan Brown

Bibliografía

  • Brown, Jonathan, y Elliott, John, Un palacio para el rey. El Buen Retiro y la corte de Felipe IV, Madrid, Alianza Editorial, 1980, pp. 185-194.
  • Brown, Jonathan, y Garrido, Carmen, Velázquez. La técnica del genio, Madrid, Encuentro, 1998, pp. 81-92.
  • El palacio del Rey Planeta. Felipe IV y el Buen Retiro, cat. exp., Madrid, Museo Nacional del Prado, 2005, pp. 132-133.
 
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