Bandido asesinando a una mujer, Francisco de Goya. Óleo sobre lienzo, 31 x 41 cm. Colección Marqués de la Romana

El 2 de mayo de 1808 en Madrid, o "La lucha con los mamelucos"
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El 3 de mayo en Madrid, o "Los fusilamientos"
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Goya estaba en Madrid el 2 de mayo de 1808, el día del alzamiento contra los franceses. A fines de octubre viajó a Zaragoza, invitado por Palafox para conmemorar con su pintura la heroicidad del primer sitio. Con el gobierno de José I Bonaparte, que le concedió la Orden Real de España, y con amigos en cargos de importancia, siguió trabajando como Pintor de Cámara, pintando retratos de algunas figuras relevantes del gobierno “afrancesado” y del ejército de Napoleón, como el general Guye. Sus dibujos de esos años ilustran las medidas de modernidad tomadas por los franceses, mientras, al mismo tiempo hacia la serie de estampas que tituló Fatales consecuencias de la sangrienta guerra de España contra Bonaparte, y otros cuadros similares, que revelan su visión pesimista de la violencia y deshumanización que produjo la guerra. De esos años es la desoladora serie de Bodegones y otras obras más personales, de larga trayectoria en el arte, como el conjunto de las Majas al balcón. Combinó entonces una técnica de obsesivo realismo en los retratos oficiales con otra directa y rápida en los retratos más cercanos, como los de sus consuegros y el de su querido nieto Mariano.

El 2 y 3 de mayo de 1808

Encargados por la Regencia, documentos ahora localizados probarían que Goya los pintó después de la entrada de Fernando VII en Madrid, entre junio y octubre de 1814. En contra de las conmemoraciones interesadas de aquél tiempo sobre las víctimas del 2 de mayo en Madrid, aquí, como en los Desastres de la guerra, de los que sale la inspiración de estas obras, Goya resaltó la locura e irracionalidad de la violencia que lleva a los seres humanos a enfrentarse hasta la muerte. Los cuadros están pensados como un díptico inseparable, uno de día, otro de noche, en que grupos y figuras paralelas subrayan que la violencia ejercida por el pueblo contra las tropas francesas, provocó la violencia, igualmente cruel, de los franceses contra sus agresores. Frente al heroísmo de carácter épico, Goya reflejó aquí la crueldad inhumana y el terror ante la muerte, a la que se enfrentan unos y otros con angustia, desesperación y remordimiento. Sólo los caballos de la primera escena se dirigen al espectador, comunicando con sus inteligentes y racionales miradas la locura humana. La brillantez y variedad de la técnica y del uso de la luz están al servicio de la expresividad y realismo de las escenas, que no se vieron juntas hasta bien entrado el siglo XIX.

Obras expuestas en esta sección

Galería de imágenes con comentarios de Manuela Mena, comisaria de la exposición (video)

 
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