Un leviatán engulle a una Diosa (Sala 74), Taller romano, Venus del delfín, MNP, Esqueleto de delfín, MNCN- CSIC Foto: Pedro Albornoz/Museo Nacional del Prado

Sala 74

Esqueleto de delfín - Venus del delfín (sala 74)

El esqueleto de un delfín, suspendido del techo de la sala, acompaña a la Venus del Delfín. El animal parece haber saltado en el tiempo y en el espacio. Ha pasado de su posición mansa junto al cuerpo desnudo de la diosa hasta el presente; el tiempo lo ha convertido en un esqueleto paradójicamente lleno de vida gracias a su nueva posición. El color de sus huesos dialoga con el mármol pulido de las esculturas; al mismo tiempo, su figura resulta amenazante, como la de una criatura mítica que acecha desde las alturas.

Según la práctica común de añadir elementos a las esculturas clásicas durante el renacimiento y el barroco, el delfín de mármol fue incorporado a la escultura romana en el siglo XVII. El esqueleto es así un nuevo añadido contemporáneo que altera el sentido de la pieza antigua. La Venus parece retraerse, temerosa de ser engullida por el animal.

La situación flotante del delfín sugiere el gesto de la natación y convierte a esta sala, la llamada rotonda de Ariadna, en un espacio imaginario cargado de agua. De hecho, presenta otras referencias acuáticas: el busto de Antinoo, que murió ahogado por la corriente del Nilo; la Ariadna recostada en la playa de la isla de Naxos; y esta Venus, nacida de la espuma del mar.

En los antiguos gabinetes de las maravillas fue frecuente la yuxtaposición de esculturas clásicas con objetos naturales. En ocasiones, por falta de espacio, se suspendían del techo las piezas de mayor tamaño, creando diálogos sorprendentes como el que se sugiere en esta sala.

 
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