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Virgen con el Niño [Luis de Morales]
1568, óleo sobre tabla, 84 x 64 cm [P2656].
Esta tabla ingresó en el Prado en 1915 como parte del legado de Pablo Bosch. Es un tema muy repetido por Morales y su taller, pues debió suscitar de inmediato la simpatía de la clientela devota por lo encantador, y a la vez sentimental, de la escena. El pintor ha prescindido de cir­cunstancias de tiempo y espacio, que hubieran precisado un episodio ­concreto narrado por los Evangelios, para crear no una imagen didáctica sino un icono devocional. Por eso se concentra exclusivamente en las figuras de María y del Niño Jesús, situándolas sobre un fondo negro. El mismo formato reducido invita a que el devoto tenga más a mano la representación, pueda mirarla de cerca de ­hito en hito y casi manejarla con los dedos. La finalidad, por consiguiente, es la de suscitar en el espectador por empatía sentimientos simultáneamente de ternura y compasión. En efecto, el tema elegido parece ser el medieval de la Virgen de la Leche, pues el Niño busca inquieto el seno desnudo de su madre para mamar, pero Mora­les no lo exhibe así debido al recato impuesto en España por el ambiente contrarreformista. Sin embargo, textos ascéticos contemporáneos del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas (1568) y de san Juan de Ávila (Sermón de Navidad, 1570) no se ­andan con tantos melindres. Con la inquietud del Niño, cuyo movimiento está representado además en escorzo, contrasta la quietud y el reposo de su madre, vestida con túnica carmesí abierta en la zona del pecho, y manto azul marino, y sentada en un amplio bancal de piedra caliza del que se percibe uno de los extremos a la izquierda. Hijo y madre entrecruzan sus miradas, pero la de María es triste y melancólica, como si presintiese, después de la trágica profecía del anciano Simeón, las angustias y sufrimientos de la futura Pasión. Coadyuvan a intensificar este presentimiento pasionista la tez blanca, casi transparente, de María, los rasgos estirados de su rostro, los párpados bajos e inflamados que casi ocultan su mirada y los largos y casi crispados dedos de las manos con los que retiene más que abraza a su hijo. Pruebas del primor y virtuosismo con que el artista ha resuelto el tema son los cabellos de la Virgen y el Niño, dibujados hebra por hebra, el velo de sutil transparencia que cubre la cabeza de María y el blando sfumato que difumina los contornos y confiere blandura a toda la composición.

Alfonso Rodríguez G. de Ceballos

Bibliografía

  • Backsbacka, Ingjald, Luis de Morales, Helsinki, 1962.
  • Gaya Nuño, Juan Antonio, Luis de Morales, Madrid, Instituto Diego Velázquez, csic, 1961.
  • Gué Trapier, Elisabeth du, Luis de Morales and Leonardesque Infuences in Spain, Nueva York, Hispanic Society of America, 1953.
  • Marías Franco, Fernando, Luis de Morales «El Divino», «Cuadernos de Arte Español», n.º 16, Madrid, Historia 16, 1992.
  • Rodríguez Gutiérrez de Ceballos, Alfonso, «El mundo espiritual del pintor Luis de Morales», Goya, n.º 196, Madrid, enero-febrero de 1987, pp. 194-204.
  • Rodríguez Moñino, Antonio, Los pintores badajoceños del siglo XVI. Noticias y documentos, Badajoz, Diputación Provincial, 1956.
  • Solís Rodríguez, Carmelo, Luis de Morales, Badajoz, Fundación Caja Badajoz, 1997.

Lupa
'La Virgen con el Niño [Luis Morales ''el divino'']'
 
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