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Enciclopedia online

Venus y Adonis [Veronés]
Hacia 1580, óleo sobre lienzo, 162 x 191 cm [P482].
Esta obra fue adquirida en Venecia por Velázquez en 1651 para Feli­pe IV, con su pareja original, Céfalo y Procris (Musée des Beaux-Arts de Strasbourg). Las dos pinturas permanecieron juntas en la colección real española hasta comienzos del siglo xix cuando José Bonaparte se apropió del Céfalo. En el siglo XVIII se les había dado formato vertical (212 x 191 cm) con la adición de una tira ancha arriba y otra más estrecha abajo, añadidos que se les han quitado (los de Venus y Adonis en 1988). Ambos lienzos fueron mencionados por primera vez por el escritor florentino Raffaele Borghini, quien en su diálogo Il Riposo (1584) afirma que Veronés «ha pintado últimamente dos cuadros bellísimos, uno de Procris y el otro de Adonis dormido en el regazo de Venus, con figuras de tamaño natural» («Ultimamente ha dipinto due quadri bellissimi: l'uno di Procri, e l'altro ­d'Adone addormentato in grembo à Venere, di figure grandi quanto il ­naturale»). Puesto que ese diálogo se terminó dos años antes de su publicación, las pinturas deben datar de 1580-1582 aproximadamente. Por desdicha Borghini no dice para quién se pintaron, y una parte de la crítica ha sugerido que fueran encargos del emperador Rodolfo II, poseedor de varios lienzos mitológicos de Veronés desde fecha temprana, entre ellos el Marte y Venus (h. 1580, ­Metropolitan Museum of Art, Nueva York). Como pareja de mitologías de gran formato y sobresaliente calidad pictórica, en la tradición de la célebre serie de Tiziano para Felipe II de España, sin duda Venus y Adonis y Céfalo y Procris tienen todas las trazas de un encargo principesco. Pero no está documentado que salieran de Venecia antes de que Velázquez las comprara, y es más verosímil que su destinatario fuera un patricio veneciano rico y cultivado. Un ejemplo paralelo del propio Veronés sería el Rapto de Europa (h. 1575-1580, Palazzo Ducale, Venecia), obra que emula claramente la versión del asunto pintada por Tiziano para Felipe II (Isabella Stewart Gardner Museum, Boston) y que fue un encargo del noble Jacopo Contarini para su palacio de San Samuel sobre el Gran Canal. El asunto de Venus y Adonis, como el de la mayoría de las pinturas mitológicas venecianas de la época, está basado en las Metamorfosis, de Ovidio. En su libro X, el poeta latino cuenta que la diosa del amor, herida accidentalmente por una flecha de Cupido, se enamoró con pasión del apuesto y joven cazador, y bajó del cielo para compartir su vida en los bosques. Estrechándole entre sus brazos, constantemente le prevenía de los peligros de la caza. Pero un día, en su ­ausencia, Adonis no pudo resistirse a seguir el rastro de un jabalí con sus perros, y habiendo fallado el tiro, fue acometido y muerto por el salvaje animal. La historia de Céfalo y Procris, asimismo tomada de las Metamorfosis (libro VII), también tiene por escenario un bosque y narra la muerte de uno de los amantes en un trágico accidente de caza. No es posible dilucidar si la elección de las dos historias complementarias partió del cliente desconocido o de un docto asesor, o si se debió al propio artista. Vale la pena señalar, sin embargo, que en el siglo XVI se imprimieron en Venecia varias ediciones de las Metamorfosis en italiano, algunas ilustradas con xilografías, y, aunque no fuera un intelectual, Veronés pudo hacer esa elección sin dificultad. El hecho cierto es que el pintor se muestra muy sensible tanto a la poe­sía sensual del texto literario como a la necesidad de dar complementariedad visual a los dos asuntos. De ahí que sitúe ambas escenas en un claro del bosque, con las largas sombras del amanecer y el ocaso, respectivamente. Las dos composiciones se asientan sobre diagonales convergentes hacia el fondo, que conducen la vista al cielo lejano, y en las dos uno de los amantes se inclina sobre el cuerpo tendido del otro. En ambas aparecen perros de caza, y el centro de la composición está marcado por un ropaje de resplandeciente brocado. Céfalo y Procris muestra el momento mismo de la tragedia, cuando Céfalo encuentra a su amante mortalmente herida. En Venus y Adonis el ambiente es más idílico y suave, y hay incluso un toque de humor en el motivo de Cupido que trata de sujetar a uno de los perros de Adonis, impaciente por salir de cacería, para que no despierte a su amo dormido. Pero ese mismo motivo también insinúa delicadamente que el idilio no tardará en romperse, y Venus tiene un gesto de triste presentimiento mientras abanica con ternura el rostro de su amante. Como El rapto de Europa, también Venus y Adonis se pintó con pleno conocimiento de la versión del mismo tema que Tiziano había ­hecho en 1553-1554 para Feli­pe II (Prado). Aunque el original se había expedido casi treinta años antes, primero a Londres y de allí a España, era una de las composiciones más admiradas de Tiziano, y él y su taller siguieron haciendo numerosas variantes durante un par de décadas por lo menos. El propio Veronés había pintado una versión anterior del asunto a ­comienzos de la década de 1560 (Städtische Kunstsammlungen, Augsburgo), en la que tomó prestada la originalísima idea de Tiziano -que no está en el texto de Ovidio- de mostrar a Venus, con trágica vehemencia, que intenta impedir por la fuerza que Adonis parta para la caza. Pero en aquella versión no aspiró a emular el dramatismo ni la intensidad emocional de la obra de Tiziano, y es significativo que sustituyera el turbulento celaje del maestro por un cielo sereno y azul. En esta versión posterior Veronés abandona el motivo de la partida de Adonis y vuelve al texto de Ovidio, pero el sabor agridulce del momento tiene una hondura que no estaba en el cuadro de Augsburgo, más despreo­cupado. En el lienzo del Prado, Veronés tiende también la mirada más allá de Tiziano, hacia precedentes formales en la obra de los centro-italianos Rafael y Miguel ­Ángel, y aun antes en la escultura antigua. Se ha señalado, por ejemplo, que la figura de Cupido sujetando al perro procede de una célebre estatua de un Niño con un ganso que Rafael adaptó en un dibujo de Alejandro y Roxana (Albertina, Viena), y que está documentada en Venecia a mediados del siglo XVI. Análogamente, la figura explayada de Adonis se basa en la del protagonista de un conocido sarcófago de Endimión, que también empleó Miguel Ángel para el Holofernes ebrio de una de las pechinas angulares de la Capilla Sixtina.

Peter Humfrey

Bibliografía

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  • Gould, Cecil, «Veronese. Venere ed Adone. ­Influssi dell'antichità e dell'Italia centrale», Nuovi studi su Paolo Veronese, Massimo ­Gemin (ed.), Venecia, 1990, pp. 285-289.
  • Le siècle de Titien. L'âge d'or de la peinture à ­Venise, cat. exp., París, Éditions de la Réunion des Musées Nationaux, 1993, pp. 551-552.
  • Lorente Junquera, Manuel, «Sobre Veronés en el Prado», Archivo Español de Arte, n.º 42, Madrid, 1969, pp. 235-238.
  • Madrazo, Pedro de, Catálogo descriptivo e histórico de los cuadros del Museo del Prado de Madrid. Parte primera. Escuelas italianas y españolas, Madrid, 1872, pp. 294-295.
  • Pignatti, Terisio, y Pedrocco, Filippo, Veronese, Milán, Electa, 1995, t. II, pp. 419-421.
  • The Genius of Venice 1500-1600, cat. exp., Londres, Royal Academy of Arts y Weidenfeld and Nicolson, 1983, p. 241.
Venus y Adonis[Veronés]
Lupa
Venus y Adonis[Veronés]
 
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